“Visitad a los enfermos”

Lunes, Septiembre 28, 2020 - 14:52

Las pandemias son protagónicas en la historia geopolítica de la humanidad

Artista gráfico y sociólogo, investiga fenómenos culturales de disrupción y rebelión. Diseñador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”-BUAP.

I

Los ojos y el cubre bocas

 

¡Qué crueles son las repeticiones de la historia! Es imposible conocerla toda y terminamos una y otra vez nos embrollamos en los mismos problemas del pasado. A pesar de esto, continuamos con la vida cotidiana, sin acostumbrarnos a la desgracia pero llegando a una extraña convivencia con ella. Los ojos han reafirmado su capacidad de decirlo todo con una mirada sobre el cubre bocas. Sobre el cubre bocas se asoman unos ojos asustados, acabo de ver otros ojos alegres, antes de eso vi un rostro sin cubre bocas que me abrazó y yo no tuve el valor de rechazarle, ¡qué imprudencia! En un supermercado me han pedido que no abrace a mi amada, que mantengamos la sana distancia; con los ojos le dije al improvisado guardián de la salud todo lo que tenía que decirle y nos dejó en paz. 

Pero resulta que las pandemias han tenido un papel protagónico en la historia geopolítica y cotidiana de la humanidad junto con las instituciones de salud. Nos enteramos que a partir de la Primera Guerra Inter-imperial (comúnmente llamada «mundial», que no fue mundial, o «gran» ¿qué grandeza puede haber en el exterminio?) se acuñó el término “nueva normalidad” por el presidente norteamericano en turno y de esto me entro por casualidad leyendo un libro de James A. Michener llamado Polonia. La «nueva normalidad» mentada por tal presidente, surgió indirectamente en el contexto de la gripe Española —que no era Española sino que el paciente cero se ha ubicado en el ejercito de Estados Unidos y llegó contagiado a Francia donde contagió a los soldados franceses y de ahí saltó el virus a España cuyas autoridades sanitarias sí notificaron sobre el fenómeno porque estaba prohibido aceptar su existencia en las potencias aliadas responsables del contagio. ¡Cuántas mentiras se descubren con le tiempo!—.

Me siento como un hámster en la rueda de la historia, me siento consciente de una dictadura más: la farmacéutica, la de “la salud”, la del miedo al otro por el chantaje del contagio, me siento consiente de una nueva forma de control social que unos dicen para bien, otros para mal.

Juan Carlos Canales al inicio de todo esto me había recomendado el Diario de la Peste Negra de Daniel Defoe escrito en 1722 —con una interesantísima introducción muy actual de José C. Vales sobre el pícaro autor— ¿Hasta dónde podemos retroceder en busca de pandemias, de enfermedades enloquecedoras de la humanidad? Hago el ejerciciode retroceder en el tiempo y termino en los enfermos de lepra que el imperio romano utilizó como espanto para erigir un modelo de vida pulcro, arquitectura fascista —disculpen el anacronismo— que permitiera el control o el extermino rápidamente. Grandes explanadas abiertas, listas para llenarlas de fanáticos y perfectas para exterminar disidentes. Súbitamente aparece ante mi una lección humana en relación con el distanciamiento social que a continuación comparto. 

II

Visitad a los enfermos

Pienso en Cristo, ¿comunista o anarquista? —los politólogos nos sacarán de la duda [cuando salgan de ella]—. Pienso en Cristo que tanto enfadó al imperio romano y las estructuras monolíticas y deshumanizadas de la ortodoxia judaica con una acción simple y sencilla cuando dijo «visitad a los enfermos». Hoy sería Cristo un factor de caos, entrando y saliendo de los hospitales sin más función que buscar al más olvidado y estar con él, o ella. ¿Volverían a ordenar su crucifixión? Por supuesto, pero claro está, no por razones religiosas ni políticas —ya hemos avanzado mucho en la sociedad para algo así— sino profilácticas. Faltaba más.

Visitad a los enfermos. Temerles es temer al más vulnerable, temerles es deshumanizarnos, es comprar la vida a precio de indiferencia. Yo entiendo que hay que tomar esto con una pizca de sal, no se trata de ser suicida, inconsciente, ni vulnerar la delicada estructura de prevención. Se que debemos evitar pedirle al sistema de salud lo que no tiene, lo que le han robado o pospuesto. No es una invitación a la imprudencia. No se trata de pedirle al sistema de salud lo que ha ido a parar, en todo el planeta, para gasto militar, campañas políticas, o investigación “científica” para transgénicos, etcétera. 

Hemos construido poco a poco durante décadas una sociedad con más que suficientes armas para matar a cada humano dos o tres veces e incapaz de medio darle vida cuando está enfermo o medio educarlo. Mientras los generales del mundo podrían decir “protesten que tenemos para matarles dos veces”, los médicos dirán “no se enfermen que no tenemos ni para medio salvarles, de hecho, si pueden no salgan de su casa, no toquen a nadie: están solos”. Esa es la realidad del mundo.

Visitad a los enfermos. Con precauciones, con prudente cercanía, equivalente a la sana distancia. ¿No será mejor decir prudente cercanía e invocar la cercanía? Porque al hablar in-vocamos, ¿no hemos in-vocado durante años lo “viral” enloqueciendo de fanatismo cada que algo es “viral” en Internet, no hemos dicho hasta el cansancio a modo de celebración la palabra “viral”, “viral”, “viral”?, ¿no sueña todo internauta ser “viral”? Y ahora que verdaderamente somos virales, nos rechazamos con temor. 

Visitad al enfermo con el cubre bocas apropiado, con las medidas de higiene necesarias porque la mirada amorosa, la caricia sentida atraviesa distancias largas y más aún las cortas: cura. Es más, de ser posible tened al enfermo en casa, de él preferirlo, porque en gran medida los hospitales se han vuelto patíbulos no por falta de honor y valor de los trabajadores de la salud —héroes absolutos—, no, sino por años de saqueo por parte de políticos corruptos.

Visitad al enfermo como Cristo, que quizá se sentó a pensar cuál sería la acción más revolucionaria, amorosa, sencilla contra un mundo que aniquilaba el amor y decidió ir directamente al infierno en la tierra, a los miasmáticos y hediondos agujeros donde el imperio había relegado al “leproso”, la “leprosa” a buscar al ser humano más desfigurado, más desgarrado, más abandonado y lavarle las heridas y decirle yo te amo. Visitad a los enfermos. 


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