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Opinión



Cabos sueltos ante las “decisiones difíciles”

Jueves, Mayo 21, 2020 - 12:18
 
 
   

A las dos y veinte de la tarde de día de Nochebuena del año dieciocho, un helicóptero de desplomó en el paraje del “cerro del chacoaco” en Coronango.

El peritaje conducente de la dirección general de aeronáutica civil determinaría que la falla de un acuador precipitaría el desplome, cuya falla, por lo demás, había sido reportada con antelación al hecho, desprendiéndose de ello responsabilidad penal por la comisión de un delito de homicidio intencional sin mediar al respecto dolo directo en la conducta.

La instancia ministerial habrá de dilucidar en quién habrá de recaer la responsabilidad del caso, para lo que habrá de indagarse entre el personal tanto de la compañía que operaba el servicio de trasporte de pasajeros, -“servicios aéreos del altiplano”-, así como entre los que integran la compañía que se encargaba del mantenimiento de la nave siniestrada- Rotor Fleying-.

Los reportes periciales refieren que el motor empezó a ahogarse en pleno vuelo hasta que repentinamente se paró, y es de destacarse que el incendio ocasionado por el desplome difícilmente se corresponde a una llama que tendría que haber sido alimentada por 286 litros de la turbosina, que, al decir de los reportes llevaba cargado el helicóptero en cuestión.

De lo anterior, quedaría entonces por explorar en el ámbito ministerial, si la nave fue echada a vuelo con carga insuficiente de combustibles pese a lo que se habría señalado al respecto en el tablero de conducción, y si, de darse tal situación, estaríamos en presencia de un dolo directo.

Por lo demás, en el libro de reciente escritura “decisiones difíciles”, se cataloga a quién pereciera en el “cerro del chacoaco” como un individuo “inescrupuloso y autoritario”, dejando de manifiesto una clara ruptura al interior del grupo gobernante en la época.

Ruptura en la que el otrora presidente de la república y su esposa terminarían por abandonar las filas del partido que los encumbraría, y a la que, según lo recientemente publicado, consideraban cooptado en su perjuicio por aquel que habría sido abatido en aquel fatídico día de Nochebuena, y cuyos despojos fueran inmediatamente cremados mediando la correspondiente indagatoria ministerial sobre las causas del deceso.

albertoperalta1963@gmail.com

 


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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