López Obrador ¡asesino!

Jueves, Noviembre 26, 2020 - 10:03

El mal manejo de la pandemia y las inundaciones de Tabasco son sus grandes fracasos

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Debido a que se denomina asesino a la persona que mata a otra o a otras, sin riesgo para quien comete el asesinato, el título de López Obrador ¡asesino! resultó el más idóneo y preciso que logré para manifestar, en este artículo periodístico, mi indignación y rechazo ─que necesariamente debe ser la misma indignación y el mismo rechazo que deben expresar millones de mexicanos─ a la actitud inhumana, negligente e irresponsable asumida por el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador ante los problemas de la pandemia del Covid-19 y la desgracia premeditada, por él, que sufrieron y continúan sufriendo 300 mil personas que hasta ahora han resentido graves daños en sus casas y en sus enseres domésticos debido a las inundaciones que pudieron evitarse si el gobierno federal que encabeza AMLO hubiera dispuesto oportunamente el dragado de los ríos Grijalva, Samaria, Mezcalapa y Usumacinta.

Al referirse al problema del coronavirus, López Obrador declaró en una de sus prédicas matutinas que “Lo que más (le) importa es que no haya fallecimientos (y) reducir el número de fallecidos... Ahí no tenemos una situación de alarma (que) ha ido bajando el número de fallecidos”.

Declarar que lo que más le importa es que “no haya fallecimientos y reducir el número de fallecidos” es un acto de cinismo y desvergüenza del presidente de la república.

Cinismo y desvergüenza que reconfirmó y reafirmó cuando en el Palacio Nacional exhibió alegremente una camiseta de un equipo de béisbol de Estados Unidos que le obsequió un pitcher mexicano, exactamente el mismo día y casi a la misma hora en que se anunció que el país rebasó la cifra de 100 mil 104 personas fallecidas por la pandemia del Covid-19.

López Obrador siempre ha desestimado la gravedad del Covid-19. Aseguró que era menos peligrosa que la influenza. Para disminuir artificialmente la magnitud de la pandemia ante la opinión pública, los hospitales del sector salud mantuvieron durante mucho tiempo vacías entre el 40 y 50% de las camas de hospital. El presidente de la república, no obstante el incremento cotidiano de la cifra de fallecimientos, se ha ufanado, una y mil veces, en señalar que ha aplanado la curva de la pandemia. Él y su cónyuge, Beatriz Gutiérrez, aseguraron una y otra ocasión que ya se ve la luz al final del túnel. La señora Gutiérrez de López, haciendo alarde de su falta de sensibilidad y su carencia de respeto a las personas fallecidas por causa de la pandemia, el día 25 de julio, cuando el gobierno de López Obrador dio a conocer que la  cifra de personas fallecidas por la pandemia era de 93 mil 433, cometió la estupidez de asegurar que “leer no da coronavirus”. Lo cual implica, tácitamente, que las personas fallecidas murieron de coronavirus por no tener el hábito de la lectura.

 

López Obrador es, admítase o no, uno de los tres responsables de que en México hayan ocurrido ya más de 100 mil fallecimientos y más de un millón de contagios de coronavirus y de los que continúen sucediendo hasta el día que la pandemia se mantenga bajo control, porque su gobierno se negó a aplicar oportunamente las pruebas que hubieran permitido detectar y mantener bajo control a las personas portadoras del virus y con ello disminuir su propagación.

Los otros responsables son el secretario de Salud Jorge Alcocer y el subsecretario y supuesto “científico” Hugo López Gatell.

Un análisis efectuado por el sistema informático Bloomberg sobre la forma como los 53 países de las economías mundialmente más importantes han manejado la pandemia del Covid 19, revela que Nueva Zelanda (con 85.4 puntos en una escala de 100 a 10 puntos) es el país que mejor se ha desempeñado seguido de Japón (85 puntos); Taiwán (82.9); Corea del Sur (82.3) y Finlandia (8.2). El país que ha enfrentado de la peor manera en el mundo el problema del coronavirus es México (37.6) quien ocupa el último lugar en la clasificación.    

Tomar decisiones correctas e inteligentes en el momento oportuno permitió que Nueva Zelanda tuviera solamente mil 504 casos de contagio y 22 fallecimientos por Covid. En México, debido a la irresponsabilidad, negligencia e ineptitud del presidente Andrés Manuel López Obrador ha ocurrido todo lo contrario.

Mientras Japón, con una población de 126 millones 529 mil 100 habitantes semejante a la de México (128 millones 932 mil 753 habitantes)  tiene 135 mil 776 personas contagiadas y mil 963 decesos por Covid, México, con la epidemia aplanada y bajo control ─según la optimista narrativa del presidente López─ el 24 de noviembre alcanzó las cifras de un millón 152 mil habitantes contagiados de coronavirus y de 102 mil 739 fallecimientos, después de implantar un récord mundial de 10 mil 794 contagios en ese mismo día.

De acuerdo a la información estadística proporcionada por la Universidad John Hopkins México ocupa, a nivel mundial, el noveno lugar en materia de contagios y el cuarto lugar en fallecimientos por coronavirus.

