La balcanización de Morena

Miércoles, Octubre 14, 2020 - 10:47

No aprendió nada de por qué los partidos tradicionales fueron enterrados electoralmente

Politólogo, profesor investigador de ciencias políticas de la Ibero Puebla

 

Juan Luis Hernández*

 

Si algo nos dejó la guerra de los Balcanes en la antigua Yugoslavia fue la categoría “balcanización”, caracterización de un conflicto agudo, sordo, de guerra civil, de odio sin límites, de callejón sin salida, entre quienes se supone son parte de una identidad colectiva. No encuentro otra categoría para describir lo que pasa actualmente en Morena. Este simulacro de partido político vive una balcanización que demuestra que no ha aprendido nada de por qué los partidos tradicionales fueron enterrados electoralmente.

Los partidos políticos en México, comparten el sótano de credibilidad institucional junto con los policías, los diputados y los senadores. En nuestro país esa baja estima de los ciudadanos por los partidos políticos está muy bien ganada. Por un lado, los partidos mayoritarios terminaron siendo plataformas para hacer mega negocios, muy rápido fueron infiltrados por intereses particulares, empresariales o incluso del crimen organizado. Los partidos no mayoritarios se configuraron en partidos familiares que no les interesó gobernar, pero sí sostener un ingreso millonario anual y en elecciones ser la rémora de los partidos grandes.

Al final del camino, unos y otros terminaron representando sus propios intereses partidocráticos y construyendo una distancia considerable con los ciudadanos. La izquierda partidaria se ha hecho históricamente de facciones, de tribus y familias políticas enfrentadas entre sí. La primera vez que los partidos de izquierda participaron en unas elecciones en México fue en las elecciones intermedias de 1979 luego de la famosa reforma política de Reyes Heroles que abrió el sistema de partidos para ganar unos pasos de legitimidad a un priato cerrado. Y en dichas elecciones la izquierda acudió disgregada, dividida, hasta que en 1989 el PRD significó la primera opción unificada que treinta años después enfrenta peligro de extinción.

Morena pertenece a la ola de partidos políticos nuevos cuyas apariciones obedecen esencialmente al vaciamiento de los partidos hegemónicos. En todo el mundo, los partidos políticos hechos al “cuarto para las doce”, antisistémicos, capitalizadores del malestar social frente al statu quo, tomaron el poder gracias a hiperliderazgos, dejando a dichos partidos sólo como marcas, referentes simbólicos o simples plataformas con algunos contenidos. Morena es la disidencia lópez obradorista del PRD, pero esencialmente es un polo de intereses contrapuestos. Este polo de familias políticas antagónicas las unió López Obrador ante el incentivo de lo que representaba ganar la presidencia de la república. Fue útil para encauzar la rebelión de los electores en 2018, pero no está sirviendo para gobernar.

La guerra civil que protagonizan estruendosamente Muñoz Ledo y Delgado, se multiplica por cada uno de los estados y en Puebla tiene su lucha local con el enfrentamiento entre la alcaldesa poblana, el líder del congreso y el gobernador. Desde lo nacional hasta lo subnacional, los conflictos de Morena son de tal envergadura que se están utilizando las instituciones, sobre todo las arbitrales (INE, TEPJF), para llevar hasta ese terreno, la eliminación del contrario. Esta lucha sorda, pública, con características de reality show, es apreciada por el PRI y el PAN como una buena oportunidad para recuperar terreno y escaños.

Morena no es aún partido político, ni tampoco movimiento social. Su baja institucionalidad, la ausencia de presidentes o dirigencias partidistas en 17 estados, y la inoperancia en diez estados más, muestran que el partido que creó López Obrador para ganar la presidencia, parece haber sido sólo eso, un instrumento para tomar el ejecutivo federal, pero no una apuesta para que se convierta en el partido gobernante.

Morena no se comporta como partido en el gobierno ni con la responsabilidad que conlleva. Hasta ahora, sorprende que López Obrador no haya metido las manos para evitar la balcanización del partido que se supone le ayuda a gobernar desde los congresos. ¿Con este partido piensa ganar la mayoría en la cámara baja y la mayoría de las gubernaturas el próximo año? ¿no está en el imaginario del presidente hacer otro partido? ¿un partido desde el poder como en su momento lo fue el PNR? Veremos en qué medida esta balcanización le pasa factura competitiva al todavía partido del presidente.

*Politólogo y Director General del Medio Universitario de la Ibero Puebla.


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