La oposición no aprendió de los errores

Martes, Septiembre 22, 2020 - 15:14

Deberá dejar su trasfondo altivo para ser competitiva en 2021-2024

Licenciado en Relaciones Internacionales UDLAP. Participa en investigación en ciencias sociales: Índice Global de Impunidad y el Índice de Impunidad México del Centro de Estudios Sobre Impunidad y Justicia (CESIJ)

En esta oportunidad, escribo acerca de un tema que es y será ineludible en la agenda y la opinión pública de aquí en adelante. Ni más ni menos, las elecciones en México de 2021 y de 2024.

Por supuesto, la puesta en marcha de los intereses partidistas y de agentes políticos individuales no han esperado a pesar de las terribles consecuencias económicas y de salud derivadas de la pandemia por COVID-19. En este sentido, la oposición al gobierno federal ya comienza a ejecutar los planes que tenían en mente para intentar recuperar escaños y la silla presidencial.

Mucho se ha analizado acerca de los efectos negativos que la pandemia está dejando a su paso y lo que todavía falta. No obstante, para el frente opositor, es claro que servirá como una herramienta efectiva para confrontar la dialéctica empleada por López Obrador y demás gente cercana a él. Aprovechando en todo momento los tropiezos de comunicación, de planeación y ejecución de las políticas públicas con el fin de amortiguar los daños provocados recientemente por la coyuntura.

Por su parte (y como era de esperarse), Ricardo Anaya ha vuelto a pronunciarse y a promoverse con el fin de poder participar en la vida pública nuevamente. Con lo cual, el primer mensaje que compartió con todos nosotros revela sus intenciones y es digno de un análisis puntual.

Al respecto, puedo asumir que el mensaje explícito es claro y contundente. Le dará batalla al Presidente y a MORENA aprovechando la coyuntura y los tropiezos que han habido en el manejo de la crisis. Que, sin duda existen.

Seguramente, veremos múltiples pronunciamientos por parte del bloque opositor y del propio Anaya con relación a dos elementos fundamentales: el desempeño gubernamental en el sector salud y el estado de la economía nacional.

Preveo oportunismo político constante en estos dos aspectos para intentar deslegitimar a la administración pública actual; por lo que, tendrán que señalar abiertamente las acciones y omisiones que lejos de beneficiar a la ciudadanía (al menos bajo su punto de vista) han perjudicado a la mayoría de los mexicanos.

Hasta este punto, me parece que la estrategia pudiera llegar a ser efectiva para ganar nuevos votantes. Sin embargo, no se puede dejar de lado que existe un mensaje implícito que la oposición se niega a cambiar todavía.

En efecto, me refiero al trasfondo altivo en la comunicación implícita de los aspirantes o candidatos de partidos de oposición. 

Siguiendo con el primer mensaje de Anaya para el público en su reaparición, se le puede apreciar señalando que se dedicó a dar clases, a escribir un libro y que “pretende visitar las colonias de México”; lo que provoca que surja un efecto de parecer alejado del pueblo, como si él fuese totalmente ajeno a esa realidad. Y que como intelectual y político mexicano pretendiera <<rescatar al pueblo de México>> del maltrato promovido por la 4T. 

En mi opinión, la estrategia de comunicación que está empleando Anaya, es incorrecta para dirigirse a los electores. Recordemos que, en buena parte, el Presidente López Obrador sigue gozando de una gran popularidad gracias a la cercanía y confianza que transmite a la gente.

Seguramente, de confirmarse en el futuro la candidatura de Anaya para la Presidencia de la República, este, ya tendrá <<garantizado>> el voto de la mayoría de la gente inconforme con el gobierno <<progresista>> de López Obrador. Pero, falta convencer al resto de los votantes, que por cierto son mayoría en el país: la gente que recibe apoyos gubernamentales, las personas que les son fieles a López Obrador por su carisma y estrategia de comunicación.

El equipo de Anaya debe ser brillante para darse cuenta de que un trasfondo altivo no le beneficiará para convencer a esa enorme parte de la población que no ve con buenos ojos todavía al político bien educado, culto, bien vestido y de una clase económica superior. 

Por supuesto, ya hemos tenido este escenario anteriormente en las elecciones federales de 2018. Ricardo Anaya y José Antonio Meade. Dos hombres con muchas similitudes y con más o menos experiencia en la administración pública. Sin embargo, todos conocemos el resultado, que fue una apabullante derrota frente a MORENA. 

En efecto, me atrevo a afirmar que, para la oposición en general, modificar el mensaje implícito y alejarse del estereotipo de político bien educado, probablemente corrupto y mentiroso y <<fifí>> les beneficiará enormemente en las urnas para las elecciones que se aproximan.

Deberán recordar que, más allá del cómo ellos se autodefinen, lo que verdaderamente importa es la manera en cómo la gente los percibe. Ya que de ello dependerá su futuro en el escenario político nacional.

  HHA. El Realismo en el análisis. 


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