La ilusión de una maestra en la SEP (1)

Lunes, Enero 11, 2021 - 10:09

Poco cambiará en el sistema educativo por el arribo de una profesora a la SEP

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

Cuando escuchamos al ministro de educación…hablar por los medios de comunicación sobre lo que hace el ministerio, usualmente se trata de presentaciones interesantes y convincentes, alineadas con lo que el sentido común educativo aconseja. Pero cuando uno escucha a un director o profesor escolar hablar sobre los problemas del sector educación, hablando desde el terreno en el que deben aterrizar los dichos del ministro y los funcionarios, éstos  señalan los numerosos problemas que hacen que las buenas intenciones no se conviertan en realidades. 

¿Miente el ministro? ¿Miente el director? No necesariamente, ninguno de los dos. El Ministro …habla de las visiones, planes y propuestas para el conjunto de las…escuelas…que se rigen por una misma ley, reglamentos, normas específicas y asignaciones presupuestales, que en las simulaciones del modelo teórico darían buenos resultados. El director o profesor habla de su escuela o aula específica, a la que todas esas buenas intenciones no llegan o  lo hacen distorsionadas por las realidades geográficas, culturales, logísticas, administrativas, burocráticas y las propias limitaciones de quienes deben dar y recibir capacitaciones o recursos de apoyo didáctico.  

León Trahtemberg.

https://www.trahtemberg.com/articulos/2707-entre-ser-ministro-y-ser-profesor.html

 

            Saludo con gusto y esperanza a los cinco lectores de este espacio dedicado a opinar y reflexionar sobre diversos temas educativos que hoy reanuda su presencia semanal en E-Consulta, medio al que agradezco nuevamente la oportunidad de comunicarme desde hace ya casi diez años -se cumplirán en agosto próximo-con todas las personas interesadas en este campo que es, como dice el filósofo Fernando Savater, el único medio para romper la fatalidad que impone la desigualdad social a millones de niños y adolescentes en todo el mundo.

            El tema casi obligado de hoy es el ya próximo relevo en la Secretaría de Educación Pública federal, que será ocupada por la Mtra. Delfina Gómez Alvarez en cuanto el actual secretario, Esteban Moctezuma Barragán obtenga el beneplácito del nuevo gobierno estadounidense y la aprobación del Senado de la República para ocupar el cargo de embajador de nuestro país en Washington.

            Cuando el presidente anunció de manera muy anticipada su decisión sobre este relevo el 21 de diciembre pasado, argumentó como uno de los factores centrales, tal vez el más relevante el hecho de que una profesora ocupe la cartera que tiene la responsabilidad de conducir la educación en el país, tanto por ser mujer -es apenas la segunda mujer en ocupar este cargo después de Josefina Vázquez Mota en el sexenio del presidente Calderón- como por su formación como docente.

            Las reacciones que pude observar y revisar en los medios de comunicación y las redes sociales fueron en general de beneplácito y alegría porque finalmente –llevo todos los años de mi carrera académica en el campo escuchando esta queja- se nombraba a una docente para dirigir la educación nacional.

            El supuesto que está detrás de estas reacciones de júbilo -y de las peticiones que como dije llevo escuchando más de treinta años- es que los secretarios del ramo educativo no pueden hacer un trabajo eficiente y pertinente porque no son profesores y por ello no conocen la realidad de las aulas y son incapaces de comprender el contexto escolar. Por consiguiente, el cargo de responsable de la SEP debe ocuparlo un docente porque es alguien que conoce estas realidades y las ha experimentado de manera directa.

            Este es casi un clamor por parte de los educadores que hoy ha sido satisfecho por la decisión presidencial. Pero cabría preguntarse si el ser profesor es una condición necesaria y suficiente para poder hacer una gestión exitosa del Sistema Educativo Nacional (SEN).

            Para tratar de responder, planteo un par de ejemplos que pueden ayudar a sostenter mi respuesta negativa a esta pregunta.

            En los cursos de inmersión a los programas de doctorado en educación que yo he coordinado y en los que sigo participando insistimos mucho en plantear a los aspirantes, en su mayoría docentes, que para poder realizar con éxito un doctorado que busca formar investigadores educativos tienen que cambiar su estructura de pensamiento como profesores -orientada por la inteligencia de sentido común de carácter práctico que se ocupa de resolver problemas particulares y concretos- para desarrollar una estructura mental de investigador y tratar de buscar las relaciones entre datos y variables con un horizonte de generación de conocimiento de largo aliento y no con el objetivo de resolver un problema concreto.

            De modo que un buen docente no es necesariamente un buen investigador por más que viva en carne propia determinados problemas educativos que pueden ser objeto de investigación.

            En su libro Andante con brío. Memoria de mis interacciones con los secretarios de Educación (1963–2006), el Dr. Pablo Latapí Sarre plantea que el problema por el cual las decisiones de política educativa no toman en cuenta casi nunca el conocimiento generado por la investigación educativa es que el esquema mental y la lógica de un investigador no coincide ni es entendible por un funcionario público que piensa en términos más globales, prácticos y políticos y está condicionado por múltiples restricciones de la realidad del contexto, lo cual difiere del pensamiento lógico, sistemático, racional y pausado del investigador.

            De manera que un excelente investigador educativo, que ha construido conocimiento sobre las realidades educativas tampoco es necesariamente un buen funcionario público en el campo educativo.

            Como plantea el epígrafe de este artículo, tomado del caso del Perú, si escuchamos los planteamientos de un ministro de educación y los de un maestro o un director escolar sin duda serán muy distintos y sin embargo no podemos decir que uno de los dos esté mintiendo o sea equivocado. Se trata simplemente de que hay lógicas distintas: la del profesor o el director es una visión concreta y particular referida a la realidad de su aula y de su escuela específicas mientras que la del ministro es una racionalidad que tiene que pensar en lo global, en las posibilidades reales de aplicación de una política general para todas las escuelas de un país, regido por una ley común y por reglamentos, presupuestos limitados y restricciones diversas.

            De manera que lamentando no sumarme al entusiasmo generado por este cambio y sin dejar de otorgar el beneficio de la duda a la nueva secretaria, tengo muy pocas expectativas de que las cosas cambien en nuestro sistema educativo por el hecho de que una profesora asuma la responsabilidad de la SEP.

            Independientemente del perfil y trayectoria de la Mtra. Gómez, ser profesor (a) aporta sin duda una sensibilidad, un campo de experiencia y conocimiento práctico sobre lo que se vive en ciertos contextos escolares, pero para realizar una gestión al frente de la SEP que esté a la altura de los desafíos que plantea la realidad nacional y mundial para la formación de los futuros ciudadanos se requiere una estructura mental, una racionalidad y una visión estratégica amplia que no es necesaria para ser un buen profesional de la docencia.

 

 


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