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Opinión



Remomorando la guerra de Cuba en el centenario de Felipe Ángeles

Jueves, Noviembre 28, 2019 - 14:18
 
 
   

La trama de la novela de Rómulo Gallegos comienza con un duelo a muerte entre primos hermanos

La Guarra entre España y los Estados Unidos de 1898 dejó una honda huella, a ella alude Tennessee Wiliams en “La Gata sobre le Tejado de Zinc Caliente” en un diálogo, que resulta inolvidable en la cinta que protagonizaran Paul Newman y Elizabeth Taylor.

La trama de la novela de Rómulo Gallegos comienza con un duelo a muerte entre primos hermanos, Luzardo y Barquero, que desataría un odio familiar de lustros, duelo que tendría como motivo la inclinación de uno y otro por la suerte militar de Estados Unidos o de España en la contienda.

La Pléyade de novelistas de enorme calado que surgió en la >Península Ibérica a fines del siglo diecinueve, con plumas como las de Leopoldo Alas, Azorín, Pérez Galdós, fue, emblemáticamente bautizada como “La Generación del 98”.

En lo personal, me resultó por demás curioso el hecho de que en un país en donde tanto la cultura española como la norteamericana vive interactuante en una intensa relación de amor-odio, y que tan entrañablemente está relacionado con la Isla de Cuba como es México, no exista en su historia literaria una referencia tan clara a la guarra como las que ya han sido referidas.

La  “Guerra de Cuba” y las posteriores intervenciones a la Isla llevadas a cabo bajo la cobertura de la “Enmienda  Platt”,  resultan a todas luces el marco geopolítico del  “Golpe de Estado de la Ciudadela”, tal y como lo dejara en claro, precisamente, el embajador de Cuba en México en aquellos aciagos días, el Ministro Manuel Márquez Sterling; pese a ello, y con la salvedad de la vinculación familiar a los sucesos de la antigua “Fernandina” de Salvador  de Madariaga, autor de la enorme  trama sobre la conquista de México inspirada en la obra del cronista  Antonio Solís Rivadeneyra plasmada en “Corazón de Piedra Verde”, y ni que decir, de la magistral crónica y estudio diplomático de Márquez Sterling, la intelectualidad mexicana fue del todo omisa al respecto, a grado tal que pareciera que la sociedad mexicana habría sido ajena del todo al poder noticioso desplegado por el magnate de la prensa William  Randolph Hearst.

 Carlos Fuentes destaca tal vinculación, de manera por demás tardía, en la que acaso pueda ser considerada la mejor de las novelas de su etapa tardía, aún cuando, es en realidad en la estupenda adaptación cinematográfica de “Old Gringo” en la que aquella se destaca, en los días que corren, dada la situación que vivimos y en el marco del centenario del martirio de uno de los testigos claves de aquellos sucesos como lo fuera el General Felipe Ángeles, mucho habría que aprender leyendo “Los Últimos Días del Presidente Madero”.

 Por lo que a mi respecta, aprovecho esta espacio, tanto para recomendar la rememoración de aquellos sucesos a fin de encontrar elementos de reflexión para el presente,  llenado un vacío que intelectual que acaso haya contribuido en la época a desencadenar los trágicos acontecimientos del momento; así  como para reiterarle mi amistad y admiración al General Tomás Ángeles quién con el pleno respaldo de la Oficina de la Presidencia de la República ha devenida en figura emblemática para la conmemoración del centenario del “Artillero de Villa”,  no en balde, no son pocas las analogías que pueden establecerse entre los momentos amargos que viviera en fechas recientes don Tomás, con el “Consejo de Guerra” ventilado en el “Teatro de los Héroes” de Chihuahua, dramatizados magistralmente en la obra  de Elena Garro.

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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