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      Bandas de policías roban en el centro del estado de Puebla

      Domingo, Marzo 27, 2022
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      A diario hacen víctimas a comerciantes de la región caracterizada por el intenso tránsito comercial
      Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.
      Bandas de policías roban en el centro del estado de Puebla

      Uno de los principios elementales y comunes en administración es que “orden dada y no supervisada, quedó anulada”.

      Algo de esto sucede en materia de seguridad en Puebla.

      El gobernador se ha empeñado en mejorar este aspecto con algunos logros, pero lejos estamos de gozar de un clima altamente satisfactorio.

      Y es que me parece que le han fallado al gobernante los funcionarios responsables en quienes descarga este delicadísimo e importante asunto.

      Entre los avances positivos está la seguridad en la autopista  Puebla-Veracruz. Ahí creo que la intervención de la Guardia Nacional ha arrojado buenos resultados.

      Pero hay otros datos.

      Cito un caso que me fue referido por un comerciante del centro del estado, de la zona de Huixcolotla.

      Envió una camioneta de Puebla a Tepeaca con productos con valor de más de 400 mil pesos. Al estar cerca de Tepeaca el vehículo fue interceptado por tres rufianes que viajaban en un coche. Le ordenaron al chofer meterse por una vereda. Ahí, a unos metros de la carretera amedrentaron al conductor.

      Los ladrones simularon nerviosismo y le pidieron 10 mil pesos para no llevarse su camioneta. Les dio el dinero y se fugaron por la misma ruta donde entraron.

      A los pocos minutos, justamente en el entronque de la carretera y el camino de terracería apareció como por arte de magia una patrulla.

      Bajaron los policías y con la amabilidad que les caracteriza interrogaron a la víctima. El asustado chofer les agradeció y se disponía a seguir su camino, pero los uniformados los presionaron, le dijeron que tenían que llevar el vehículo con el cargamento para levantar un acta.

      Al empleado le urgía entregar el pedido y ellos le pidieron 7 mil pesos para dejarlo ir. Se los dio, pero le dijeron que tenía que salir de inmediato de ese camino y tomar la carretera, porque si los veía su superior, que solía vigilar por ese tramo, les iba a exigir que se llevaran consignado el vehículo y al conductor.

      A unos cuantos metros de tomar la carretera en efecto, casi sincronizadamente, se apareció su jefe patrulla a bordo. Simuló pedirles cuentas a sus subordinados y amenazó con llevarse al Ministerio Público el transporte y mercancía. A solas con el conductor, le pidió igualmente 7 mil pesos para resolver “el asunto”.

      El chofer le dio también siete mil pesos al comandante y por fin salió de aquella cueva de Alí Babá.

      Es evidente que todo esto es una obra de teatro repetida en la zona central del estado, caracterizada por el intenso tránsito comercial por los concurridos mercados de Tepeaca, Tecamachalco, Huixcolotla, Acatzingo, Cuapiaxtla, San Hipólito y demás pueblos de la región.

      Con ese modus operandi con policías y comandantes como actores consumados, las mejores intenciones de un gobernante son torpedeadas por bandas de rateros con uniforme.

      Algunos presidentes municipales, o muchos, no son del todo ajenos a esta operación, quienes saben que tienen delincuentes en sus nóminas y los toleran o encubren.

      Todo esto no es un secreto. Muchos comerciantes de la región sufren esta sangría todos los días y por temor a riesgos mayores, como secuestros o agresiones, o venganzas, no lo denuncian. Ven la vía más corta: pierden veinte o treinta mil pesos y salvan mercancía por varios cientos de miles de pesos.

      Con esta red peligrosa de bandas que ordeñan a incautos en la zona, las órdenes o planes del gobierno estatal son pisoteados y las bandas de policías se burlan de las palabras del gobernador.

      Esto es una cadena interminable en esa extensa región de Puebla.

      Haría falta una estructura férrea por encima de estos hampones, con mecanismos de sobrevigilancia, supervisión, saneamiento y sanciones ejemplares para acabar con esta plaga cancerígena.

      De otra manera, las actitudes de las autoridades del estado van por un lado, pero la práctica de la delincuencia al amparo de los ayuntamientos tiene un orden o red de operación que es infinitamente superior a quien manda en el estado.

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