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Opinión



Innovaciones educativas: ¿camino o destino?

Viernes, Noviembre 29, 2019 - 09:51
 
 
   

La humanidad ha fallado en visualizar los efectos negativos que ciertos avances tecnológicos

La civilización, como producto de la evolución de la humanidad, se manifiesta en una extensa historia de deseos constantes de innovar. Las motivaciones en las diversas épocas y sociedades pueden incluir aspiraciones como las siguientes: mejorar la calidad de vida o extenderla, reducir esfuerzos, acortar tiempos de traslado e incluso de inventar maneras cada vez más creativas enriquecerse con trabajo ajeno.

Este proceso civilizatorio, ha pasado por eras en las que las grandes innovaciones han generado consecuencias muy positivas para la humanidad, por ejemplo, la erradicación de ciertas enfermedades, también el acceso generalizado al conocimiento y a ciertos bienes y servicios que antes eran privilegio de pocos. Por otra parte, el pensamiento innovador ha estado en las raíces de auténticas revoluciones: la abolición de la esclavitud, el derecho de los pueblos para elegir a sus gobernantes o el empoderamiento de las mujeres para luchar contra el patriarcado.

En otras ocasiones, la humanidad ha fallado en visualizar los efectos negativos que ciertos avances tecnológicos o científicos llegarían a tener, particularmente al extenderse en una lógica de consumo desmedido, como muestra encontramos: contaminación, sobrepoblación, inequidad, sobreexplotación de recursos naturales, violencia y adicciones de todo tipo.

En los últimos 200 años, un motor de las grandes revoluciones y también de algunos tropiezos, ha sido la educación escolar. Lo que ahora llamamos “sistema educativo tradicional” en su momento fue una gran innovación: reunir en un solo lugar a la mayor cantidad de futuros ciudadanos para transmitir de manera estandarizada la cultura, los valores y conocimientos más funcionales para satisfacer las necesidades de la sociedad industrial naciente.

Es decir, a la par de las grandes innovaciones tecnológicas, se desarrollaron los sistemas educativos que ahora llamamos tradicionales. Al fin parecía, en términos de educación, que se había llegado a al destino previsto por los antes grandes visionarios: un estándar para evaluar los resultados de la formación del ser humano a nivel internacional (PISA – Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos), utilizando lo último en tecnologías para la recolección y análisis de información.

El resultado esperado de pruebas como PISA, es el de emitir recomendaciones a los países para mejorar la calidad educativa. Los visionarios del ahora, están poniendo en duda las recomendaciones de los organismos internacionales que realizan estas pruebas, con el argumento de que la humanidad no requiere replicar el estándar socioeducativo que nos ha llevado a crisis civilizatoria actual, sino que es momento de cuestionarlo y transformarlo.

Es por lo anterior que no se puede, ni se podrá considerar a la innovación educativa un destino, la educación en toda su amplitud: formal, no formal e informal requiere reconstruirse de manera constante y orientarse a garantizar que el proceso de evolución del hombre y su devenir, maximice la oportunidad de que nuestra especie se sobreviva a sí misma y construya sociedades sostenibles, responsables y amorosas.

La innovación tampoco puede abordarse en singular, al menos dos innovaciones han de tomarse en cuenta en términos de adopción:

1) Adopciones repentinas y masivas, como muestra está el uso intensivo que el ser humano hace de las Tecnologías de Información y Comunicación, que en el entorno educativo son una oportunidad de generar Tecnologías para el Aprendizaje y el Conocimiento (TAC). La avasalladora presencia de dispositivos móviles con acceso a internet está obligando a escuelas y universidades, a estudiantes y profesores, a cuestionar la vigencia de sus modelos de enseñanza.

2) Adopciones paulatinas y contextualizadas, este tipo de innovaciones son menos disruptivas, pero tal vez aún más revolucionarias. Un ejemplo podrían ser los diversos tipos de escuelas activas o métodos alternativos de formación. Como las escuelas Montessori o la educación popular creada por Paulo Freire. Estas son metodologías creadas muchas décadas antes que las TIC y que en sus inicios fueron cuestionadas, por un lado, por ser una amenaza al status quo y por otra, por no contar con la certeza de que ofrecieran un resultado que fuera valorado por la sociedad y demostrado por la ciencia. Actualmente ya no son vistas con cuestionamiento, sino con curiosidad. Amplios sectores de la sociedad ahora se preguntan si ¿este tipo de propuestas serán la respuesta a los grandes retos que las escuelas enfrentan ante la masificación tanto de las TIC y TAC, como de las grandes crisis sociales y económicas?

Como conclusión, aunque educar no es en sí un sinónimo de innovar, en realidad históricamente han caminado codo a codo, parafraseando a Benedetti, siendo mucho más que dos. La apropiación de las últimas tendencias en innovación, requiere procesos educativos complejos y en constante actualización. La educación como sistema, por ahora, todavía se resiste a cambiar, pero aquellas innovaciones educativas fuera de la norma, del estándar y que ya están apropiándose de otras realidades, son ya el camino que como sociedad estamos comenzando a andar.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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Cintia Fernández Vázquez

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