Mapeo de narcomantas en Puebla, 2019-2021

Martes, Octubre 26, 2021 - 06:34

Alguien tiene un interés notorio en que la plaza no deje de arder, sino que permanezca en llamas

Doctor en Administración Pública con estudios de doctorado en Ciencias Penales. Especialista en inteligencia y cotrainteligencia con más de 30 libros publicados. Ha diseñado un mapeo sobre la feudalización de la delincuencia organizada en México.

Los números de los impresos

Le presento un análisis sumario sobre las narcomantas que he identificado en el estado de Puebla entre 2021 y 2019. Son quince textiles los que contabilicé en total, en el entendido que, tengo versiones de oídas, de cinco más en el lapso citado, acaso.

En términos numéricos, Puebla ha tenido muy pocas mantas; considere usted menos de veinte en los tres años que le presento. Seguramente se preguntará por qué apunto veinte y le presento quince. Pues, porque poseo una fotografía de cada una de esas quince y solo tengo comentarios de las cinco adicionales.

El caso de Puebla es interesante porque es uno de los estados del país a los que llegó más tarde esta clase de instrumentos comunicativos de los cárteles. Para darle una idea, el estado de Tamaulipas es el pionero nacional, que inició con esta práctica en 2000. La primera manta que colocaron en Puebla fue en 2008.

Así, considere que en Puebla se han colocado menos de cincuenta narcomantas distintas en el lapso 2008-2021, una cifra modesta frente a las que acumula Tamaulipas, que suma cientos desde el sexenio de Vicente Fox a la fecha.

En Puebla, los cárteles han optado por enviar sus mensajes en cartulinas y no tanto por mantas. La diferencia entre ambos tipos de documento es evidente: las cartulinas se colocan casi siempre junto a un cadáver de una persona ejecutada y se pueden redactar al momento. Las mantas no requieren de un cadáver, pero a cambio obligan a una preparación previa.

Así, le presento las mantas en el estado de Puebla del trienio reciente (2021, 2020 y 2019).

2021

En el caso de las mantas identificadas entre enero 1 y septiembre 30, todas tienen como elemento conector a CJNG, en cualquiera de sus posibilidades: como organización central con sede en Jalisco; como franquicia criminal en Puebla y; como un grupo de pandillas locales asociadas a dicha franquicia en Puebla.

Una franquicia criminal está integrada por delincuentes locales, que tienen el permiso de un cártel para explotar su nombre a cambio de un porcentaje de las ganancias. Los franquiciantes tienen acceso a recursos del cártel, tales como protección policiaca, inmunidad ante jueces y ministerios públicos, además de poder ser invitados a explotar otras entidades federativas como asociados.

Y, las pandillas locales asociadas a la franquicia no forman parte del cártel: son aliados del franquiciante y cubren un barrio o una porción de una ciudad. Son el eslabón más débil de la cadena criminal y son los que ponen los muertos en cualquier guerra en las calles.

Regresando a los datos de 2021, le diré que apenas una manta por municipio fue colocada en Puebla capital, Tecamachalco y Venustiano Carranza, así como dos en Atlixco. La única organización mencionada directamente es CJNG y se identificaron a dos grupos delictivos que tienen todas las características de ser meros embustes.

2020

Por lo que se refiere a 2020 se observaba la lucha feroz entre CJNG y Zetas: de un lado, las distintas facciones de Jalisco se aplicaban a señalar las consecuencias de no trabajar para ellas, al tiempo que la organización tamaulipeca se hacía valer a través del más poderoso de sus grupos en esta región del país.

Como recordará, los Zetas se han subdividido y agrupado interminablemente y en 2020, había tres bloques mayoritarios: Cártel del Noreste, Zetas Vieja Escuela y Sangre Nueva Zeta.

En 2020, se colocó una manta en San Martín Texmelucan y otra en Tecamachalco, al tiempo que se hizo lo propio con tres mantas en Puebla capital. Las dos organizaciones criminales mencionadas en tales impresos fueron CJNG y Zetas.

2019

En este año, se colocaron tres mantas en Puebla capital, una en Cañada Morelos y otra más en Atlixco. Para 2019 se intensificó la presencia de CJNG en Puebla retándose contra los Zetas, sin omitir que Los Rojos amenazaron a la organización de Jalisco.

Y cómo no: ahí están las venganzas entre familias asociadas a CJNG y Los Rojos en Acatlán y Guadalupe Santa Ana, que se han hecho trizas por líos que entremezclan matrimonios, amantes, amistades y apoyos a sus gobernantes.

Como ocurre todo el tiempo, en 2019 también hubo una manta producida por un copycat; es decir, por alguien que oculta su verdadera identidad y rubrica el escrito con otro nombre.

