Socavón: más estudios

Martes, Julio 20, 2021 - 07:45

Es importante contar con un estudio serio y profesional de sus causas y posibles riesgos

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

El tema del socavón sigue dando de qué hablar. Hace unos días, el Instituto Politécnico Nacional se deslindó como institución, aunque reconoció la participación que tuvieron algunos de sus investigadores en el estudio realizado en conjunto con autoridades locales, para determinar las causas del fenómeno. Con lo anterior, siguen en el aire las posibles causas.

Recordemos que primero se dijo que el origen de este fenómeno geológico tenía que ver con la presencia de agua subterránea en la zona. Es común que en el subsuelo existan cuerpos de agua, ríos subterráneos y afluentes que, en un momento dado, pueden crecer y debilitar la estructura de la orografía. Luego se dijo que la sobreexplotación de mantos freáticos y la actividad volcánica permanente, fueron factores que condicionaron la aparición del socavón al debilitar la estructura del terreno, provocando reacomodos y reencauzamientos de flujos de agua. Hipótesis que era consistente con el hecho de que el fenómeno se encuentra en una de las áreas industriales más importantes y demandantes de agua de Puebla.

Pero entonces, ¿estamos ante un fenómeno natural o ante algo que es consecuencia de la actividad humana?, ¿o bien, es una combinación de ambas cosas? No lo sabemos con certeza. Lo que sí tenemos claro, es que se necesita una respuesta concluyente sustentada en un amplio consenso científico que nos dé completa seguridad; sobre todo, porque hace unos días el geólogo de la UNAM, Sergio Rodríguez Elizarrarás, en una entrevista para El País, comentó que se deben realizar más investigaciones que permitan comprender mejor el fenómeno, por lo que por el momento debiéramos considerar la zona del socavón como “de potencial peligro geológico”.

Yo creo que, como sociedad, es importante contar con un estudio serio y profesional soportado por una o varias instituciones académicas, que nos permitan conocer no solo las causas del fenómeno sino, sobre todo, los posibles riesgos que implica para las zonas productivas y áreas pobladas aledañas, incluyendo la zona conurbada de la capital. Sería conveniente convocar para ello, a un grupo interdisciplinario de instituciones junto con sus expertos, para enviar una señal clara de que los resultados de la investigación serán irrefutables.

Como ya lo he comentado en varias ocasiones, yo creo que este fenómeno hay que tomarlo como una llamada de atención en materia de cambio climático. Recordemos que durante las últimas décadas hemos visto este tipo de fallas geológicas en varias partes del mundo: en Belice, Noruega, Guatemala, Estados Unidos, Rusia y en el Mar Muerto. El más conocido, sin duda, es el de Siberia, la famosa “puerta al infierno”, que apareció hace 25 años y que ha dado de qué hablar por su acelerado crecimiento en los últimos meses (actualmente alcanza 100 metros de profundidad y un kilómetro de largo).

De acuerdo con los científicos, hay claras evidencias de que algunos de estos fenómenos geológicos están ligados al calentamiento global. Los expertos aseguran que “el imparable aumento de las temperaturas ha provocado” cambios en el subsuelo que no han sido suficientemente estudiados. Además, como ya lo he comentado, esto también pudiera tener alguna liga con la fuerte actividad tectónica que afecta toda esta región y que forma parte de una cadena de volcanes y fallas geológicas conocidas como el “Cinturón de Fuego” que se extiende por más de 15 países entre los que destacan Japón, indonesia, Filipinas, Rusia, Estados Unidos, México, Guatemala, Perú y Chile.

En el caso de nuestro socavón, hasta que tengamos un estudio completo, podremos tener certidumbre completa. La gente que vive cerca del lugar sigue preocupada y temerosa de que este fenómeno pudiera crecer y extenderse. Porque el problema no es lo que se alcanza a ver en la superficie, sino lo que quizá no se vea, es decir, lo que esté o no ocurriendo debajo de la tierra.