Caciques de guarache y urbanos

Domingo, Octubre 24, 2021 - 09:17

Familias rapaces se apoderan de las presidencias y todos los escalones del poder

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Inexactitudes aparte, el semanario Proceso presenta en su número actual un reportaje sobre los cacicazgos en el estado de Puebla.

La voz cacique, de origen taino, como el sátrapa en otras latitudes, no necesariamente definía a un mal gobernante. Eran jefes locales o regionales que devinieron en gobernantes déspotas y abusivos.

Expone cuatro ejemplos en sendos municipios poblanos: Coyomeapan, Tlatlauquitepec, Eloxochitlán y Teziutlán. Son una muestra al azar, pero no exhaustiva. La geografía poblana es, fatalmente, rica en tal zoología desde tiempos inmemoriales. Acaso los Avila Camacho, de Teziutlán son el ejemplo más nefasto de esa repudiable forma de ejercer el poder.

Este recuento periodístico cita, por ejemplo, que en el caso de Coyomeapan, la familia Celestino Rosas ha ejercido el poder once años. Hoy enfrenta el alcalde “electo” la rebelión de casi todo el pueblo. El conflicto está latente y pone a prueba a la justicia en Puebla: lo “legal” frente a lo real.

En este caso el gobierno estatal y Morena no pueden voltear hacia un lado y desdeñar un movimiento popular que puede derivar en algo grave, más grave. Se precisa cirugía fina y prestar oídos al clamor vecinal. Donde no hay camino, hay que hacerlo. La política… eso, eso o no existe.

En Eloxochitlán, allá en la Sierra Norte, dos hermanos se han turnado el poder sucesivamente desde 2014. En Tlatlauquitepec y Teziutlán, Porfirio Loaeza Aguilar y Enrique Peredo, respectivamente, son presidentes municipales por cuarta ocasión.

Es evidente que no son modelos de eficiencia, amor al servicio público honesto y producto de la veneración popular. Si tal fuera el caso, esos municipios serían ejemplo nacional con las calificaciones más altas en todos los rubros.

Serían también, el centro de la atención y objeto de estudio de los organismos especializados en desarrollo y administración municipal.

Nada. Son cacicazgos pueblerinos en el peor sentido del término.

Como esos casos hay abundantes en Puebla y el país. Son evidencias de la degeneración del quehacer gubernamental y el ejercicio de la política. Esos modus operandi se dan lo mismo en el medio rural que urbano. Hay caciques de guarache y de ciudad.

Su destreza nada tiene que ver con el buen gobierno. Han profesionalizado el lucro desde el poder. Ajustan sus apetitos a los linderos legales, confeccionan partidos, operadores y cómplices a su gusto y capricho, y así llegan y se sostienen.

Fertilizan ese fangoso campo con mucho dinero, muchos millones, sabiendo que todo lo recuperan, con creces.

Es una demostración ruin del pragmatismo de la política. Saltan de un partido a otro, sin convicciones, ideología, propuestas o prácticas democráticas. Han pavimentado el camino y aceitado económicamente las estructuras electorales.

Los partidos, o los regenteadores de estos, los utilizan a su vez para sus fines personales. Les cobran la renta o venta de una franquicia partidaria, los emplean para las siguientes elecciones distritales o estatales y así, como larvas, se protegen mutuamente y se benefician ad infinitum.

Los cacicazgos tienen distintas dimensiones en el ejercicio del poder en Puebla. Algunos son novatos, van apenas por la segunda presidencia, la herencia del cargo a la esposa, el hijo u otro pariente.

Cubren las formas legales, ciertamente. Para eso sirven las cúpulas partidistas, para brindar cobijo -no gratis, desde luego- y ofrecer trampolines municipales, distritales o estatales a especímenes rapaces jamás ahítos de la ubre gubernamental.

Esto explica por qué partidos y representantes populares están en el sótano de la confianza y credibilidad de los mexicanos. Sucesivas encuestas nacionales o internacionales lo corroboran.

Morena no está al margen de este cáncer. A contrario sensu de los dictados y compromisos presidenciales, los hechos de sus representantes protegen, tutelan o son cómplices de estas calamitosas formas de entender y ejercer el poder.

xgt49@yahoo.com.mx


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