Opinión
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A tres años, celebración de manos vacías

Miércoles, Diciembre 1, 2021
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El presidente y su partido llegan a la mitad de su administración literalmente con las manos vacías
Diletante. Apasionado del ensayo como género político-literario, liberal de 24 horas con estudios en Antropología Social. Líneas de interés: las desigualdades y pobreza, aderezadas con una pizca del papel de los intelectuales en sociedades democráticas.
A tres años, celebración de manos vacías

Circula en las redes sociales unas líneas entresacadas de los párrafos centrales del Plan de Ayala, el manifiesto firmado por Emiliano Zapata en noviembre de 1911. El caudillo sublevado en las montañas de Morelos y Puebla reprocha al presidente Madero su incompetencia como gobernante y de no cumplir las promesas que le ayudaron a trepar al máximo poder nacional. José Antonio Crespo, un especialista que enseña en el CIDE, es el autor de calzar aquella proclama con ciertos acontecimientos correderos en nuestros días. Aunque no lo expresa abiertamente, es entendible el sentido.

“(…) declaramos al susodicho Francisco I. Madero, inepto para realizar las promesas de la Revolución de que fue autor, por haber traicionado los principios con los cuales burló la fe del pueblo, y pudo haber escalado el poder; incapaz para gobernar, por no tener ningún respeto a la ley y a la justicia de los pueblos, y traidor a la Patria por estar a sangre y fuego humillando a los mexicanos que desean sus libertades, por complacer a los científicos, hacendados y caciques que nos esclavizan, desde hoy comenzamos a continuar la Revolución principiada por él, hasta conseguir el derrocamiento de los poderes dictatoriales que existen”.

Aunque no es Madero ni es Zapata ni estamos en 1911, la incompetencia gubernamental y las promesas de campaña no cumplidas acechan a mitad de gobierno. Los cien compromisos del presidente Andrés Manuel López Obrador son como los compromisos de Enrique Peña Nieto firmados ante notario público; instrumento de propaganda para embaucar incautos y trepar a la máxima magistratura. Como Peña Nieto, el presidente perdió el apoyo de la comunidad cultural y científica. Peña por no saber mentar el nombre de un libro; López Obrador, por su batida contra la inteligencia nacional.

La de hoy 1 de diciembre no será la fiesta del Centenario de Porfirio Díaz en 1910, pero el festejo celebratorio anunciado por el presidente López Obrador en el Zócalo de la Ciudad de México se antoja el último suspiro en andas de su administración. Tiene ribetes de Fiesta Nacional. El presidente sigue llenando plazas y se encuentra muy arriba en las encuestas para sus magros resultados. Es una de las grandes paradojas de la cultura política mexicana, y tal vez su mayor misterio, para no decir miseria. Incentivar la incompetencia. El presidente es aclamado por encima de sus sonados fracasos. El candidato que en campaña prometido regresar los soldados a los cuarteles, como presidente ha implementado un gobierno militarizado.

Los seguidores leales llegarán a la Fiesta de todos los rincones. Unos lo harán por decisión propia, otros persuadidos por mantener los apoyos en efectivo de los programas sociales. Obediencia y lealtad son la base de Morena; la magia del régimen y el mayor incentivo electoral para ganar elecciones. Los gobiernos locales se harán notar a través de sus respectivos contingentes. Porque de eso se trata: de llenar la plaza. No habrá acarreo de beneficiarios como en el pasado priista, sino facilidades de los gobiernos para ir y regresar. Habrá manifestaciones ocultas y soterradas a favor y en contra de los punteros destapados por el presidente. Será el preludio de la campaña de Morena. La señora Sheinbaum y Marcelo Ebrard. El presidente abrió la pelea el martes con la ponderación de “los grandes logros” en la Ciudad de México. El Zócalo estará a reventar. Qué importa que el mundo y el país estén sumidos, amenazados por la guadaña de la cuarta ola de contagios. La de hoy es la derrota de la razón.

Por los indicadores oficiales (que subsisten en franca desventaja frente a los otros datos), la opinión de expertos y la prensa no sometida a los dictados de Palacio, sabemos que el presidente y su partido llegan a la mitad de su administración literalmente con las manos vacías. Nada que presumir, nada que ponderar, nada que permita hacer la diferencia con el pasado inmediato, ese del que tanto suele echar mano el presidente López Obrador para justificar la inanición y el fracaso. Se injuria, se blande el cuchillo, para esconder. A mitad de gobierno, México es más pobre, más inseguro y con menos libertades.

Como Antorcha Campesina, el presidente se vale de la condición de los pobres para afianzar su programas y proyectos, que no son los de los pobres, ni atienden ni combaten la pobreza. Un especialista encontró que: “Por donde se quiera analizar, la política social de este sexenio está lejos de ser la más importante de toda la historia, y más bien repite errores de gobiernos anteriores. La realidad es que los programas sociales dedican un presupuesto relativamente similar (un tanto más bajo, de hecho) que gobiernos pasados; prácticamente el mismo número de hogares que antes reporta recibir dichos programas; la focalización de los programas sociales bajó; y, dado todo lo anterior, el resultado es que menos personas de las más pobres reciben programas sociales. ¿Parece contraintuitivo frente a lo que se difunde a diario? Lo es. Personalmente me parece increíble que tantas personas crean algo que es tan claramente una falsedad” (Máximo Ernesto Jaramillo, “Los mitos de la política social de la 4T”, Nexos, 2021).

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