Los Cronistas y el patrimonio cultural

Viernes, Octubre 2, 2020 - 08:32

El cronista debe preguntar, investigar, escribir y dar a conocer

Internacionalista, Historiador y Comunicador. Ex Presidente Nacional de los Cronistas de Ciudades Mexicanas. Cronista de Tepeaca, Puebla. Ha escrito más de 10 libros sobre historia regional. Catedrático en diversas instituciones Educativas, Director de Radio Tepeaca.com  

Esta vez deseo comentar algunas de las funciones y actividades que debe realizar el Cronista de una ciudad, de una población de un barrio, de una colonia, de una institución... Esto a propósito del interés manifiesto por algunos lectores, respecto a qué pueden hacer los cronistas por el cuidado y la atención del Patrimonio Cultural tangible e intangible de nuestras comunidades.

Para su servidor, el aporte del cronista obedece a una de esas características en su función, que es la de puntualmente velar y custodiar la pertenencia cultural en todos sus ámbitos. El cronista no solo debe escuchar y/o transcribir lo que le dicen o lee. El cronista debe preguntar, investigar, escribir y dar a conocer. El cronista debe entregarse con pasión a su labor, instruyendo, enseñando y por encima de sus propios intereses,  -que no debe de tener-, poner los intereses de la comunidad. Es decir, debe ser el conducto de la trasmisión de la historia local para con la niñez y la juventud de su lugar de origen y a su vez el puente creíble de esa información para con toda la sociedad.

Pero el cronista, ese que desde el año 2001, al menos en el estado de Puebla tiene ya un respaldo en la ley, al aparecer la figura jurídica en la fracción XLIX del Art.78 de la Ley Orgánica Municipal. Debe y entiéndase que no es por contravenir la norma, ni mucho menos el logro de tener esa certidumbre legal. Promover y defender el patrimonio cultural de nuestros pueblos. Cierto es que los cronistas continuaremos en la lucha permanente por ampliar nuestra figura jurídica dentro de los ayuntamientos. Pues no debemos estar sujetos a la voluntad del presidente municipal en turno, como hoy se interpreta en la ley. Porque el cronista no debe ser un empleado de confianza del ayuntamiento. Debe ser por el contrario un órgano consultor. Que haga valer su opinión, pero no supeditado a los caprichos de las autoridades en turno. El cronista se forja en el trabajo cotidiano; va ganándose su lugar a través del tiempo; el cronista no se hace de la noche a la mañana; el cronista es el investigador local, de las cosas antiguas y actuales del lugar o institución que representa. En esencia es el custodio, el notario de la memoria histórica de las instituciones y de los pueblos. Por ello su labor es honorífica, pues debe prestar sus conocimientos, sin esperar retribución alguna. 

El apoyo económico que pueda recibir por su labor, será bien recibido en la medida en que responda con su trabajo, que además podrá medirse, evaluarse y en base a ello contribuir sí, pero, para fomentar sus investigaciones, sufragar sus viáticos en viajes de estudio o del fomento al dar a conocer a su población. Patrocinar sus investigaciones hasta verlas tangentes en libros, en paginas webs, en artículos periodísticos, en conferencias etc.

Al cronista se le debe estimular pero también se le debe exigir. Por lo apasionante que es la actividad, a mayor trabajo, mayor satisfacción. El cronista es un servidor de la sociedad. Se debe a ella y con demasía debe retribuirle información, conocimientos, memoria histórica, y fomentarle el amor a las cosas nuestras. Deberá en síntesis, terminantemente promover el cuidado por el patrimonio artístico y monumental, y por sobre todo fomentar la identidad cultural y social de nuestros pueblos e impulsar el arraigo a nuestra tierra.

Decimos esto porque el cronista debe cuidar y proteger el patrimonio cultural de su comunidad... entiéndase, el de su entorno inmediato, pues.

Pero como entiende el cronista –esta vez el de Tepeaca-, lo ¿qué es el Patrimonio cultural y su protección? El patrimonio cultural como concepto nació en el siglo XIX, como parte integrante del proceso de creación del Estado-Nación que tenia como fin homogenizar a la población y unirla en un solo proyecto de país. Pero llegaron los tiempos de globalización y expansión financiera, es decir, los tiempos del resquebrajamiento del Estado-Nación y de la antigua concepción de “soberanía”. Tiempos de atomización y resurgimiento de regionalismos y reivindicaciones culturales, tiempos de emersión de la sociedad civil.

