El último mes

Jueves, Julio 29, 2021 - 07:07

Cada quien es libre de elegir dónde pone su atención y tiempo, pero todo tiene causa y consecuencia

Nacido en Puebla en 1996, estudió la licenciatura en Ingeniería Industrial en la Ibero Puebla. Actualmente estudia la maestría en Biosistemas en Wageningen University and Research. Apasionado por la ciencia y artes

Cada persona, cada punto en el espacio, tiene su propia perspectiva, su propia representación y motivación, su sentido de voluntad. Nuestras acciones buscan satisfacer nuestros deseos, de forma simple y directa, podemos decir que todo lo que hacemos está en función de generarnos placer. Un placer no siempre y únicamente físico, sino también moral o bien, espiritual. Incluso cuando sacrificamos nuestro bienestar por el de otro, lo hacemos de forma egoísta, porque el bienestar del otro nos genera placer, quizá no inmediato, pero placer a fin de cuentas. De esto no hay escape y no es necesario que lo haya, el único escape sería la soledad y el ascetismo, la renuncia máxima, la iluminación de toda religión. Pero no podemos hacer del mundo y la humanidad un gran monasterio, como dice el poema de John Donne, “ningún hombre es una isla entera por sí mismo”. Estamos conectados, somos animales sociales, necesitamos de la convivencia y la interacción con nuestros iguales y el entorno, aunque esto no impida que cada persona se sienta protagonista de su propia historia, cada novia es la primera, única y última en casarse.

Más que renunciar al egoísmo, a ese protagonismo, debemos ampliar nuestra perspectiva, ser egoístas al servicio de los demás. Debemos asomarnos a lo que está más allá de lo que nos es inmediato, es decir, más allá de nuestro cuerpo y nuestra identidad para empezar a sentirnos parte de algo más grande, algo más complejo, el mundo y la naturaleza con la humanidad incluida. Esto de tal forma que los logros ajenos en beneficio del conocimiento y del bienestar ambiental, sean nuestros logros, de tal forma que las desgracias del otro, sean también nuestras desgracias. No es ser un pelele de lo y los demás, sino es reconocer que estamos en un sistema, somos parte de él y que cada acción individual repercute en el sistema como conjunto. Cada cosa que consumimos, que ocupamos, es causa y consecuencia de otra. Cada aplauso, cada queja, todo, absolutamente todo, está entrelazado a algo más. Esto es inherente a cualquier sistema cerrado, toda perturbación en el sistema afecta al sistema en sí. La ley de la conservación de la energía también aplica aquí, no existen cambios aislados.

No pretendo caer en el mensaje pseudo-espiritual, que creo ni el prefijo pseudo merece, de que somos Uno con la naturaleza y debemos abrazar árboles. Sino que, si somos Uno con la naturaleza, es porque somos parte de ella, es nuestro atributo, sin ella no podemos existir porque le pertenecemos, punto. Por más lógico que esto sea, parece que no lo hemos querido o podido aceptar, pues bien, para aceptar algo se requiere entenderlo y entender requiere pensar, pero a nadie le gusta pensar. Pensar es caer en contradicción consigo mismo, es renunciar a lo preconcebido, es, hacer un esfuerzo y, finalmente, pensar es gastar energía. Por la misma razón que nos da flojera reciclar, hacer ejercicio o el simple hecho de caminar, nos da flojera pensar, no queremos gastar energía, ni en forma de glucosa u otras moléculas ni con el uso de nuestro tiempo.

Pero no se puede acaparar toda la energía, no somos ni podemos ser estáticos, ya sea por limitantes corpóreas-evolutivas o por nuestros propios impulsos, estamos condenados al movimiento y al cambio. Siempre queremos hacer algo con esa energía, con ese tiempo y es en aquella decisión, en ese querer, donde nos diferenciamos. Dónde ponemos nuestra atención, cómo gastamos nuestro tiempo, es lo que nos individualiza, nos hace protagonistas. ¿Cuál es el límite y hasta dónde repercute este protagonismo? Eso dependerá de muchos factores, gran parte externos y gran parte internos, pero ninguno aislado en sí mismo. Aunque nuestra experiencia del mundo nos es exclusiva a nosotros mismos, es decir, no puedo ver el mundo con otros ojos que no sean los míos, no significa que todo gire en torno a mi persona. Todos somos protagonistas de nuestra propia historia porque es la única que hemos de vivir, pero eso no nos limita a no poder considerarnos parte de algo más y procurar por el bienestar del planeta y sus ocupantes.

Ejemplifico esto con una pequeña escala de luchas protagónicas en el último mes, empezando unos escalones arriba del ciudadano promedio, yendo de lo individual a lo plural, de lo “controlado” a lo caótico.

En el primer plano de nuestra escala tenemos un objeto que conlleva muchos otros pero es uno en sí: la UDLAP. En el último mes la estructura de la universidad se ha visto envuelta en el conflicto protagónico de su rector y no rector Luis Ernesto Derbez, con su otro rector y no rector Armando Ríos Piter, detrás de ellos una serie de personalidades, organizaciones y, por supuesto, millones de pesos. Estos dos bandos son protagonistas en sí mismos, ambos creen tener la razón y ser los héroes de la película, son el centro del mundo, creadores del bien. Esta lucha protagónica, en la que cada parte es portadora de la verdad, aunque ya dirán los jueces, se ha reducido a ser un conflicto de poder entre unos cuantos al grado de olvidarse del daño que provocan en miles de estudiantes y docentes, del daño económico para las Cholulas y Puebla, y el daño a la imagen del Estado y a una de las instituciones más prestigiosas del país.

