La normalidad en un mundo distinto

Jueves, Mayo 6, 2021 - 09:41

Los objetivos para la recuperación económica deben ser el pleno empleo y un nuevo contrato social

En el informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) se puede leer que los cambios a nivel mundial por la irrupción de la pandemia del Covid-19, sumados a las dificultades climáticas y a las complicaciones de la dinámica económica y de los reacomodos de orden político internacional, han llevado a cambios en el funcionamiento de la sociedad en su ámbito hemisférico.

La economía mundial viene atravesando una profunda recesión a consecuencia de la intensa propagación de la epidemia del Covid-19; ello genera una situación de incertidumbre en las perspectivas de nuestro futuro. La población de todas las partes del mundo ha visto cambios radicales en su vida: recesión económica, desempleo, cambio climático, nuevas tecnologías y automatización de los puestos de trabajo, surgimiento de las monedas digitales, rendimientos decrecientes de sus ahorros, aumento de la desigualdad y el endeudamiento.

Superar una situación así es sumamente complejo, como también representa la oportunidad de encontrar mayor sensibilidad para impulsar cambios que posibiliten diseñar rutas nuevas para superar la crisis y, además, lograr una nueva realidad más justa, incluyente, y con la esperanza de lograr un bienestar para la mayoría de los seres que vivimos en este planeta.

Se tendría que lograr un ambiente de cooperación definiendo objetivos compartidos, y diseñar una nueva estructura para la sociedad mundial que fortalezca a los liderazgos cooperativos y consolide una nueva arquitectura de las estructuras institucionales, estudiar la posibilidad de asumir la tendencia de globalización con decisión de crear instituciones de carácter regional que impulsen la tendencia de democratizar las relaciones internacionales.

Estructurar una tendencia a la integración para la solución de los problemas agudos como la migración que se explica de manera preponderante por los diferenciales en el desarrollo, la desigual distribución de los ingresos y la escandalosa mala distribución de la riqueza y el impacto diferenciado de los problemas de carácter climático y las situaciones de epidemias que crean crisis sanitarias, así como el asunto de la violencia de las bandas del crimen organizado que se ha internacionalizado y que tienen un gran poder; la problemática mencionada ha impactado más a la mayoría de los seres humanos, porque además tienen limitaciones marcadas para seguir los protocolos.

Se debe pensar en una tendencia que integre democráticamente a los distintos países creando instituciones mundiales y regionales que alienten la solución de los problemas como una unión política para integrar a los liderazgos cooperativos democráticos, tal sería el caso de crear un banco para toda la América que integre los esfuerzos de desarrollo de la región, con la idea de neutralizar las migraciones posibilitando el desarrollo de los países con el acceso al financiamiento que daría el equivalente a la reserva de los Estados Unidos, un parlamento para toda la América.

En fin, impulsar el acceso a la globalización de manera democrática siempre manteniendo las soberanías de los países y las identidades culturales de todos los pobladores de América, bajo esas formas de reorganización tendría mejores posibilidades de resolver los grandes retos que tiene nuestra sociedad. Desde esa plataforma se podría neutralizar los avances de la pandemia, y eso permitiría generar una recuperación que forje una sociedad mundial al servicio de los intereses de la mayoría de los seres humanos.

Para enfrentar esta delicada situación requerimos de una vital cooperación internacional que permita articular respuestas de salud pública eficaces que se sustente en conocimientos científicos sobre las causas de la enfermedad y las formas de superarla, que se ha constituido en importante herramienta para el acordamiento de las tareas generadas por la pandemia en la predicción y hasta de seguimiento de contactos impulsados por la comunidad.

Debemos estar conscientes que lo intenso del confinamiento ha llevado al empleo amplio de las herramientas tecnológicas de comunicación y se ha constituido en el eje del empleo, el consumo, la oferta interacción y la distribución, además de que las pandemias como las amenazas climáticas son un crudo recordatorio de la importancia de los fenómenos naturales y de la necesidad de garantizar la resiliencia a largo plazo.  

Se creará un sistema nuevo pos Covid-19 en el que obviamente persistirán los problemas que existían antes pero que fueron resaltados por la crisis sanitaria y que se tendrán que asumir para superarlas, tal es el caso de la pobreza tan extendida en el planeta, la desigualdad, la disminución de la biodiversidad, la degradación ambiental, la escasez de agua limpia y, además, las desigualdades de toda la vida. Como tendamos a superar lo que hoy es una cruel realidad se dictará el futuro de nuestras sociedades, de la humanidad entera.

“Las actuales crisis sanitaria y climática son el resultado de un modelo de desarrollo insostenible. Ambas son males públicos globales. Surgen del abuso de la naturaleza y requieren de una acción colectiva y simultánea, y de la cooperación internacional”, subrayó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), durante una conferencia magistral virtual organizada por el Departamento de Desarrollo Internacional de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

El actual modelo de desarrollo, explicó Bárcena, está asociado, entre otras cosas, a una tasa declinante de crecimiento de la producción y del comercio, así como al desacople del sistema financiero; a una elevada desigualdad y la persistencia de la cultura del privilegio; a grandes externalidades negativas, como las emisiones de carbono; y a vulnerabilidades sistémicas que han sido evidenciadas por la pandemia del Covid-19.

