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Opinión



Estanflación en México en 1842

Martes, Septiembre 10, 2019 - 19:43
 
 
   

La política monetaria restrictiva provocó un severo estancamiento económico.

Por: Atilio Alberto Peralta Merino

En “APUNTES PARA LA HISTORIA DEL GOBIERNO DEL GENERAL DON ANTONIO LÓPEZ DE SANTA ANNA, DESDE PRINCIPIOS DE OCTUBRE DE 1841 HASTA EL 6 DE DICIEMBRE DE 1844, EN QUE FUE DEPUESTO DEL MANDO POR UNIFORME VOLUNTAD DE LA NACIÓN”, don Carlos María de Bustamante, considerado uno d ellos cuatro evangelistas de la “guerra de Independencia” –( José María Luis Mora, Lucas Alamán y Lorenzo de Zavala vendrían siendo los  tres restantes)-, el célebre autor del “Cuadro Histórico de la Revolución de la América Mexicana”,  nos da cuenta de un fenómeno por demás curioso curioso. Dada la proliferación de moneda de cobre falsificada, Santa Anna ordenó la desmonetización de dichas piezas el 15 de enero de 1842, sin que la Casa de Moneda contara con capacidad técnica para acuñar nuevas piezas, ocasionando con ello un grave problema económico, de suerte que la industria de telares de Puebla tuvo que ser declarada en bancarrota por la falta de circulante, y los jornales terminaron siendo pagados en especie. Resulta del todo claro que la medida de política monetaria adoptada por Santa Anna habría de manifestarse mediante una recesión por deflación, según los claros dictados de la teoría monetaria más conspicua; sin embargo, según refiere el propio Bustamante, su implementación trajo aparejada un alza generalizada de precios.

Desataca Bustamante en su crónica, que la elevación de precios se habría hecho patente en las panaderías, ocasionado la formación de filas multitudinarias ante los establecimientos de la capital de la República, a grado tal de que, con motivo de un banquete ofrecido por Santa Anna, la guarnición tuvo que disolver la concurrencia formada ante un expendio, incautando los haberes del mismo con el deliberado propósito de trasladarlos, precisamente, a la sede del referido banquete oficial. Carlos María de Bustamante es minucioso al darnos cuente de los sucesos del momento, en los que incluye tanto los diferendos con el Gobierno del Departamento de Yucatán como episodios propios de la nota roja, pero va mucho más allá de ello, y sin proponérselo, nos da cuenta de un fenómeno de estanflación ocurrido en nuestro país 130 años antes que la que se manifestara en  1973 como consecuencia del alza generalizada de los precios del petróleo derivada de la decisión de los países integrantes de la OPEP como reacción al respaldo norteamericano a Israel en la denominada “Guerra del Yom Kippur”. La estanflación, según sabíamos, se habría presentado por primera vez en la historia de la economía mundial, cuando la política monetaria restrictiva implementada por la Reserva Federal con la anuencia de la Administración Nixon provocó un severo estancamiento económico que se empalmó, por lo demás, con la ya referida crisis petrolera. John Keneth Galbraith explicó en su momento el fenómeno “inédito” de la estanflación de 1973, bajo la premisa de que no nos encontraríamos en el caso ante una espiral inflacionaria provocada por el exceso de emisión circulante, sino ante una inflación de costos por la nueva realidad de los mercados petroleros, reiterando tal referencia 35 años después el premio Nöble Paul Krugman al glosar los desaguisados de la “gran recesión de 2008” La Crónica de Bustamante aporta mucho al darnos cuenta de un fenómeno de estanflación ocurrido en nuestro país en el año de 184; testimonio que nos obligaría a replantear desde sus cimientes toda la teoría monetaria tal y como ha sido acrisolada hasta nuestros días.

 Testimonio que, incluso  nos obliga a formular nuevas hipótesis cuyos eventuales esclarecimientos bien podrían hacerse acreedores a los máximos galardones científicos del caso; el fenómeno económico referido por Bustamanete, podría encontrarse la propia crisis política y social de la que da cuenta en su libro, o ¿ de que otra manera, podría ser explicada la estanflación mexicana de 1842?  

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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