En el segundo escalón está la preparación y difusión de la consulta popular para juzgar a los expresidentes. Lucha protagónica de nuestro presidente por mantenerse como Salvator Mundi contra la corrupción, y a la vez de querer ser Poncio Pilatos lavándose las manos al quebrar una de las más grandes reglas no escritas de la política mexicana. Más allá de que la pregunta en cuestión es un chiste y bien puede leerse de la siguiente manera: “¿quiere usted que se aplique la ley a quienes cometieron crímenes?”. Es un chiste, ni siquiera se debería preguntar, la ley se ha de aplicar porque para eso se ha creado. Pero bueno, más allá de eso, este protagonismo de AMLO traerá consecuencias a nuestra democracia y sentará precedentes para bien o para mal, sea cual sea el resultado de la consulta. (Personalmente, ojalá gane el “sí” para ver si el presidente es tan valiente como dice ser y para que con el precedente a la mano, el próximo presidente, en una de esas, juzgue a López Obrador de ser necesario).

Otra lucha un poco más elevada, si le podemos llamar así, es la de los millonarios por acercar el espacio. Por supuesto esta no se parece a las dos anteriores más que por la necesidad de reflectores. La nueva carrera espacial, formalmente inaugurada en este mes, es inmensurable en valor histórico, individuos tienen la fortuna suficiente para hacer lo que antes sólo los recursos de países como Estados Unidos y la difunta Unión Soviética podían permitir. Por supuesto la tecnología se ha abaratado y ha avanzado pero aún así es impresionante. Estamos despegando la bisagra del hasta ahora sistema cerrado que es la Tierra. Es incalculable lo que esto representa, dejando de lado el grave impacto ambiental que ocasionan estas naves, la sola idea de que estos protagonistas multimillonarios estén buscando hacer accesible los vuelos espaciales por su mero capricho a la gloria y amor por la ciencia y tecnología, es algo que debemos tomar en cuenta la próxima vez que nos pensemos importantes. Los logros de Branson, Bezos y próximamente Musk, son un pequeño paso a un cambio gigantesco.

No está de más suponer que cada uno de los tres multimillonarios cree ser la mejor opción, porque aunque reconozcan el valor de sus contrincantes, cada uno cree tener la respuesta acertada, de no ser así, actuarían diferente. Sin embargo, no cabe duda que las acciones de cada uno repercutirán en el otro y en el mundo en su totalidad. Su protagonismo no debe ser ceguera a las perturbaciones que causarán en el entorno porque grandes han de ser.

El cuarto escalón, aunque se le puede relacionar con el anterior, va mucho más allá de lo antes mencionado. Este escalón corresponde al grupo de científicos e ingenieros detrás de la empresa DeepMind que logró predecir con certeza la estructura 3D de proteínas basándose únicamente en su secuencia genética. Algo que se hacía en meses y tal vez años de trabajo por cristalografía, ahora el sistema de inteligencia artificial AlphaFold a través de sus redes neuronales logra hacerlo en cuestión de minutos o algunas horas. Este logro puede ser el inicio de los más grandes avances en farmacéutica, medicina y en toda la biología pues están descifrando las estructuras mínimas que componen la vida. Si bien ir al espacio es un sueño para muchos, el origen de la vida es la pregunta de todos.

Lo mejor de todo esto es que DeepMind anunció que para finales de este año esperan hacer público el acceso a 130 millones de proteínas, casi la mitad de todas las proteínas conocidas. El protagonismo que viven estos científicos rebasa la filantropía, viven para y por el placer de la ciencia, en otras palabras, viven para el mundo. Pudiendo ser un monopolio de esta información, renuncian a ello entregando a la humanidad sus descubrimientos. Sin duda, un ejemplo a seguir.

Por último, aunque bien podría ser el más bajo también es el más alto por la intensidad en que se vive y la causa de la situación. Este escalón es el del protagonismo colectivo de habitantes de ciudades y países que, a causa del cambio climático están luchando no por los aplausos, sino por sobrevivir. Las inundaciones inéditas en Europa y Asia, las olas de calor y los incendios en Norteamérica, el contagio masivo de coronavirus y sus variantes en México y gran parte del mundo. Todo este caos y este protagonismo que ahora es válido pues se trata de preservar la vida, no es más que consecuencia de ese otro protagonismo individualista, ese creer merecerlo todo sin renunciar a nada, que en la suma colectiva ha ido destruyendo la naturaleza y el equilibrio del mundo. Ese mundo y esa naturaleza a la que le pertenecemos y no al revés. Ahora, nuestro capricho y consumo desordenado, irrumpe nuestros planes y deseos, privándonos incluso de ese placer que buscábamos en primer lugar, y para colmo, nos quejamos del clima y de la pandemia. El chiste se cuenta solo.

Lo que pensamos como meta, es decir, la inmediatez del placer y el apego a la comodidad, nuestro protagonismo, se ha de volver y es que ya es, la causa de nuestra propia caída y privación de ese mismo placer. Así como Derbez o Ríos Piter luchando por la rectoría pueden terminar siendo rectores de una universidad desprestigiada y sin alumnos; así como Andrés Manuel por juzgar podrá ser juzgado; como por aferrarse al espacio nos quedemos sin Tierra. Así, nuestro sentirnos protagonistas, centros del mundo con todo lo demás en segundo plano, buscando placeres inmediatos sin tomar en cuenta el entorno y a los otros, pueden y serán nuestra perdición. Cada quien es libre de elegir dónde pone su atención y a qué dedica su tiempo pero debemos siempre tener presente que nadie es una isla, que todo lo que hacemos tiene causa y consecuencia. Debemos renunciar a ese protagonismo dañino y reconocernos como parte de un sistema, sólo una pieza más. Dirían los maestros jesuitas, ser para los demás.

@fgabrielgt