Crónica de una vacunación caótica e injusta

Viernes, Febrero 26, 2021 - 13:17

Llegaron más personas de las planeadas, se vendieron turnos y miles se fueron sin vacuna

Periodista egresada de la UNAM, especializada en temas relacionados con política mexicana, derechos humanos, religión y migración publicados en diversos medios nacionales. Actualmente cursa el doctorado en Sociología por la BUAP.      .

Cuando escuché que aplicarían la vacuna Covid 19 en el municipio de San Andrés Cholula, consideré que sería bueno irme a formar para que inoculasen a mi padre, un hombre de 75 años y con diversos padecimientos crónicos. La jornada fue caótica, llegaron muchas más personas de las planeadas y al final, miles se fueron con las manos vacías.

Llegué a eso de las cinco de la mañana al módulo de vacunación que se colocó en Centro Escolar de San Andrés (Cedat). Para ese momento quizás eran 800 personas en la fila. Con cobijas, sillas hasta casas de campaña, muchos eligieron quedarse desde el día anterior. El frío era espantoso, pero todos estábamos ahí con la esperanza de que vacunaran a los adultos mayores de la casa.

A las ocho ya había miles los formados. La fila medía unos dos kilómetros de distancia. El sol comenzó a quemarnos. Para entonces, decenas de personas iban y venían, la sana distancia por momentos se perdía. Puedo decir que todos tenían cobre bocas, salvo raras excepciones.

Pero el caos comenzó cuando abrieron el módulo y comenzó la inoculación. A las 9 se rumoraban todo tipo de noticias, que trajeron 800 vacunas y ya no alcanzaríamos. Comenzamos a avanzar lentamente en la línea. Dieron las 11, las 12, la una de la tarde y salió un médico a contabilizarnos y a decir que no habría para todos. Que sólo había 600 dosis.

A la 1.30 pm, les notificaron a los que llegaron a las 5:30 de la mañana que ya no alcanzarían vacuna. Centenares se fueron. Pero miles siguieron con la esperanza de alcanzar su dosis.

La fila avanzaba muy casi nada. Ya teníamos casi 8 horas y todavía no nos acercábamos a la puerta.

Lo que estaba ocurriendo es que decenas de personas se estaban metiendo hasta adelante. Muchos apartaron lugares y llevaron tres, cuatro, cinco  o hasta 10 personas. De plano hubo una persona que llevó como a 20 viejitos que se veían de algún asilo de la zona de Angelópolis.

Eso de que primero los pobres (como siempre presume nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador) no se observó así porque para empezar San Andrés Cholula es el municipio que concentra a la población de mayores ingresos de la zona conurbada. A leguas se veía que muchas personas mandaron a sus choferes y empleados a apartar el lugar. Adelante de mí, estaban dos choferes que llegaron a las 3 de la mañana. Entre los dos cedieron turno a 7 personas.

Pero el peor escenario no fue ese. Sino el de señoras que fueron el primer día y el segundo día a apartar lugares para venderlos. Detrás de mí, una señora, que nos dijo que vendía ropa usada, apartó turno para 6 personas que dijo que eran sus primos. Pero no eran sus familiares. Lo hizo para ganar dinero. Porque aceptémoslo, la aplicación de la vacuna sin orden y sin logística efectiva se traduce en una mina para verdaderos depredadores que buscan oportunidades de ese tipo. Es el rostro de la pobreza.

A las 2 de la tarde, los servidores de la nación volvieron a salir para avisar que sólo les quedaban 130 dosis. Y nuevamente hicieron un conteo. Mi padre tenía el lugar 104. Así que ya teníamos asegurada su aplicación. Pero detrás de nosotros había no menos de mil personas que tuvieron que irse con las manos vacías. Se vieron escenas de gritos, pleito, peleas. Imperó el caos.

El convocar a 4 días de vacunación, sin ponerlo por orden alfabético y aplicar dosis no sólo a los de San Andrés Cholula, sino a personas de cualquier municipio convirtió la jornada en una olla de presión. Tanto el módulo en el que mi padre y yo estábamos, como los otros 6 módulos, acabaron con las 13 mil dosis que se habían programado para San Andrés Cholula.

Cuando entramos a la zona de vacunación, los servidores de la nación fueron muy amables, casi todos jovencitos entusiastas que tratan de hacer bien su trabajo, pero bajo órdenes y mandos que, realmente, no tienen idea de una buena organización.

A las 4 de la tarde, mi padre recibió su primera dosis de Pfizer. Doce horas de fila, sin comer y con mucha incomodidad, valieron la pena. Me dieron ganas de llorar, pero me iba a ver medio cursi, así que aguanté la lágrima.

Le pidieron a mi padre que permaneciera 30 minutos en observación. Y mientras eso sucedió, me senté a descansar en el patio y observé como un señor le pagaba $300 pesos a un hombre que llegó, como yo, a las 5 de la mañana. Había metido en la fila a 5 personas. Nuevamente, me repetí, ¿por $300 pesos le quitaste su turno a 5 viejitos?, esa duda quedó repicando en mi mente por horas. Es el rostro de la pobreza.

Esa fue mi experiencia ayer, durante el segundo y último día de vacunación en la zona metropolitana de Puebla. Pero no se preocupe, a cuenta gotas, pero irán llegando más dosis. La semana que entra llegarán más. Tome sus previsiones. Tómelo con calma. Esperemos que esta mala práctica sirva para que mejore la organización poco a poco.

Si tiene alguna duda, escríbame. Me interesa mucho su opinión. norcudi@gmail.com


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