Generación Z: perritos, sexo y redes sociales

Miércoles, Junio 23, 2021 - 17:36

Tratemos de mostrarles que esta vida es una oportunidad para encontrar un sentido desde adentro

Psicólogo, Master en Recursos Humanos, Maestría en Modelos y áreas de investigación en ciencias sociales. Sus temas de interés son los movimientos sociales, las representaciones sociales y en general la psicología social

Después de la generación millennial (del 80 al 95 redondeando) y de todo lo que han tenido que aguantar (se les ha llamado desde irresponsables hasta inútiles) viene esta nueva generación (del 96 al 2010). Aquellos que son los verdaderos nativos digitales, los que no entienden el término de “mundo virtual” porque para ellos es lo normal y han tenido a bien inventar el término “vida real” para hablar de lo que no sucede en las pantallas y también vale la pena explorar.

Es una generación que nace con el nuevo milenio y para la cual el TLC, los zapatistas, los “nuevos pesos”, el movimiento estudiantil y el 68, los sindicatos, la cultura local, el nacionalismo y muchos otros sucesos solo son historias que cuentan sus padres de cuando no había celulares y les resultan igual de antiguos e irrelevantes que las fotos en blanco y negro de principios del siglo XX para los que superamos los cuarenta. Son un grupo acostumbrado a vivir la experiencia a través de una pantalla sea para diversión, aprendizaje o incluso búsqueda de amigos y pareja.

No hay tolerancia a la espera. Un mensaje no contestado significa una respuesta y las llamadas por teléfono son insufribles. Es mejor un audio o un meme para expresar lo que sucede en el mundo interno. La cultura se ha masificado a tal punto que los grupos famosos de hoy no tienen nada que ver con los grupos pop que antes existían. Los seguidores se cuentan por millones y se identifican con objetos y vestimentas que se pueden ver lo mismo en México que en Corea o en Río. Cualquiera puede ser famoso por cualquier razón. La moral es cosa del pasado y con ella los límites que, aunque fueran externos de alguna manera protegían a otras generaciones del escándalo o de la vergüenza.

La intimidad es una cuestión difícil de abordar y es más fácil relacionarse con mascotas que con hijos. A su favor hay que decir que el mundo no es un lugar muy esperanzador para la reproducción y una decisión inteligente es retrasarla al menos hasta que se tengan certezas mínimas. Las luchas sociales se libran con likes y comentarios en las redes sociales. Los perritos callejeros son los nuevos niños de la calle y el dudar de la orientación sexual es sinónimo de madurez.

No quiero criticarlos. Simplemente quiero explicar que si vemos con honestidad a esta generación descubrimos que hay muchas carencias en sus procesos de maduración e incluso en la manera en que sueñan. Tal vez sea culpa de los adultos y los vicios que no se han logrado modificar en varias generaciones y que les hacen querer ser distintos a lo que han conocido: corrupción, mala gestión del medio ambiente, mentiras, pobreza social, lealtades disfuncionales.

Tal vez lo único que podemos hacer por ellos es intentar acompañarlos a buscar más dentro de sí mismos. Esta sociedad requiere gente pacífica; personas que sepan resolver los conflictos de manera no violenta y al mismo tiempo sean insistentes en que podemos vivir mejor si hacemos comunidad. Tenemos que mostrarles que la comunidad es posible y que si bien la familia es imperfecta puede ser una primera red además de los amigos que también son importantes y que el sexo entre amigos suele dificultar las relaciones.

Mi invitación hoy es que, si tienes un hijo, sobrino o lo que sea de menos de veinte años intentes darle libertad de elegir lo que quiera (honestamente importa poco con quien se acuesten) pero lo invites a buscar esa libertad dentro. No en una pantalla sino dentro de sí. Es importante también que esta generación redefina las pautas espirituales y redescubra los símbolos que durante los últimos cincuenta años se han perdido y hoy tanto anhelamos. Que exploren su creatividad y que hagan comunidad no solo en línea sino en la “vida real”. Que descubran que su familia no solo son los perritos si no la humanidad y que mientras haya sufrimiento de unos todos sufrimos porque estamos conectados.

Confiemos en ellos. Confiemos en nosotros y enseñémosles que esta vida no es una competencia o un torneo para ver quién puede ganarles a los otros o tener más dinero, coches, mujeres, etc. sino una oportunidad de experimentar y de encontrar un sentido que nunca se descubre en la superficie, requiere ir hacia dentro.

Sus comentarios son bienvenidos.