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      El derecho a la ciudad

      Viernes, Noviembre 12, 2021
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      Reflexiones entre MI ciudad y NUESTRA ciudad
      Arquitecta por UPAEP, maestra en Restauración de Sitios y Monumentos UG y doctorante en Administración Pública. Docente y especialista en proyectos de conservación y difusión del patrimonio cultural. Su trabajo es reconocido a nivel nacional e internacional, por la difusión del patrimonio de México.
      El derecho a la ciudad

      De acuerdo con la Convención del Patrimonio Mundial, el patrimonio está compuesto de monumentos, grupos de edificios y sitios; lugares que sus admiradores deben gestionar con la finalidad de identificarlo, protegerlo, conservarlo, rehabilitarlo y transmitirlo.

      En esta línea argumentativa, Jorge Hermosilla  afirma que la gestión del Patrimonio Cultural debe ser integral y novedosa y que a la tradicional gestión, basada en los cuatro principios de investigar, documentar, conservar y divulgar, se debe añadir su función en nuestra sociedad y la forma en la que puede favorecer al desarrollo territorial, endógeno y sostenible, a la cohesión social y económica; y a la conservación del medio ambiente a la vez que procurar mejorar la calidad de vida de la comunidad.

      Sobre este punto, consideramos que la Gestión Integral del Patrimonio Cultural debe estar enfocada al beneficio de toda la colectividad, especialmente de aquellos que han sido olvidados, lo que  permitirá contribuir a la construcción de una nueva política de protección, conservación y difusión del patrimonio para la consolidación de ciudades justas, equitativas e incluyentes, con la que el Estado asegurará que todos los ciudadanos, sin discriminación alguna, encuentren en la ciudad condiciones para su plena realización cultural y disfrutar de monumentos, sitios y espacios públicos.

      Las ciudades son espacios de movimiento, espacios dinámicos que engloban no sólo diferentes necesidades sino diferentes cosmovisiones que convergen entre sí y que hacen que las mismas sean el centro de intercambios diversos, en los cuales resulta necesario comenzar a plantear formulaciones que permitan entender no solo los problemas que atañen a las mismas, sino soluciones eficaces a las problemáticas diversas que se gestan dentro de ellas. De acuerdo a lo expuesto, los espacios públicos deben de englobar y abrazar a la sociedad proveyendo de cobijo a favor de sus necesidades.

      Así, llegamos a la conclusión de que un modelo de Gestión Integral del Patrimonio Cultural, como política pública, puede configurarse en un instrumento para garantizar el derecho a la ciudad. Lo anterior considerando que la gestión del patrimonio tiene como sustento la conservación y difusión de monumentos y sitios y es a través de ellos que puede garantizarse a los ciudadanos un espacio para su realización cultural.

      En relación a ello,  desafortunadamente  ha surgido la noción mal entendida de que el  derecho a la ciudad, es MI derecho, como un mecanismo de búsqueda de  MIS solicitudes, inquietudes y caprichos; y antes de que nos empecemos a incomodar pensemos: una servilleta que tiro al  suelo “no es nada”; ¡ah! se rompió el enrejado por hacer mal uso de él, estacionarme a donde está la banderola de no hacerlo, crear dobles filas en compra de “churritos”  y ¿qué más da?, aún ocasionando un caos vial ya sea sobre la 2 Sur o sobre la 5 Oriente… Y qué decir de las “mochadas” para tener mi puesto de aguas, elotes, garnachas, chácharas y etcéteras sobre la banqueta obligando al peatón a bajarse de la misma…

      Y antes de que levantemos victoria al negar cada una de estas aseveraciones, ¿cómo justificamos la destrucción de casonas antiguas en el Centro Histórico con desalojo de escombro a las altas horas de la noche? El derecho a la ciudad contempla la formación de espacios en los que los ciudadanos tomen roles activos para crear (no abusar, ni destruir) espacios justos, inclusivos seguros y sostenibles, que permitan a la colectividad ocupar y disfrutar de ciudades, pueblos y asentamientos, y esto, estamos plenamente seguros, no es a través de su pérdida y mal uso.

      En definitiva, la gestión del patrimonio a favor del derecho a la ciudad nos obliga a verla desde la perspectiva del derecho a la vida urbana. El derecho a la (NUESTRA) ciudad y su consolidación, es un gran reto, pero también es una gran oportunidad.

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