Seis rasgos de una universidad pertinente, relevante y trascendente

Miércoles, Octubre 21, 2020 - 16:19

¿Cómo es una universidad que busca ser pertinente, relevante y trascendente?

Licenciado en Filosofía, Maestro en Pedagogía y Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana

Quiero delinear brevemente algunas características que, a mi gusto, debe tener una universidad que hoy pretenda ser pertinente, relevante y trascendente. 

Por una parte, sé que son pocas las Universidades que verdaderamente ponen al centro a la persona del estudiante, que dejan una huella profunda en su vida y que inciden en la formación de una nueva ciudadanía. 

Por otra parte, sé que la UPAEP es una de ellas; ciertamente no es la única, pero realmente es excepcional en más de un sentido, y este es el fondo que me anima a describir algunos de sus rasgos: relatar que aún hay lugares extraordinarios para vivir algunos de los años más significativos de la existencia.

1. Una buena universidad tiene un ambiente excepcional. Sí, esto es crucial. Desde sus inicios, la universidad fue concebida como el “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (Alfonso X, Siete Partidas, partida II, tít. XXXI). La palabra “ayuntamiento” supone un estar juntos, casi como en una yunta que ara en la misma dirección. 

La universidad ha de ser un lugar de “encuentro”. Encuentro que es motivado por un bien común: la búsqueda de la verdad, la transmisión de la verdad, la conversión de la vida frente a la verdad descubierta. Ese encuentro se da entre maestros y alumnos, maestros con maestros, alumnos con alumnos, de toda la universidad con la sociedad. Un ambiente donde se respira la cultura del encuentro toma en cuenta, valora y respeta las diferencias, saca lo mejor de cada persona, potencia y desarrolla los talentos.

2. Una buena universidad tiene excelentes profesores. Por supuesto, esto se desprende de lo anterior, pues la cultura del encuentro precisa personas comprometidas, competentes y generosas. ¿A quién me refiero con la expresión “excelente profesora” o “excelente profesor”? A alguien que reúna fundamentalmente tres características: dominio de la disciplina que enseña, tanto a nivel teórico como práctico; manejo diestro de las mejores metodologías para suscitar y mediar el aprendizaje de sus estudiantes; un testimonio y coherencia de vida. Y creo que nadie quisiera para su hijo o para su hija a un docente que careciera de una, dos o las tres características. Creo que un “formador” –de cualquier tiempo, pero ahora se vuelve todavía más relevante– lo será en la medida que esas tres características confluyan en él: saber, pedagogía y testimonio.

3. Una buena universidad despierta. “Despertar” es una bella metáfora de muchas cosas que pueden –y deben– ocurrir en la vida de un joven: aprender, generar proyectos, ver críticamente el estado en que se encuentra la vida pública, atender las necesidades sociales, bullir de ideas sobre su profesión, urgir a la acción, experimentar, crear, compartir con los demás. 

Uno puede pasar los años universitarios en un lugar que “adormezca” nuestro intelecto o “anestesie” nuestro altruismo; para mí esos lugares o “universidades patito” –más allá de su nula calidad o malas instalaciones– multiplican una tragedia: enterrar en el sueño profundo los anhelos y ansias de una generación de jóvenes. Aquella escena de Matrix donde Morfeo pide a Neo elegir entre la pastilla roja o la azul, con tan distintas consecuencias, no es ni tan descabellada ni tan utópica como parece.

4. Una buena universidad habilita y acompaña proyectos de vida. Puedo decir que, hoy por hoy, es una de las características que veo más ausentes en las grandes universidades. Casi no hay momentos, personas y procesos de acompañamiento personal para conocer a cada joven, valorar sus talentos, potenciarlos, encauzarlos. Estamos cayendo en una “masificación” de la enseñanza –presencial u online– que no atiende a las peculiaridades de cada joven, y mucho menos los acompaña con variados procesos de tutoría o mentoría que, con auténtica amistad y sincero interés, hagan crecer al otro. Sin este ingrediente secreto –el acompañamiento personal–, yo soy de la idea de que es mejor inscribirse a tanto Mooc como sea posible, que asistir a las aulas: a fin de cuentas, tan despersonalizados unos como otros, pero los primeros son más baratos.

5. Una buena universidad es seria, es decir, no ofrece lo que no puede dar y ofrece muy bien lo que sí puede dar. ¿Su hijo quiere estudiar ingeniería, medicina, diseño, etc.? Que visite primero los laboratorios. Si la universidad es “seria”, tendrá los ecosistemas de aprendizaje idóneos, si no lo es, no los tendrá. ¿Tener una sala de juicios orales es opcional para una universidad que ofrece la carrera de derecho? ¿Tener una clínica con tecnología de punta es optativa para quienes quieren realmente aprender odontología? ¿Contar con una buena biblioteca, conectada a las mejores bases de datos, es accesorio? ¿Tener una plataforma tecnológica potente para la gestión del aprendizaje es cosa menor? ¿No será que ya nos acostumbramos a que, así como compramos artículos chinos muy baratos pero que prácticamente no duran por lo chafas que son, ese mismo modelo lo estamos trasladando al conocimiento y a la educación?

6. Una buena universidad ayuda a madurar. ¿Debiera ser esta una característica esencial de una universidad? A mi gusto no, pero los tiempos así lo exigen. La adolescencia se dilata cada vez más. La experiencia nos dice que no podemos presumir criterio y madurez sólo por tener una credencial del INE. No obstante, una buena universidad acoge este desafío y subsidiariamente ayuda a las familias a esta tarea. Los jóvenes hoy precisan responsabilizarse más, ser más sensibles a su entorno, desenchufarse de su dispositivo para enchufarse a la realidad… cierto, hoy también ellos tienen características fabulosas que otras generaciones pasadas no tuvieron y que hay que saber aquilatar y potenciar. 

Una de las mejores conquistas, pues, que hoy puede lograr un joven es alcanzar un grado importante de madurez, reflejado en compromiso, descentramiento, inquietud constructiva, forja de ideales, adquisición de hábitos, introducción a la vida democrática, fragua de relaciones profundas y saludables. ¿Se puede hoy ser una buena universidad sin acoger este desafío y sin buscar la formación integral? ¿Se puede atender sectorialmente sólo la dimensión cognitiva o de habilidades profesionales de nuestros estudiantes?

Director de Innovación en Modalidades Educativas de la UPAEP


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