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Opinión



Un pasito pa´delante, dos pasotes para atrás

Sábado, Septiembre 14, 2019 - 21:24
 
 
   

No es que me hayan presionado los de la CNTE, yo no me dejo presionar por nadie

“El que salga de la escuela normal va a salir con su plaza aunque no les guste a los conservadores [...] No es que me hayan presionado los de la CNTE, yo no me dejo presionar por nadie. Ni siquiera ellos me lo plantearon, yo lo planteé, porque quiero fortalecer la educación pública”, afirmó (AMLO).

https://www.elsoldemexico.com.mx/mexico/sociedad/promueve-amlo-asignacion-de-plazas-automaticas-a-maestros-de-normales-4171569.html

Aunque cuando escribo estas líneas aún no se ha analizado ni aprobado en el Congreso de la Unión la legislación secundaria de la (contra) reforma educativa del gobierno de López Obrador, la semana pasada fue de malas noticias para el sistema educativo nacional y sobre todo, para las futuras generaciones de mexicanos que aspiran y tienen derecho a una educación de calidad que los forma en todas sus dimensiones humanas y sociales brindándoles las herramientas indispensables para vivir en el mundo global del cambio de época.

Porque lo que muchos anticipamos en su momento y otros señalaron como una pesadilla indeseable parece que se va a consumar muy pronto, haciendo que la educación nacional regrese del pequeño paso dado hacia delante el sexenio pasado dando ahora varios pasos para atrás y retornando a la situación en que operaba durante las ocho décadas que duró el viejo sistema corporativista del PRI y los dos sexenios que se vivió la alternancia sin cambio con los presidentes del PAN.

Justo cuando parecía que se avanzaba en la creación de un servicio profesional que regulara y normara el desarrollo de la carrera de los docentes del país con base en la evaluación de sus méritos y se daban pasos para ir poco a poco eliminando los vicios del viejo modo de operar que se caracterizaba por el otorgamiento discrecional de plazas que incluía la venta, la renta, la herencia y el tráfico de influencias, prácticas en las que los líderes sindicales tenían todo el poder, el Presidente de la República sale a declarar en su conferencia de prensa matutina que se otorgarán automáticamente las plazas vacantes a los egresados de las normales.

Según el titular del ejecutivo federal, no hubo en esta decisión ninguna presión de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación porque “a él no lo presiona nadie” y se trata de una idea que él mismo propuso a los liderazgos de la disidencia magisterial.

No es descabellado aceptar esta idea de que no hubo presiones de la CNTE hacia el presidente en este caso, puesto que no hacen falta las presiones cuando se ha pactado, al viejo estilo del sistema que creíamos haber superado, el canje de votos por el control de las plazas magisteriales eliminando todo mecanismo de evaluación que garantice un mínimo de transparencia en el otorgamiento de los puestos de trabajo para los docentes del país.

En efecto, el SNTE y la CNTE apoyaron decidida y activamente la campaña de López Obrador a la presidencia y fueron uno de los factores que junto con otros muchos, hicieron que obtuviera una votación histórica que le dio la mayoría casi absoluta que hoy tiene tanto en el ejecutivo como en las dos cámaras.

A cambio de esto se está concretando ahora el retorno a ese pasado corporativo en el que los presidentes renunciaron a la rectoría del Estado sobre la educación con tal de tener a los maestros de su lado, obteniendo sus votos y evitando o reduciendo al mínimo las protestas y desequilibrios funcionales en la vida cotidiana del sistema educativo nacional.

La declaración del presidente afirma que los egresados de las escuelas normales obtendrán automáticamente y sin ninguna evidencia de su capacidad para ejercer la enorme responsabilidad de formar a las nuevas generaciones, las plazas vacantes en las escuelas, “aunque no les guste a los conservadores” cuando la medida realmente conservadora es la que él dice haber propuesto a los liderazgos sindicales.

En efecto, una auténtica visión transformadora y progresista de la educación tendría que fortalecer una cultura de la evaluación que garantizara que los niños mexicanos van a ser educados por los profesores mejor preparados y con más clara vocación, es decir, los que encuentren en su quehacer cotidiano elementos para su propia autorrealización y factores de aportación a la transformación de la sociedad del país.

El Estado mexicano debe tener garantizada la rectoría del sistema educativo y una parte sustancial de esta rectoría consiste en el diseño, operación y mejora continua de un sistema de evaluación para el ingreso y la promoción de los docentes, orientadores, directores escolares y funcionarios de las escuelas de todos los niveles educativos.

Si bien la última palabra la tendrán los legisladores, resulta muy preocupante esta propuesta del presidente dada su enorme influencia en diputados y senadores de su partido y el peso de su liderazgo y popularidad en la sociedad.

“Los maestros de México están capacitados, y ya basta de estar partiendo de supuestos falsos, eso de que no tienen capacidad, de que no están bien formados los maestros mexicanos…”, dijo López Obrador…” para justificar su propuesta. Esta declaración puede encontrarse en la siguiente liga: https://politica.expansion.mx/presidencia/2019/09/12/amlo-niega-presiones-y-confirma-regalo-de-plazas-a-la-cnte

Este argumento es doblemente falaz. En primer lugar porque se trata de una sobregeneralización, que es un vicio fundamental cuando se trata de pensar crítica y lógicamente.  No es posible afirmar sin equivocarse que TODOS los maestros del país están capacitados para cumplir con las exigencias de la educación contemporánea, así como tampoco sería posible decir que NINGUNO de los docentes tiene una adecuada capacitación. La evaluación docente se establece precisamente para determinar qué profesores tienen mejor capacidad para desarrollar la labor educativa que requiere el país en estos tiempos y quiénes tienen mayores deficiencias para hacerlo. Otorgar las plazas en automático es partir de la sobregeneralización.

En segundo lugar, el argumento que dice que ya basta “partir de supuestos falsos”…”de que no tienen capacidad…” insinuando que la evaluación docente parte de este supuesto es también una falacia. La evaluación docente como cualquier evaluación, no parte del supuesto de que la gente esté o no capacitada para una actividad sino del supuesto de que es necesario indagar las fortalezas y las áreas de oportunidad que tienen todos los que se evalúan con el fin de mejorar.

Ojalá los legisladores tengan la suficiente capacidad e independencia para no dejarse llevar por esta propuesta del presidente. Ya basta de que la educación nacional esté siempre sujeta a los vaivenes sexenales y a los criterios político partidistas que hacen estar dando un pasito para adelante y luego dos o más pasos hacia atrás.

-Además repruebo totalmente la absurda decisión del Secretario de Cultura del Estado de Puebla para desmantelar el Museo Internacional del Barroco.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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