Opinión
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La 4T sin sistematización…

Jueves, Noviembre 18, 2021
Leer más sobre Rafael Alfaro Izarraraz
La Cuarta Transformación no tiene la sistematización acostumbrada en los postulados partidistas
Doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx. Coeditor de la revista científica Symbolum, de la FTSSyP.
La 4T sin sistematización…

En reciente entrevista al actual líder de Morena, Mario Delgado, ha expresado que la tarea del partido que encabeza no había estado clara en los primeros años de su surgimiento y que ahora se ha comprendido que su tarea es defender y concretar los ideales de la Cuarta Transformación que encabeza el presidente López Obrador. De esas declaraciones se puede extraer como resultado que la 4T no existía antes del triunfo de 2018, a pesar de que Morena ya existía como partido.

Durante el periodo en que AMLO fue presidente de Morena no existe ningún formulario relacionado con lo que hoy se enarbola como Cuarta Transformación. Lo que se puede apreciar es algunos de los planteamientos con respecto a la reforma eléctrica de Peña Nieto, la crítica a la corrupción, en anteriores campañas el mensaje dirigido a los clasificados como pobres, así como las referencias a la importancia del legado juarista y la conducta ciento por ciento republicana de los políticos y reformadores del siglo antepasado, entre otros elementos.

Estas posturas de manera definitiva le dieron al obradorismo una identidad ante sus seguidores y teniendo como eje la idea de un “cambio verdadero”, posicionándose ante la debacle del país como resultado del cambio prometido por la derecha panista y el recorrido del centro hacia la derecha que hizo el PRI. La idea del cambio verdadero fue algo que logró, en las representaciones populares del obradorismo, dislocar el eje sobre el que se sustentó el grisáceo cambio ofrecido por el PAN y el PRI. Pero no fue fácil.

La dislocación de una cosa debe avanzar hacia la reconstrucción de algo más, de lo contrario corre el riesgo de quedarse en la nada. El punto de inflexión para que la 4T, que se venía cocinando en las luchas sociales y democráticas del país, para que diera un salto de calidad y se convirtiera en un programa social e histórico de un gobierno fue sin duda el triunfo de 2018 que no es un “triunfo” en abstracto. Fue la acumulación de luchas sociales y democráticas a las que durante décadas se les negó el derecho a decidir el tipo de gobierno que deseaban.

Lo cierto es que la existencia de una gran cantidad de elementos que ahora le dan sustento estaban ahí presentes, latentes, pero aún no como 4T. Pero todos esos elementos que aparecían como fugaces en los debates de Obrador y durante los recorridos de su campaña, requerían de un enlace histórico que diera consistencia y los eslabonara con la historia plebeya de las luchas sociales de nuestro país. Es decir, que el triunfo masivo de 2018 se encadenara con el pasado.

Es evidente que aquí la figura de López Orador juega un papel central. Pocos políticos como él conocedores de la historia de México y tan vinculados a las luchas democráticas y populares del país. Si se necesitaba un punto que permitiera la fusión entre un personaje como él, nacionalista tanto en términos de su formación política como de su conocimiento de la historia, muy parecido a otros líderes que conocen a profundidad las entrañas históricas locales, como Gandhi en la India, ocurrió en 2018 ante lo que fue una irrupción popular pacífica a través del voto.

Después del 2018, ya votado como presidente, emerge en los discursos de Obrador la Cuarta Transformación, aunque se ha quedado en un discurso concretizado en políticas gubernamentales y cambios en la Constitución del Estado, sin sistematizar. La 4T enlaza el 2018 con la historia del país, particularmente con la Independencia, la Reforma y la Revolución. Esto no sólo implicó el surgimiento de un discurso pedagógico para vincular la tarea gubernamental y política con la historia sino también creó condiciones favorables para que la gran masa de la población comprendiera con facilidad de qué se trataba la 4T.

A través de su narrativa se entiende la recuperación del pasado ya mencionado, de una manera plebeya, a contracorriente de la historia oficializada. Se recupera la Independencia a partir de los “Sentimientos de la Nación”; la “austeridad republicana” de los reformadores; la lucha democrática de Madero contra el porfirismo, el engaño de quienes lo rodeaban con respecto a Zapata [dijo Obrador en una mañanera]. El presidente ha encontrado en ese acervo histórico la manera de rescatar aquellos aspectos plebeyos de esta historia.

La recuperación de la historia narrada por Obrador en las mañaneras, en algunos casos con detalles de alguien que conoce algunos aspectos profundos de la misma; es lo que todos hemos aprendido en la escuela solamente que desprendida de su aspecto lineal, oficial e institucionalizada por el PRI durante décadas para justificar a la nueva dictadura del partido en el poder. Por lo que la 4T tiende a representar la historia desintoxicada de la visión libresca oficial que circula en las escuelas y acrítica por la tendencia que hizo de la Revolución Mexicana un ente propio de los museos, sin vida.

Si las guerras de independencia y la reforma lograron la constitución de una Nación y la revolución la transformación de un país que vivió la experiencia de una dictadura de la que la revolución se emancipó, la Cuarta Transformación ha logrado cambiar el estado de ánimo del pueblo, la relación de fuerzas entre la derecha y las expresiones populares. El Estado se desconectó del neoliberalismo imperante en el mundo. La desconexión ha servido para replantearse nuevas fórmulas que le permitan atender las necesidades de la población.

La 4T modificó la función del Estado que los gobiernos neoliberales le habían impuesto; dejó de ser el cuidador de que se amasaran fortunas con costo a la Hacienda federal. El adelgazamiento se ha trasladado a las fortunas de los que, en el pasado, los empresarios se habían convertido en invitados privilegiados del régimen. Han dejado de ser rémoras y han empezado a pagar impuestos, recomponiendo la relación con empresarios del exterior que consideraban esos privilegios como una competencia desleal provocada por el gobierno.

Más tarde continuaremos con este ejercicio de desmenuzar a la 4T, que no es una revolución sino una transformación lo que amerita un análisis adicional. Por lo pronto, no tiene la sistematización que por otro lado estamos acostumbrados a leer en los postulados partidistas o de los movimientos sociales. Y eso representa cierta incertidumbre, pues estamos a tres años del cambio de gobierno. Ante la salida de Obrador, la continuidad debe ser sobre la ruta de la 4T, pero si no tiene una referencia, cualquier cosa puede ocurrir.

En el antiguo Distrito Federal, aunque no había 4T, la salida de Obrador fue continuada por el ahora canciller Marcelo Ebrard que, aunque no lo hizo mal, dejó el mandato en Miguel Ángel Mancera, quien gobernó sin brújula y dejó a la ciudad con deudas de corrupción que aún se ventilan. De tal manera que la sucesión es una cuestión crucial pero, más que ello, la elaboración programática de lo que es la 4T y de que quien releve a Obrador refleje sus acciones en el sustento de un texto guía.

El peso del obradorismo debe sistematizarse.

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