Guía ética y confusión política

Domingo, Noviembre 29, 2020 - 08:08

La Guía más bien es una traducción y fundamentación moral del discurso de AMLO

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

“No se puede ni separar ni confundir ética y política. Las grandes finalidades éticas exigen, con frecuencia, una estrategia o sea, una política, y la política exige un mínimo de medios y de finalidades éticas, sin por eso reducirse a la ética”.

Edgar Morin. Método VI. Ética, p. 80

https://www.babellibros.com/libro/el-metodo-6-etica_241507

 

            El jueves pasado el presidente López Obrador junto con la comisión que él mismo creó para este fin, presentó la llamada Guía ética para la transformación de México –que puede consultarse en la siguiente liga: https://lopezobrador.org.mx/wp-content/uploads/2020/11/GUIA-ETICA-PARA-LA-TRANSFORMACION-DE-MEXICO.pdf

            Lo primero que llama la atención al revisar la trayectoria de los integrantes de la comisión redactora del documento es que ninguno de ellos tiene como campo de especialidad a la Ética. Tampoco se ve, con la excepción de Margarita Valdés González Salas que es filósofa especialista en ética y derechos de las mujeres y Verónica Velasco, directora de contenidos de Argos que afirma en su perfil en la página de Produ que “…(viene) de la Filosofía pero se dedicó a la Comunicación desde 1986…” que tengan formación en el campo. La mayoría son periodistas de profesión como la misma Velasco, Jesús Ramírez Cuevas –actual director de Comunicación social de la Presidencia-, Enrique Galván Ochoa y Pedro Miguel quien además es poeta y escritor.  y José Agustín Ortiz Pinchetti que es abogado y se ha dedicado a la política.

            El común denominador muy claro de todos ellos es su afinidad político partidista con MORENA y su cercanía personal con el presidente, lo cual seguramente influyó para que el contenido de esta guía sea, más que un texto de ética, una especie de traducción y fundamentación moral del discurso de AMLO.

            De lo anterior surge una pregunta: ¿Se se buscaba realmente generar una guía ética –o incluso un documento de carácter moral, puesto que la primera denominación en la campaña fue la de una “constitución moral”- no hubiera sido lo adecuado formar una comisión de expertos en el tema, que los hay en México en número y con la calidad suficiente para esta tarea?

            La muy breve presentación del documento afirma explícitamente –en consonancia con el discurso reiterado del presidente- que la degradación moral de nuestra sociedad y la pérdida de los valores tradicionales del pueblo mexicano son culpa del régimen neoliberal que detentó el poder en nuestra patria desde los años ochenta del siglo pasado hasta las dos primeras décadas de este.

            Sin negar que el sistema capitalista globalizado propio de lo que llaman neoliberalismo ha generado múltiples y muy profundas distorsiones en las formas de valorar y vivir de la gente en México  y en prácticamente todo el mundo al poner la ganancia económica y el consumo de bienes materiales como las metas más altas de la vida, generando lo que el mismo Papa Francisco ha llamado la “cultura del descarte”, me parece reduccionista y muy simplificador –propio de una visión político partidista y no de un análisis de los comportamientos morales de la sociedad mexicana- decir que todos los males morales se deben a este sistema.

            ¿Es posible y deseable ignorar los niveles indignantes de corrupción que hubo en los sexenios del régimen priísta tradicional, previo a los gobiernos llamados neoliberales? ¿Es socialmente sano desaparecer las desigualdades e injusticias del viejo régimen post-revolucionario que llevaron a las luchas sociales de los ferrocarrileros, de los maestros, de los estudiantes, todos reprimidos por el gobierno en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado?

            Productos de la cultura pública de esos gobiernos del viejo régimen son las frases: “la moral es un árbol que da moras” del tristemente célebre Gonzalo N. Santos o “un político pobre es un pobre político” del muy poderoso y reconocido miembro del sistema priista tradicional Carlos Hank González, por poner solamente dos ejemplos que me vienen ahora a la memoria.

            El bien humano es una historia dice bien Bernard Lonergan, una historia que se va construyendo en la tensión dialéctica entre progreso y decadencia a partir de las intelecciones y las decisiones individuales y colectivas. Ignorar, reducir, simplificar o eliminar alguna parte de esa historia por cualquier razón hace más complicado regenerarla y llevarla a nuevos horizontes.

            Un tercer elemento de mi análisis tiene que ver con el contenido mismo del documento. Se trata del planteamiento de veinte elementos que tocan distintos puntos de lo que los autores –y los grupos consultados según se dice en la descripción del proceso- consideran esencial para mejorar la vida individual y la convivencia social en el país.

            Resulta evidente desde la lectura del índice la confusión entre valores, principios, normas, rasgos humanos y otros elementos que no son ninguno de los anteriores. Si en la presentación se plantea que se van a proponer principios, valores y normas éticas (usando estos términos como equivalentes cuando no lo son), me parece que se debió cuidar cuando menos que en el capitulado se siguiera este planteamiento. Porque mientras la fraternidad o el amor pueden ser considerados principios éticos generales; la gratitud, la dignidad y la vida –o mejor dicho el respeto a la vida- pueden ser considerados valores; el pasado y el futuro, el poder, las leyes o la economía no son ninguno de los anteriores y la redención por ejemplo es más bien un proceso humano pero no un valor ni un principio y menos una norma.

            Optar por una ética de principios y redactar los veinte apartados en tono de consejo no me parecen la mejor perspectiva en un mundo incierto y plural que está precisamente poniendo en duda los preceptos morales considerados universales. El estilo de redacción suena a moralina que difícilmente será aceptable por las nuevas generaciones que están pidiendo fundamentos, razones y respeto a las distintas formas de ver y de vivir la vida.

            Una ética de la responsabilidad sería en todo caso mucho más viable y aceptable si lo que se quiere es contribuir a formar a las nuevas generaciones en una visión moral –o incluso más allá- en una ética que esté a la altura de los tiempos que vivimos.

            Finalmente, el aspecto que me parece más delicado de la generación y distribución de esta muy ambiciosamente llamada Guía ética para la transformación de México es la intención expresada en el discurso del presidente de cumplir con la misión de “moralizar” al país y “purificar la vida pública” como lo ha declarado en reiteradas ocasiones.

            Porque como dice Morin, la ética y la política tienen que tener una relación dialógica pero no pueden ni deben confundirse. La política tiene su propio campo de acción aunque debe tener un referente ético. Un gobernante tiene en todo caso que realizar una visión ética en el nivel de lo que Lonergan llama el “bien de orden”, es decir, en la construcción de un sistema articulado de instituciones que coordinen eficazmente las acciones para hacer que todos los bienes particulares –los satisfactores de las necesidades básicas- lleguen a toda la población. Su tarea es gobernar, no moralizar porque como dice Morin, si bien no se puede aceptar que la ética se diluya en la política porque generaría puro cinismo –como el que vivimos desde hace muchas décadas en el país- tampoco se puede soñar con una política al servicio de la ética y menos aún de una política al servicio de la moralina.

           


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