La ineditud histórica de 2020

Martes, Diciembre 22, 2020 - 16:27

El 2020 pasará a la historia probablemente como el más inédito de nuestra aventura humana

Politólogo, profesor investigador de ciencias políticas de la Ibero Puebla

¿Qué hace historia? ¿quién hace historia? ¿cómo se hace historia? ¿dónde se hace historia? La historia nos ha construido al mismo tiempo que nosotros le ponemos contenidos a la historia. El año que está por terminar pasará a la historia probablemente como el más inédito de nuestra aventura humana, tanto por sus implicaciones humanas y personales como por sus impactos en todas las dimensiones de la vida social.

En nuestros diez mil años de historia social nunca tantas personas, más de cinco mil millones, habríamos vivido algún tipo de confinamiento social. Países ricos y países pobres hemos aplicado el mismo remedio a la Covid-19, la cuarentena, un remedio inventado en la edad media ante las pestes. Entramos al siglo XXI con la mayor revolución tecnológica de la historia, con increíbles innovaciones de inteligencia artificial, pero un virus zoonótico nos mostró no sólo la fragilidad humana sino la mentira antropocénica de que podemos dominar la tierra y sus bienes naturales como nos plazca.

Coincido con los científicos que afirman que los coronavirus son el resultado de nuestra obsesión depredadora por destruir los ecosistemas a cambio de acumulación de capital. En México lo vemos más cerca cuando los ejidos de comunidades pobres se convierten en negocio para políticos y desarrolladores inmobiliarios que terminan convirtiendo esa tierra antes cultivable en la fiebre del ladrillo, fraccionamientos de lujo cuyo metro cuadrado se cotiza en dólares. Por lo tanto, la industria agroalimentaria se hace cargo de millones de bocas ansiosas de comida, convirtiendo a las vacas, los cerdos y las aves en verdaderas fábricas de virus al estar alimentados de antibióticos y hormonas.

La Covid-19 vino a desnudar lo que somos y lo que hacemos. Como el neoliberalismo convirtió todo en mercancía, los servicios públicos fueron dejados a su suerte. Asalta sin avisar la única pandemia mundial que hemos experimentado y no hay servicios de salud ni infraestructura sanitaria que funcione como bien público. Cada quien, según sus posibilidades, se las arregla. Unos viven la cuarentena con confort y seguridad, otros con la muerte de familiares y amigos, otros más no la viven pues integran el vasto sector de la economía informal que no puede parar, el diez por ciento de la población no cree aún en el virus, y un sector nada despreciable de la población ha preferido seguir la vida como si nada extraordinario estuviera pasando, abarrotando centros históricos y plazas comerciales.

Hemos experimentado que los liderazgos políticos están rebasados, sea por ineptitud, ignorancia o por intereses políticos y económicos, pero también los liderazgos empresariales, sociales y educativos están a prueba. La coyuntura de este coronavirus fue la ocasión propicia para que 81 millones de votantes norteamericanos echaran de la presidencia a Trump y su liderazgo tóxico, pero ha sido también el ejemplo vivo de un estilo de gobernar cínicamente perverso que fue apoyado por 75 millones de votantes. En este contexto global han sobresalido los liderazgos políticos femeninos en Nueva Zelanda, Alemania, Taiwán e Islandia, logrando contener los efectos del virus en sus sociedades al mismo tiempo que abriendo los sectores de la economía.

Confirmamos que las catástrofes, las crisis, las emergencias, los acontecimientos que alteran el acontecer cotidiano de una sociedad, son también grandes laboratorios sociales. Por ejemplo, en Asia se experimentó la biopolítica digital como control social y se expanden por todo el mundo las fake news y las deepfakes como apatía a la realidad y época postfáctica. En este sentido, hemos vivido la pandemia con el reino de las redes sociales que lo mismo han sido útiles para comunicar, unir y construir que para difamar, odiar, confundir, desanimar.

El Papa Francisco aprovechó esta ineditud histórica para obsequiarnos Fratelli Tutti y el Pacto Educativo Global, dos cartas de navegación que si la humanidad las siguiera, aunque sólo fuera un poco, sería más humana y estaríamos más lejos de otra pandemia global que lo que estamos de la próxima. Las aportaciones de Francisco son en el terreno no sólo de la reflexión sino de la praxis y plantean un modo de proceder de responder con esperanza y convicción humanizante a los tiempos difíciles y desmoralizadores.

López Obrador termina el año con un promedio de sesenta por ciento de apoyo popular a su gobierno pero con muchas contradicciones en su equipo de gobierno y en su partido. La única ventaja que tiene es que su oposición no sólo carece de legitimidad para capitalizar los errores de la autollamada 4T sino que ha caído en la trampa de formar una alianza PAN, PRI, PRD, para las próximas elecciones, cumpliendo de facto todo lo que se había dicho sobre estos partidos, es decir, que son lo mismo o representan lo mismo, y que son justamente los tres, los que en el último sexenio contribuyeron al estado fallido que es nuestro país en muchos terrenos de la vida pública.

La vacuna contra la Covid 19 parece una pequeña luz en medio de la oscuridad, pero no será ni pronta ni expedita. La normalización de la vida social no volverá, regresaremos en otras condiciones y a otras condiciones. Gradualmente la presencialidad ganará terreno pero lo hará aún con la incertidumbre de la eficacia de la vacuna y con otros efectos aún no estudiados de este virus inédito.

Se va 2020 como el año de la ineditud histórica. Si estamos vivos y sanos sólo queda ser agradecidos por este regalo. Y en este tenor convendría asomarnos a nuestro papel como ciudadanos y actores históricos. Nos toca contribuir para que 2021 sea un año con más ética del cuidado, con mayores muestras de humanidad frente a los heridos del camino, con mayor conciencia social y con mejores muestras de que algo habríamos aprendido de nuestro encierro pandémico.


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