AMLO: Narrativa sin lógica histórica

Martes, Mayo 18, 2021 - 08:31

La 4T pretende alinearse con las gestas históricas de la Revolución, la Reforma e Independencia

Trabaja en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV). Dr. en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros.

El presidente López Obrador mantiene una narrativa que nada tiene que ver con la realidad histórica, más bien sigue una lógica del poder similar a la que denuncia Michel Foucault en El gobierno de los vivos (Fondo de Cultura Económica, México 2016: 17ss). El emperador Lucius Septimius Severus había hecho dibujar en la bóveda del despacho del palacio que utilizaba para tomar decisiones de gobierno y de impartición de justicia, la constelación estelar del día de su nacimiento.

Entre 193 y 211 de nuestra era, gobernó imponiendo a los ciudadanos romanos una narrativa según la cual los astros y las constelaciones estelares habían designado que él, desde el momento mismo de su nacimiento, sería quien tomaría en sus manos los destinos de Roma. Un designio que legitimaba su figura, su lugar en el imperio y en la historia, y sobre todo sus decisiones. Con ello mostraba a todos que éstas estaban justificadas y que nadie podía oponerse a ellas; intentar hacerlo sería rebelarse contra el designio divino y contra la verdad.

Severus buscaba fundar el ejercicio de su poder precisamente en la verdad revelada en esos signos estelares, de la constelación exacta de su nacimiento. Todo ello a través de los rituales, signos y palabras con los que emitía sus resoluciones. En última instancia, esas sentencias pretendían «decir verdad» o estar «conforme a la verdad». Desde luego, esto nada tenía que ver con una demostración epistemológica (la verdad o falsedad, la realidad o ficción de una cosa), sino con una ritualización, una liturgia. En suma, “quería que los hombres leyesen como verdad lo que él hacía como política.” (p.21). Lo hacía mostrando signos, leyendas y una narrativa constelar. Se trataba de un «gobierno por la verdad», o desde la verdad. El poder siempre ha buscado su fundamento en la verdad, en un «logos», en una «razón», en un «principio».

López Obrador ha querido buscar esa verdad en la historia, específicamente en la historia nacional. La «Cuarta Transformación» pretender alinearse con las gestas históricas de la Revolución, la Reforma y la Independencia. Últimamente también ha querido meter en este año la fecha de 1521 como la de la suspensión del imperio Azteca, cuya línea de continuidad se retomaría después del dominio español, con la Independencia; y así, las otras gestas, hasta la continuidad del 2018 con su movimiento. Como en el caso de Severus, y de todos aquellos en que la «aleturgia» del poder ha querido fundarse en «la verdad», el presidente mexicano recurre ahora a la «historia». ¿Cómo demuestra que su movimiento, la denominada por él como «Cuarta transformación», es la continuidad de una «lógica» nacional y que el «espíritu» de la nación tiene continuidad y encarna en su movimiento «transformacional»? Realmente no hace ninguna demostración. O dicho de otro modo, cualquiera que tome el poder podría decir exactamente lo mismo que él.

Si observamos la historia en su esencia y en su modo de existir, los grandes hitos históricos tienen que ver más con la acción humanizante que con decisiones de poder. Es verdad que los hombres de poder, en primer lugar, siempre han querido pasar a la historia. La historia misma parece ser muchas veces la historia de la lucha por el poder, la historia del origen, desarrollo, culmen y caída de los imperios. Pero los hechos históricos, sobre todo los más relevantes —precisamente los que cambian la historia o la modifican— tienen otra connotación que, incluso, con frecuencia están realizadas fuera de las esferas de poder. Si bien es cierto que, en su momento, la acción de los poderosos es más visible que la acción de las personas que realmente inciden en el curso histórico.

Martin Luther King hizo más con medios pacíficos, con medios humildes, hasta cierto punto con fines y medios espirituales, que los hombres de poder que buscaban espacios para las libertades civiles y políticas. Su acción política, por esos medios pacíficos y humildes, fue más relevante históricamente que la del entonces presidente de los EUA, Lyndon B. Johnson. Mahatma Gandhi tuvo una incidencia similar y logró la liberación de su pueblo. Si nos vamos más lejos, el mismo Cristo, comparado con Augusto o con Tiberio, los emperadores de su tiempo —amos del poder—, en su momento su incidencia histórica quizá ni se vio. Con el paso de los siglos, el cristianismo fue más relevante históricamente que el imperio romano. En conclusión, algo es histórico y tiene fuerza histórica cuando tiene que ver con la formación de lo humano en sentido espiritual, cultural, social, en su promoción, su difusión, con los medios humildes, sencillos, que tienen que ver con la verdadera liberalización de las personas, de la gente y de los pueblos. La polarización, la discordia y los discursos de odio no generan acontecimientos realmente históricos.

 

 


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