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Opinión



La Pandemia y las mujeres

Domingo, Junio 28, 2020 - 09:03
 
 
   

Las condiciones de vida de las mujeres, especialmente en este tiempo, requiere de un acercamiento mucho más abierto y reflexivo. Ya antes de la pandemia, la discriminación hacia las mujeres se hacía evidente, por ejemplo, en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, la vulneración de los derechos de las mujeres indígenas, con diferentes preferencias sexuales, afrodescendientes o de las migrantes.

La discriminación hacia las mujeres, viola la igualdad de derechos y del respeto a la dignidad humana que dificulta la participación de la mujer en las mismas condiciones que el hombre en la vida política, social, económica y cultural del país.  

En general, este tiempo ha enfrentado a las mujeres a responsabilidades aún mas demandantes que las tradicionales con pautas de rutinas alteradas. El papel tradicional de la mujer se ha ido modificando, las trasformaciones sociales y económicas la han puesto en el papel de la proveedora parcial o única del hogar.

Las condiciones de sobrecarga de trabajo en la cuarentena han mostrado la desigualdad de carga de actividad en las familias, se han seguido asumiendo las tareas del hogar, pero se han acentuado las cargas adicionales que se hacen justificadas: “por amor”. 

No importa ni el nivel económico, ni el tipo de trabajo remunerado que se desempeñe porque los cuidados y atención a la familia, a personas mayores o discapacitados en su caso,  los quehaceres domésticos, el seguimiento al proceso de aprendizaje de sus hijos y las tareas, ser la mediadora en los conflictos intrafamiliares entre los principales,  implica un gran porcentaje de agotamiento y de estrés, especialmente porque la mayor parte de este trabajo no está remunerado, no tiene horario  y casi siempre  se realiza en solitario.

La ideología patriarcal en México está causando muchos problemas derivados de una violencia cultural que promueve roles y estereotipos de género, el sexismo, el machismo o la misoginia, por ejemplo.

En las mujeres indígenas las repercusiones han tenido efecto   en su vida personal, familiar y comunitaria, muchas de ellas son empleadas domésticas, quienes o se han tenido que quedar en la casa de sus empleadores para no contagiarlos y se encuentran aisladas de sus familia y comunidad o se han quedado sin trabajo por la misma razón. Las que venden artesanías en las calles de las ciudades o centros turísticos no pueden desempeñar sus actividades por las restricciones impuestas derivadas de la pandemia, no cuentan con algún ingreso para seguir sosteniendo a sus familias y carecen de seguridad social.

En similar situación están las mujeres migrantes, aún más expuestas a la violencia y a la explotación por estar más aisladas y dependiente de quienes las emplean, enfrentan además un mayor riesgo de violencia en los albergues, centros colectivos y en los lugares en donde se alojan temporalmente.

El Programa de Asuntos Migratorios (PRAMI) de la UIA Puebla, informan que las mujeres “están enfrentando deportación y el encierro en cuanto llegan a sus países de origen pues son puestas en cuarentena en condiciones que no se conocen bien, además, el gobierno mexicano ha estado abandonado a grupos de personas en la frontera con Guatemala, entre ellas mujeres embarazadas y con bebés, exponiéndolas a los riesgos que implican cruzar la selva de noche”.

Aunque se empieza a avanzar en las demandas de los derechos de las mujeres afrodescendientes que viven en su mayor parte en Guerrero, Oaxaca y Veracruz, aún sufren discriminación por ser mujeres, por racismo y hasta por clasismo.

La profesionista de la salud se ha convertido también en un grupo poblacional en condiciones de vulnerabilidad, no solamente por estar en la primera línea de atención a la población sino además por estar en riesgo permanente de contagiarse; ellas han sido discriminadas y muchas veces violentadas por otras personas.

Las maestras de los diversos niveles y modalidades educativas merecen un comentario especial, porque han tenido una sobrecarga de trabajo por el desempeño de su doble trabajo:  remunerado y no remunerado. Han tenido que realizar el trabajo educativo a distancia o en casa, según se le nombre, sin contar muchas veces con las herramientas ni con la formación necesaria afrontando las dificultades que eso implicó, además de que tuvieron que acompañar a sus propios hijos en este proceso, lo que derivó en atender además de los quehaceres domésticos, su trabajo docente, administrativo y diversas reuniones muchas veces fuera de su horario laboral.

La violencia contra las mujeres y niñas ha aumentado de manera considerable en estos más de tres meses transcurridos, especialmente porque las víctimas se encuentran con sus perpetradores sin poder salir. Las llamadas de emergencia por abuso sexual, acoso sexual, violación de pareja y violencia intrafamiliar según el Sistema Nacional de Seguridad Publica, se ha elevado a más de 15 mil llamadas de emergencia, además de los casos relacionados con la violencia de género, los feminicidios, la trata de personas, el asesinato de periodistas y defensoras de derechos humanos. 

En este escenario complejo, si bien se requieren de mecanismos institucionales que permitan la implementación de acciones y estrategias precisas para disminuir lo anteriormente expuesto, es necesario contribuir en la modificación de la estructura social y cultural que existe en nuestro país.

Reconocer el gran aporte de la mujer al bienestar de la familia requiere de la búsqueda de un rol igualitario en el seno de las actividades cotidianas, contribuyendo a modificar el sistema patriarcal y machista que se sigue perpetuado en muchos hogares mexicanos y que a veces, es tan poco perceptible que ni la mujer ni el hombre lo reconocen y sus efectos se manifiestan en una violencia estructural, cultural y directa que en la realidad post pandemia, no debe de permanecer.

 

Referencia

Observatorio de género y violencia, Ibero https://www.iberopuebla.mx/investigacion/institutos/idhiesj/ovsg

 

 


Semblanza

Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación por la Universidad Iberoamericana de Puebla (UIA), Maestra en Tecnología Educativa por la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP). Tiene estudios de Maestría en Educación: Campo Formación Docente y la Licenciatura en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Es también Profesora de Educación por el Instituto Normal del Estado (INE).  investigadora educativa en temas de formación de maestros, evaluación, educación abierta, migración-educación y los saberes. Actualmente es investigadora educativa, consultora independiente, diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea para la educación formal y no formal. Su área de especialización es la formación de maestros y la construcción de ciudadanía

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