El modelo de Estado benefactor entró en crisis ante lo acelerado de los cambios y transformaciones en que vivimos, no sin contradicciones y conflictos. Y en nuestro país en décadas pasadas vino la ola privatizadora, la apertura de las fronteras y la entronización de la iniciativa privada y el libre comercio. Se polariza la riqueza y el reacomodo continua: ¿qué corresponde al mercado y qué corresponde al Estado?, pero tenemos ahora el resurgimiento de la sociedad civil. De organizaciones no gubernamentales y de otros actores, que como los Cronistas, también estamos involucrados. Esto ha afectado todos los rubros y la manera en que participaba en ellos: el comercio, la política, el campo, el combate a la pobreza, la salud, la educación y por supuesto la cultura.

Esta vez ha llegado el turno al Patrimonio Cultural  y su protección. México en general es un  país con un gran patrimonio cultural. Y siendo sinceros... ¡Nuestra cultura es lo único que nos queda...!, ¡Es nuestra dignidad frente al despojo!

De ahí la necesidad de proteger y conservar, de ahí la obligación y el compromiso de participar. Hoy en día cuando hablamos del patrimonio cultural, el término es amplísimo. Y se ha empezado a reconocer el patrimonio cultural “inmaterial” o “intangible”, como es la identidad de comunidades minoritarias, su lengua, su cultura y sus creencias. Amén de lo que mencionábamos anteriormente

Preservar el patrimonio cultural se considera una obligación y un derecho de toda la sociedad, por que es de “interés público”, guardar lo heredado de nuestros antepasados. El patrimonio cultural es la “identidad de la sociedad”, el derecho a la memoria y salvaguardarlo es nuestra obligación.

Consideró que como en Europa –sin malinchismos- debemos voltear la vista para crear no secretarias, institutos o consejos de cultura. Sino más bien, de HEREDAD CULTURAL. Que evoque el legado del pasado, que signifique: Todo lo que nosotros pretendemos, pues su definición es muy amplia, por tanto así, como no se puede definir la belleza en el arte, la heredad cultural se debe definir a sí misma.

La sociedad civil, las autoridades y los cronistas debemos al unísono decir: “Protegemos esto o aquello que nos da identidad, porque somos celosos de nuestro pasado. Debemos obsesionarnos con lo que tenemos y lo que fuimos”. Por ello propongo el termino HEREDAD. Ya que hemos recibido lo que nos enorgullece de nuestros antepasados.

 Dice un viejo proverbio keniano: “toma esta tierra y se bueno con ella, recuerda que no te fue dada en propiedad, sino prestada para que la custodies y la enriquezcas y así entregarla a las nuevas generaciones”.

Como cronista de una ciudad lo que más valoró es el cuidado de nuestro patrimonio... ¡lo digo puntualmente, porque nuestra historia y nuestra cultura toda, es nuestro orgullo! Esa es la importancia de insistir e insistir desde cada una de nuestras trincheras, de nuestros ámbitos en el cuidado de lo que nos es nuestro. Entendido esto no solo en la majestuosidad de nuestros sitios arqueológicos, monumentos coloniales, bellezas naturales. ¡No!, también en su música, gastronomía, lenguas, folclor, tradiciones, bibliotecas, archivos.

En fin, para finalizar, comparto con ustedes una reflexión que me contó mi amigo y compañero cronista español Joaquín Criado Costa, al respecto del cuidado del patrimonio cultural.  Criado me contó: “…Que el primer gran cronista de Madrid, Mesonero Romanos. Intento defender a palos la casa en la que había vivido Calderón de la Barca. Pero el pico y la pala, acabaron con el emblemático edificio. Lo que significa que los cronistas de hoy -como el de Tepeaca-, tenemos el compromiso de defender a nuestras instituciones, pueblos  y ciudades, y nuestra HEREDAD CULTURAL no a palos, como Mesonero Romanos, sino con la palabra y la pluma.

 

 

Casa del Jagüey

Tepeaca, Pue.

 

 


Encuesta