Lo que quieren decir las mantas

Para entender el tema de las mantas habrá que dividir en dos la lógica criminal: una, la que se inscribe en Puebla capital; otra, la que mueve a los territorios delictivos al interior del estado con el robo de combustible como primer motor y el tránsito de toda clase de mercancías ilícitas como segundo dínamo.

Por lo que se refiere a la capital estatal, quien tiene el control de los mercados de Puebla capital ostenta el dominio de los nodos que gobiernan al mundo criminal de la misma.

Piénsese en dos antiguos subordinados de “El Negro”, “El Chupón” y “El Croquis”, quienes decidieron emprender sus propios proyectos y en determinado momento enemistarse con un antiguo compañero suyo y subordinado de aquél: “El Grillo”. Y agréguese la monumental estructura delictiva que éste último delegó a su esposa, dueña de un tumulto de puntos de venta distribuidos en puntos de la ciudad que todo mundo conoce, pero ignora.

Los enfrentamientos entre estos personajes se han sazonado con alianzas temporales e impredecibles: a veces, se unen para propósitos específicos de dominación territorial y en otras ocasiones tienen rompimientos feroces.

El tema es a todas luces, viscoso. A lo anterior habrá que agregar el grave problema de las continuas posturas de venta de la plaza Puebla capital. Entiéndase por venta de la plaza a la cesión de derechos criminales de la capital poblana, entre un vendedor y un comprador, para la explotación de un delito específico.

Tal vez le parezca extraño esto de vender la plaza, pero es muy común en el país. Cuando una de las partes no cumple el acuerdo, lo notará usted de inmediato: de la nada se da un golpe quirúrgico a una organización delictiva, “resultado de arduas investigaciones de campo y gabinete”, dicen las gacetillas. En realidad, es producto de una delación cantada.

A mi juicio, las dos últimas ventas de la plaza Puebla solo han derivado en más atrocidades: una, en 2019 y otra que comenzó a cocinarse a finales de 2020.

Por lo que se refiere a los impresos colocados en el interior del estado, hay que considerar las conexiones de un sinnúmero de criminales con “El Negro”, sus jefes y sus enemigos, así como a cientos de pandillas que operan en todo el territorio poblano, que obedecen a dos mandos complementarios: los cárteles y los caciques.

Tal vez se pregunte qué tienen que ver los caciques en este tema. Pues, son actores indispensables para operar la maquinaria del poder en todos los municipios y entre otras de sus potestades, se encuentra el soltar dinero para campañas electorales y como sucedió en 2018, operar sindicadamente a favor o en contra de alguien.

Pregúntese por qué un candidato en unas elecciones puede ganar en las zonas rurales y perder en las urbanas, para más tarde perder en las urbanas y ganar en las rurales, desafiando a las matemáticas. No es fraude, sino algo mucho más complejo: la factualidad en estado bruto.

La plaza no se enfriará

Alguien tiene un interés notorio en que la plaza no deje de arder, sino que permanezca en llamas. La guerra requiere que las partes en pugna gasten y destruyan, sin omitir que los votantes no tienen memoria: eligen con la víscera en la mano.

Los gobernantes locales de 2009 en adelante no han aceptado ni aceptarán una obviedad: nunca van a extinguirse los cárteles mientras haya un mercado que los urja a atender la demanda de una sustancia, la que sea.

Es lo mismo que intentar erradicar a la prostitución: este giro atiende una necesidad existente en un mercado y pretender eliminar a dicho giro es inane, porque el mercado ahí sigue, demandante.

Hace algunos años en Baltimore, un grupo de expertos que sí entendió el tema, se aventuró a implementar una estrategia llamada coloquialmente, “Hamsterdam”. Tras aplicarla, la violencia se desplomó en casi un 80 por ciento en cuestión de semanas. Era un éxito.

Pero quienes controlan la vida pública del lugar, vieron como tramos enteros de la administración pública eran innecesarios. Ya no se requería de tantos vehículos, armas, personal, drones, consultores, foros consultivos, políticas públicas ni poder político. El alcalde vaticinó cómo se desplomaría en meses la necesidad de un presupuesto abultado en materia de seguridad.

Era imperdonable el generar algo así y de un plumazo derrumbaron “Hamsterdam” hasta sus cimientos. Los jefes policiacos que apoyaron el proyecto fueron ridiculizados, despedidos, sin derecho a jubilación. Los reporteros aliados fueron enviados a otros estados. Miles de narcomenudistas regresaron a la sangre. El caos regresó. Todos felices y aliviados.

No: no estoy hablando de “abrazos, no balazos”, una supina estulticia que llevará años de remediación una vez que se retire a su rancho el individuo que inventó la especie.

Le dejo una hipótesis: la plaza poblana se enfriará mágicamente después de los resultados de 2024, porque quienes tienen la capacidad para hacerlo son los mismos que van a participar en uno de los polos de la guerra político-electoral.

Que lea quien sepa leer.


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