Con la obvia intención de calmar, con dinero el natural y lógico dolor que provocó en los familiares de las 102 mil 739 personas que han fallecido por la forma errática e irresponsable con la que López Obrador ha manejado el problema de la pandemia, su gobierno acaba de anunciar que entregará una ayuda económica de 11 mil 460 pesos, por concepto de gastos funerarios, por cada uno de los decesos ocurridos a causa del Covid-19 al 24 de noviembre.

De ser cierto este ofrecimiento, el gobierno habrá de desembolsar mil 177 millones 388 mil 940 pesos del dinero público para que el tribunal que tiene AMLO en el cerebro le mantenga limpia la conciencia para que pueda continuar durmiendo tranquilo.

Como López se niega a enmendar la actitud errónea que ha asumido para enfrentar la pandemia (que él optimistamente llama estrategia), las cifras de contagios y decesos continuarán inevitablemente al alza en perjuicio de la salud y la vida de millones de mexicanos.

La semana anterior el periódico español El País publicó un amplio reportaje (14 páginas) titulado “100,000 muertos en México. Radiografía de un país roto” sobre el problema del coronavirus en México, donde narra algunos aspectos (no todos) de la problemática que han enfrentado personas contagiadas y sus familiares. Describe situaciones que para nadie representan un secreto porque son ampliamente conocidas, dentro y fuera de México, pero provocaron que el presidente López se transformara en rabioso energúmeno.

En su conferencia de prensa mañanera del viernes 20 de noviembre, López Obrador dio la orden para que el vocero de la Presidencia de la República, Jesús Ramírez, leyera un texto impreso en la pantalla que colocan a un lado del presídium matutino que decía: “El País, un periódico otrora serio, hoy tiene los blanquillos de decir que somos un país roto por los 100 mil muertitos por coronavirus (…) hay  que tener los huevos muy azules para llamar a otro país roto (…) rota su …madre.”

De inmediato López se situó frente al micrófono para rematar lo leído por su vocero Ramírez para afirmar que “Hay países (como España) que mantienen todavía afanes colonialistas” y que el periódico El País “se dedicó a proteger a las empresas españolas que recibieron un trato especial en México (de) los gobiernos anteriores y ahora están molestos con nosotros porque ya México no es tierra de conquista”.

Durante su infaltable y típico sermón mañanero del martes 10 de noviembre, mientras las inundaciones continuaban avanzando en la capital de Tabasco y otros municipios aún sin que lloviera, López Obrador, desde su púlpito de Palacio Nacional, pontificó que “tiene la conciencia tranquila (a pesar) que hay una campaña en los medios que no lo quieren y hasta en periodistas que no lo ven con buenos ojos”.

El 6 de noviembre, cuando empezaron a presentarse las primeras inundaciones en diversas poblaciones de Tabasco, el presidente López Obrador en vez de poner en marcha un programa de auxilio a los damnificados, a través de Facebook tuvo la ocurrencia de  decir a sus paisanos que como  “Están creciendo los ríos y sigue lloviendo (…) si viven en zonas bajas, (lo) mejor (es que) busquen refugio en albergues o con familiares (en) casas (situadas) en partes altas. Aunque se afecten (sus) muebles, viviendas y otros bienes, lo importante es la vida, lo material se repone y nosotros les ayudaremos siempre”.

Al día siguiente, durante su momentánea visita a Tabasco, AMLO atribuyó la responsabilidad de las inundaciones, donde han fallecido 8 personas, a la corrupción de los gobiernos pasados que no dragaron los ríos Samaria, El Carrizal, Mezcalapa, Grijalva y Usumacinta.

Convenenciera y mañosamente omitió reconocer que también él es responsable de esas inundaciones porque su gobierno durante 2019 y 2020 tampoco efectuó las obras de desazolve que se requieren en esos afluentes. 

Ante la saturación  de ríos y de la presa Peñitas por las copiosas lluvias ocurridas en Tabasco, López Obrador reconoció que personalmente tuvo que “optar entre inconvenientes no inundar Villahermosa y (que) el agua saliera por el (río) Samaria, por las zonas bajas, desde luego se perjudicó a la gente de Nacajuca, zonas chontales, (a) los más pobres, pero teníamos que tomar una decisión”.  

De ser ciertas estas dos opciones que al decir de López Obrador fueron las únicas que habían para desfogar los caudales de agua, él cometió el error de no dar instrucciones para avisar oportunamente a los ahora damnificados para que se pusieran a salvo con sus principales pertenencias con la finalidad de causarles daños de menor magnitud de los que están padeciendo desde hace más de un mes.

Queda claro que por evitar la inundación de Villahermosa, López Obrador premeditadamente decidió perjudicar a los pobres que tanto dice adorar y son la razón de su lucha política desde hace 18 años.

Bien harían en despertar de su letargo los partidos políticos de oposición y pensar en la forma como se podrían fincar responsabilidades de tipo penal al Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, por su criminal actuación ante la pandemia del Covid-19 y de las inundaciones premeditadas en las regiones de mayor pobreza en Tabasco. ¡Ha cometido asesinatos colectivos!

 


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