En este marco, “la respuesta a la pandemia es una oportunidad para avanzar hacia un gran impulso para la sostenibilidad”, reafirmó la máxima autoridad de la CEPAL durante su presentación titulada “La emergencia climática en América Latina y el Caribe: amenazas y oportunidades para el desarrollo sostenible”,

Durante su presentación, la secretaria ejecutiva compartió algunas de las propuestas de la CEPAL contenidas en el último documento de posición de la institución: Construir un nuevo futuro: una recuperación transformadora con igualdad.

Pero debemos intentar detallar algunos de los rasgos distintivos de la nueva realidad. Debemos asumir que esta crisis es de alarmantes repercusiones, pues presenta una emergencia sanitaria mundial provocada por un virus que aún no terminamos de entender y una catástrofe económica social y cultural que nos hemos autoinfringido como único método para poder hacer frente a la pandemia y con ello lograr contener su propagación.

Y a medida que pasa el tiempo, queda claro que, en gran parte, lo más angustiante de esta crisis no es nada nuevo. La sorprendente variabilidad en cuanto a las infecciones y la evolución de la Covid-19 parece ser el reflejo de las desigualdades económicas existentes. El notable desequilibrio entre el valor social de la labor de los “trabajadores esenciales” y los bajos salarios que reciben, se debe a la conocida falla del mercado para valorar adecuadamente lo que realmente importa.

¿Cuán diferente será el mundo tras la Covid-19? Muchos de los problemas a los que nos enfrentaremos en la próxima década serán simplemente una versión más extrema de los que ya nos acechan hoy. Esta vez, el mundo solo cambiará significativamente si, al salir de esta crisis, decidimos tomar medidas para resolver dichos pro­blemas y llevar a cabo una transformación fundamental.

Los objetivos para la recuperación deben ser el pleno empleo y un nuevo contrato social. La inver­sión pública en economía asistencial, educación e infraestructuras con bajas emisiones de carbono puede constituir el eje del estímulo que reduzca la desigual­dad. La política salarial, la negociación colectiva y la regulación del mercado de trabajo pueden reactivar la demanda y el ingreso; y poner fin al modelo empre­sarial que permite a las empresas no asumir ninguna responsabilidad por sus trabajadores y pocas con respecto a la totalidad de la sociedad.

La deuda debe abordarse mediante un proceso de alivio centrado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y un crecimiento duradero en cada uno de los países. La consolidación fiscal, tan corta de miras, obstaculizó la gestión y reducción de la deuda tras la crisis financiera mundial, y nos dejaría aún con menos capacidad para afrontar crisis sanitarias y económicas futuras.

Cuando la epidemia de Covid-19 se aplaque, recordaremos el mundo como fue y veremos cómo todo ha cambiado.

 Hay muchas incógnitas: ¿cuánto se tardarán en desarrollar y administrar vacunas eficaces?, ¿cuánto durarán el brote y los confinamientos?, ¿es probable que se repitan?, ¿cuáles serán las repercusiones económicas? Aun así, es posible identificar algunos puntos de referencia para un orden internacional tras la Covid-19.

El uso de la tecnología para abordar la pandemia es generalizado: desde la predicción y la modelización de los brotes hasta el rastreo de contactos impulsado por la comunidad. De la noche a la mañana, videoconferencias, escritorios remotos y nuevas plataformas sociales han pasado a ser la base del teletrabajo, una tenden­cia que seguramente persistirá después de que se levante el confinamiento. La digitalización de los servicios —tele salud, educación en línea, transferencias monetarias y asistencia de emergencia a los vulnerables— ha sido la base de las respues­tas de los países.

La necesidad de realizar pagos sin contacto físico está impulsando el uso de medios digitales en lugar de efectivo, y la digitalización de los modelos empresariales y las cadenas de suministro está cambiando el aspecto del comercio y la distribución.

La tecnología podría ser esen­cial para crear nuevas fuentes de crecimiento, aumentar la productividad y ayudar a trabajadores y empresas en su transición y adaptación a un nuevo mundo. En el mundo digital pos Covid-19, es esencial apro­vechar las ventajas que ofrece la tecnología sin dejar de lado a nadie.

Las medidas relacionadas con el cambio climático y la sostenibilidad adquieren una prioridad renovada, coincidiendo con la aplicación de paquetes de estímulo fiscal para poner en marcha la recuperación económica. Las inversiones en infraestruc­tura resiliente al cambio climático y la transición a un futuro con menos emisiones de carbono pueden impulsar significativamente la creación de empleo y la formación de capital a corto plazo, y a la vez acrecentar la resiliencia económica y ambiental.

