Los muertos del presidente

Jueves, Noviembre 5, 2020 - 08:45

Hay una responsabilidad ineludible del presidente y la autoridad sanitaria

Economista, exrector de la UDLAP. ExDirector del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. En 2019 fue candidato a Gobernador de Puebla en las elecciones extraordinarias. Director de Puebla contra Corrupción e Impunidad

La pandemia sigue sin control y las muertes se siguen sumando día a día, sin ver un final previsible. Ya han pasado muchos meses y se conoce mucha información sobre la pandemia y las medidas que se han tomado para enfrentarla. La pandemia ha dejado al descubierto mucho más que el número de fallecimientos por un virus que atacó al mundo de manera despiadada.

La Organización Mundial de la Salud formó, hace varias semanas, un comité internacional e independiente para evaluar la respuesta de la OMS y de instancias nacionales ante la crisis del COVID-19. También en algunos países han propuesto iniciar investigaciones independientes sobre la responsabilidad de sus jefes de estado o autoridades sanitarias en cuanto a su desempeño frente a la pandemia, o han sido llamados a comparecer ante los parlamentos. Tal es el caso del Reino Unido, Suecia, Alemania, Italia, Australia y Francia, entre otros.

En México hace falta una investigación independiente porque el número de muertos directos, más de 92 mil, y de indirectos o no registrados como relacionados por Covid, son en total más de 250 mil muertos. La única razón para pensar que sobra dicha investigación es considerar que desde el minuto uno el gobierno ha hecho todo de manera ejemplar. Que no se podía haber hecho nada más, que el 100% del problema es por el daño letal del virus. Pero si no es el caso, entonces la investigación es necesaria, es indispensable, pues significa que hay responsables directos, e indirectos, por la pérdida de vidas, quizás cientos o miles, que no debieron ocurrir.

¿Cuáles son algunas guías que nos permitirían saber si se necesita una investigación independiente? Una manera de introducirnos al tema, de manera simplemente enunciativa, es preguntarnos si tal o cual acción, o inacción, tiene el potencial de aumentar el número de fallecimientos por la pandemia. La investigación permitiría saber de qué magnitud fue el impacto de cada acción o inacción. Aquí algunas preguntas posibles:

1. ¿Hubiera ayudado a disminuir el número de contagios (y muertos) realizar pruebas o algún tipo de filtro y revisión médica a la llegada de visitantes extranjeros, especialmente de China, Italia y Estados Unidos en las primeras semanas de la pandemia?

2. ¿Hubiera ayudado a contener contagios si se hubiera recomendado a la población desde el día uno el uso de cubrebocas y las demás medidas recomendadas por la OMS?

3. ¿Hubiera convencido a la población sobre la necesidad de cuidarse y seguir las medidas de prevención si el mensaje del presidente de la República sobre la gravedad del virus, en vista de lo que estaba ocurriendo en Europa en los primeros meses de la pandemia, hubiera sido firme, decidido y consistente con el de la autoridad sanitaria?

4. ¿Hubiera sido más conveniente para el control de la enfermedad una estrategia de hacer pruebas, seguir a los contactos y confinar a los infectados en lugar de utilizar el modelo Centinela que se basa en un muestreo que no es ni representativo de la población ni suficientemente grande para ubicar los focos de contagio?

5. ¿Hubiera sido una medida correcta para disminuir el número de fallecimientos de personal sanitario haberles dotado de capacitación, equipo e insumos para su protección desde el día uno?

6. ¿Hubiera sido conveniente para salvar vidas atender a las personas que llegaban a un hospital con síntomas de Covid, hacerles la prueba, y de confirmarse positivo asegurar el seguimiento de su enfermedad, estuviera o no hospitalizado?

7. ¿Hubiera sido conveniente reforzar la atención médica en el sistema de salud de manera emergente para disminuir la tasa de letalidad?

8. ¿Hubiera sido conveniente para disminuir los contagios hacer obligatoria la prevención de la enfermedad, que es el uso de cubrebocas/ sana distancia/ lavado de manos/ evitar concurrencia a lugares con concentración de personas?

9 ¿Hubiera sido conveniente realizar cientos de miles de pruebas para ubicar a las personas enfermas, asegurar la contención del virus, seguir a sus contactos y apoyar económicamente su confinamiento?

10 ¿Hubiera sido una mejor estrategia para la toma de decisiones haber implementado oportunamente el Consejo Nacional de Salubridad, haberlo tomado en cuenta para el diseño de la estrategia, haber escuchado a los expertos nacionales y extranjeros, y haber actuado en consecuencia?

Estas son algunas de las preguntas cuya respuesta iluminaría la investigación que se propone. Si la respuesta a una, a varias o a todas las preguntas anteriores es en el afirmativo, entonces hay una responsabilidad ineludible del presidente, y de quien toma las decisiones sanitarias en el país, por la muerte de cientos o miles de personas que no debieron haber fallecido. Ese número de fallecimientos seguramente será mucho mayor a los de la noche de Tlatelolco, muchísimos más que los 43 normalistas de Ayotzinapa o los 137 fallecidos por las ordeñas de combustible en Tlahuelilpan.

 

Enrique Cárdenas Sánchez

Universidad Iberoamericana de Puebla

Signos Vitales

Puebla contra la Corrupción y la Impunidad

enrique.cardenas@iberopuebla.mx

@ECardenasPuebla

 

 

 

 

 


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