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      Malicia política

      Martes, Mayo 3, 2022
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      Hay malicia en proponer algo popular, que no se va a aprobar pues sólo el que propone queda bien
      El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.
      Malicia política

      Escribo estas notas a manera de hipótesis, esperando que estén equivocadas.

      1. El Presidente de la República y su partido tuvieron, durante el trienio pasado, mayoría calificada en la Cámara de Diputados. La perdieron en 2021. ¿Por qué no enviaron su propuesta de reforma constitucional en materia electoral a esa cámara, cuando tenían mayoría, y lo hacen ahora, cuando no la tienen? Quizá porque lo que les interesa no es la reforma electoral, sino otra cosa.

      2. El Presidente y su partido necesitan a los diputados de la oposición para hacer un cambio constitucional. Requieren negociar. El descalificarlos, como nunca en la historia contemporánea del país, acusándolos de traición a la patria, ¿es un paso a la necesaria negociación? Obvio no. Quizá lo que se busca no es la reforma electoral, sino otra cosa.

      3. Esa otra cosa puede ser distraer. La distracción, ha sido una actitud reiterada en este gobierno, que está muy por debajo de las expectativas que él mismo construyó.

      4. Esa otra cosa puede ser legitimarse por medio de la deslegitimación de sus adversarios. La mayoría de quienes forman la opinión pública no tendrán una idea clara de las virtudes y defectos de la reforma propuesta. Se quedarán en un punto: el Presidente quiere reducir el número de diputados y senadores. Si alguien se opone a eso, habrá que considerarlo corrupto y conservador.

      Todas las encuestas muestran que nuestros legisladores tienen muy mala imagen ante la población. Reducir su número es una propuesta popular. Claro que, en general, la clase política no aprobaría esa reducción: es disminuir el tamaño de su propio pastel, es disminuir sus probabilidades de acceder a cargos públicos.

      Por eso, en parte, el número de legisladores se ha incrementado. En 1976 hubo 237 diputados. La reforma que se atribuye a Reyes Heroles los aumentó, generosamente, a 400. La generosidad de la clase política consigo misma continuó con la reforma de 1986, que se atribuye a Barttlet: desde entonces hay 500 diputados.

      Los legisladores actuales, y los políticos con vocación de legisladores, lo pensarán dos veces antes de reducir sus expectativas al disminuir el número de diputados y senadores. O quizá no lo pensarán ni una sola vez. Estarán en contra, por razones obvias.

      Por eso hay malicia en proponer algo popular, pero que no se va a aprobar. El que propone queda bien, y hace quedar mal a sus adversarios. Citando a un clásico: “eso es pura politiquería”.

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