Derribar estatuas: ¿Es deseable borrar el pasado?

Domingo, Junio 21, 2020 - 08:25

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Decano UPAEP

“Como historiador, creo que es un error juzgar el pasado con los valores y normas de hoy.  También me opongo a los esfuerzos por reescribir la historia en este mismo sentido…Mejor, por lo tanto, en mi opinión, explicar el pasado, en toda su complejidad, que tratar de borrarlo – una responsabilidad que recae en gran parte en las escuelas, las universidades, los creadores de documentales históricos y los museos – estos últimos, de hecho, podrían servir como lugares ideales donde la estatua de Colón que se encontraba en Los Ángeles pudiera ser reedificada, donde se explicara su vida, sus tiempos y sus logros, y donde los visitantes tuvieran la oportunidad de entender por qué, en un momento de la historia, Colón fue alabado, y también por quién…” 

Richard L. Kagan.

https://www.hispaniccouncil.org/es-un-error-juzgar-el-pasado-con-los-valores-y-normas-de-hoy/

 

Aunque tiene ya un tiempo que empezó esta tendencia del activismo pretendidamente progresista en varios lugares del mundo, el tema vuelve a ponerse sobre la mesa de discusión en estos días en los que se reporta en diversas notas periodísticas que varias estatuas de Cristóbal Colón han sido vandalizadas o derribadas en algunas ciudades de los Estados Unidos.

La razón que se esgrime para estas acciones de destrucción tienen que ver con la solidaridad hacia los pueblos indios originarios de ese país por la colonización violenta y el genocidio del que se responsabiliza a Colón, según la nota que puede encontrarse en esta liga: https://cnnespanol.cnn.com/2020/06/11/estatuas-de-cristobal-colon-estan-siendo-vandalizadas-y-derribadas-en-estados-unidos-por-que/.

El día en que escribo este artículo, sábado 20 de junio, se reportan ahora también acciones de destrucción de estatuas de Fray Junípero Serra, misionero franciscano del siglo XVIII que lejos de ser un genocida trabajó siempre por defender a los pueblos originarios de las regiones de California.

Como afirma la periodista y escritora española Julia Navarro: "Todos somos hijos de nuestro tiempo. Y si no contextualizas en el tiempo en el que está transcurriendo esa historia, esos personajes no se entienden". Esta cita se refiere a los personajes de una de sus novelas, pero puede ser aplicable perfectamente a los casos referidos de destrucción de monumentos de personajes de nuestro pasado como continente[1].

Porque el problema fundamental que está en el fondo de este tipo de acciones es precisamente que no se contextualiza el tiempo en que estos personajes hoy descalificados y acusados vivieron y la cultura en la que nacieron y fueron formados. Por eso somos incapaces de comprender a estas personalidades históricas y establecemos juicios sumarios sobre sus acciones desde nuestro propio tiempo y a partir de nuestro horizonte cultural actual.

Estudiar nuestra historia y desarrollar una adecuada conciencia histórica puede permitirnos una perspectiva de largo aliento que nos lleve a contextualizar a las personas y grupos en su propio tiempo y a construir juicios auténticamente críticos que partan de esta contextualización y comprensión de conjunto, de este conocimiento de la complejidad de los procesos históricos que permite conocer y valorar las luces y sombras de todos los personajes y matizar los elementos positivos y negativos que tuvieron en su actuar.

Porque así como Colón, Fray Junípero, Cortéz y todos los personajes relacionados con el proceso de colonización y conquista del continente americano por los europeos fueron hijos de su tiempo y debemos entender su tiempo para comprenderlos y juzgarlos adecuadamente, así también nosotros somos hijos de nuestro propio tiempo.

En efecto, somos hijos de nuestro tiempo y respondemos a la dictadura de la corrección política que caracteriza nuestra época a partir del predominio casi absoluto del conocimiento de sentido común que define lo que Bernard Lonergan llama el “Largo ciclo de declive o decadencia de nuestra civilización”.

El conocimiento de sentido común es práctico y utilitario, sólo ve las cosas en función de su uso y aplicación inmediata porque carece de una visión de mediana y larga duración como la que requiere la historia para ser entendida. Este tipo de conocimiento relaciona los hechos, fenómenos o en este caso los personajes históricos con nuestra propia experiencia subjetiva y reacciona desde esta relación limitada y sesgada.

Esto puede explicar la tendencia del activismo actual a reaccionar de forma visceral pretendiendo eliminar todo lo que considera negativo del pasado. Además de las estatuas estamos siendo testigos de otras acciones como el retiro de la icónica película Lo que el viento se llevó de una plataforma de exhibición de contenidos audiovisuales por considerarla racista o de la eliminación en España de cuentos infantiles clásicos por considerarlos machistas, sexistas o violentos.

Como afirma la cita que sirve de epígrafe a este artículo, es un error juzgar el pasado con los valores y normas actuales y es un error aún más grave pretender reescribir la historia eliminando todo lo que hoy sabemos que era erróneo, negativo o incluso deshumanizante.

Mucho mejor sería, como dice el historiador entrevistado, explicar la historia, explicar el pasado con toda su complejidad en vez de tratar de borrarlo. Promover que la gente estudie quiénes fueron esos personajes cuyas estatuas derribadas no borrarán su huella en lo que hoy somos, para que comprenda lo positivo y lo negativo de sus acciones y los elementos culturales, económicos, políticos, sociales y espirituales que los movieron a actuar como actuaron.

Es un dicho muy trillado el que dice que la Historia es la gran maestra de la vida y otro igualmente sobado el que afirma que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Pero ambas formulaciones siguen siendo vigentes y resultan hoy más que nunca pertinentes. Necesitamos promover el estudio de la Historia y el desarrollo de la conciencia histórica en las nuevas generaciones para aprender de ella y evitar que volvamos a repetirla.

Esta tarea le corresponde a las escuelas, a las universidades, a los mismos historiadores y divulgadores de la historia y a los museos.

           

[1] La cita se puede encontrar en una entrevista con la Cadena Ser que se publica en la siguiente liga:

https://cadenaser.com/programa/2018/12/19/los_muchos_libros/1545217089_397213.html


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