Estas inversiones podrían incluir la construcción de infraestructuras de energías renovables y carreteras y estructuras más recipientes, la ampliación de la capacidad de la red eléctrica, la modernización de edificios y el desarrollo y la aplicación de tecnologías para descarbonizar las industrias pesadas. La transición a una economía con menos emisiones de carbono es una tarea abrumadora pero imprescindible, y debemos afrontar el problema colectivamente.

La automati­zación, conjuntamente con la recesión de la Covid‑19, está creando un escenario de “doble perturbación” para los trabajadores. La adopción de tecnología por parte de las empresas transformará las tareas, los puestos de trabajo y las competencias de aquí a 2025. Aproximadamente el 43% de las empresas encuestadas al respecto, indicaron que están preparadas para reducir su fuerza laboral debido a la incorporación de tecnología; el 41% tiene pensado recurrir más a contratistas para tareas especializadas, y el 34% planea ampliar su personal como resultado de las nuevas tecnologías. Dentro de cinco años, los empleadores dividirán el trabajo entre humanos y máquinas prácticamente por igual.

Al evolucionar la eco­nomía y los mercados laborales, surgirán nuevas funciones en la economía asistencial en ámbitos tecnológicos (como la inteligencia artificial) y en carreras relacionadas con la creación de contenidos (como administrador de redes sociales y redactor de contenidos). Las nuevas profesiones reflejan la mayor demanda de empleos en la economía verde y la economía de los datos y la inteligencia artificial y los nuevos trabajos en ingeniería, informática en la nube y desarrollo de productos. Estos trabajos prometedores subrayan que la interacción humana sigue siendo importante en la nueva economía, como son las funciones en la economía asis­tencial, en marketing, ventas y producción de contenidos y en los empleos que dependen de la capacidad de trabajar con distintos tipos de personas de diferentes entornos.

Los empleadores consideran que en los próximos años crecerá la importancia del pensamiento crítico, el análisis y la resolución de problemas, aunque estas ya han sido citadas reiteradamente en ediciones anteriores de la encuesta. Las nuevas habilidades que se observan este año están relacionadas con el auto­control, como el aprendizaje activo, la resiliencia, la tolerancia al estrés y la flexibilidad. Los datos disponi­bles a través de las mediciones procedentes de LinkedIn y Coursera nos permitieron identificar con una gra­n claridad sin precedentes los tipos de competencias especializadas necesarias para los empleos del mañana.

De los trabajadores que conser­varán sus puestos en los próximos cinco años, prácticamente la mitad necesitará capacitarse en nuevas competencias básicas. La encuesta también concluye que el sector público debe ofrecer un mayor apoyo para que los trabajadores desplazados o en riesgo adquieran nuevas competencias o mejoren las que ya poseen. Actualmente, solo el 21% de las empresas afirma poder acceder a fondos públicos para apoyar a sus empleados con iniciativas de perfeccionamiento profesional.

El sector público debe proporcionar incentivos para inver­siones en los mercados y empleos del mañana, ofrecer redes de protección más sólidas para los trabajadores durante la transición de un empleo a otro, y emprender mejoras de los sistemas de educación y capacitación que han quedado postergadas durante mucho tiempo.

Aproximadamente el 84% de los empleadores está preparado para digitalizar con rapidez los procesos de trabajo, lo que incluye una expansión significativa del trabajo a distancia. Los empleadores afirman que el 44% de su fuerza laboral tiene la posibilidad de trabajar a distancia. Sin embargo, el 78% de los empresarios espera cierto impacto negativo sobre la productividad de los trabajadores, y muchas empresas están adoptando medidas para facilitar la adap­tación de sus empleados.

Después de lograr contener y de ser posible erradicar la pandemia, lo que significa la estructuración de un método para curar a los infectados por el coronavirus al contar con la vacuna contra la epidemia y paralelamente recuperar un ritmo de recuperación de lo económico y de todas las actividades de la sociedad, tendremos una profunda transformación de las formas que integran nuestro modo de vida y en México se tendrá que continuar con la transformación de nuestro país logrando que sea vigente el estado de derecho desmantelando el entramado que lo mantuvo secuestrado por las elites neoliberales.

Se debe impulsar un proceso transformador que erradique las prácticas de corrupción en el sector público, así como la corrupción impulsada y protegida desde el aparato gubernamental, mejorar nuestro sistema de salud, educativo, económico cultural y de justicia. En fin, en medio de este complejo panorama que ya anuncia el inicio del final de la crisis generada por la pandemia y lo que ya desde hace tiempo no funcionaba, México tiene que replantear algunas de las estrategias de transformación, pero deberá reforzar la energía de las fuerzas progresistas y así lograr un México más justo más próspero y una mejoría en los niveles de vida de los mexicanos. Ese será el perfil de nuestra deseable nueva normalidad.


Encuesta