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Opinión



Una nueva narrativa de progreso

Lunes, Septiembre 9, 2019 - 18:45
 
 
   

Proceso de “consolidación (institucional y cultural) de la democracia".

Muchos coincidirán en que una sociedad próspera es aquella que ha logrado articular una forma de organización económica y política que genera progreso social, es decir, que produce un aumento gradual del bienestar de las personas, tanto en lo material como en lo espiritual.

En sociedades con tradición liberal, el concepto de progreso necesariamente está vinculado al de libertad e igualdad. Libertad para desarrollar ideas, planes de vida o proyectos sin ningún tipo de coacción, excepto las restricciones de carácter ético y los límites jurídicos que marca el Estado de Derecho. E igualdad, no con la idea de uniformar a la sociedad (tratar como iguales a los desiguales es una de las más grandes injusticias que se puedan cometer), sino igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades, es decir, la garantía de acceso al bienestar. La igualdad como la base de la justicia social.

Ugo Pipitone (2019), define el progreso como el proceso de “consolidación (institucional y cultural) de la democracia conjuntamente con una menor segmentación social en una senda de mayor bienestar colectivo”.

En esta perspectiva, una sociedad próspera es aquella que logra consolidar sus instituciones democráticas a partir de la socialización de valores y principios democráticos, y que, al mismo tiempo, va cerrando las brechas económicas y culturales que dividen a la población, mediante un proceso creciente de acceso a bienes y servicios que impactan positivamente en el bienestar material y espiritual.

Consolidar las instituciones democráticas implica garantizar la prevalencia de instituciones llamadas inclusivas en la sociedad, es decir, instituciones dedicadas a redistribuir ingresos, riqueza y poder, en beneficio de todos.

Por otra parte, consolidar una cultura democrática implica hacer prevalecer los valores de la libertad, el respeto a los derechos humanos (dignidad humana), el debate civilizado de ideas (para la toma de decisiones) y el ejercicio de la ciudadanía mediante experiencias novedosas de participación.

Ahora bien, según la definición de Pipitone, para progresar también es necesario aminorar las diferencias económicas entre estratos sociales de ingreso y, aún más importante, garantizar un mejoramiento permanente del bienestar de la población. La pregunta es ¿qué modelo económico puede lograr lo anterior?

En este punto, el mismo Pipitone es tajante al afirmar que mientras no tengamos una respuesta sólida a la pregunta anterior,  “el capitalismo ha llegado a una etapa de su recorrido histórico en que o acepta cambios fisiológicos fundamentales o acercará a la humanidad a una edad de caos”.

Ello implica, fortalecer las capacidades del Estado como impulsor y facilitador de la economía que, más que lastrar, potencie la capacidad de los emprendedores para generar riqueza y empleo desde la indispensable figura de la libre empresa. El Estado debe distribuir adecuada y eficientemente la riqueza y permitir a los empresarios seguirla produciendo. Para ello, tiene que intervenir exclusivamente para garantizar la sana competencia y proveer así, un piso parejo para que todos los actores económicos participen con equidad y calidad en la economía. Como dicen los clásicos, tanto mercado cuanto sea posible y tanto Estado como sea necesario.

Así que, antes de vernos tentados a explorar modelos de “progreso” autocráticos o autoritarios que no han sido capaces de generar ni igualdad ni crecientes niveles de bienestar, es necesario entender que la única vía real de progreso implica consolidar las instituciones y la cultura democrática, así como alcanzar una mayor igualdad y bienestar (material y espiritual) para todos.

Es necesario aferrarnos como sociedad a la expectativa de un país próspero, igualitario y democrático, sustentado en tres pilares fundamentales: una economía de mercado, una legítima democracia representativa y una sociedad civil libre y activa.

Para lograrlo, resulta imprescindible despojarnos de todo dogmatismo posible y “pensar fuera de la caja” para poder construir una nueva narrativa de progreso atractiva y, sobre todo, creíble.

Estimados lectores de e-consulta, querido Rodolfo, el tiempo que he publicado mis reflexiones en este importante medio de comunicación me ha representado una experiencia enriquecedora, sin embargo, debo realizar una pausa temporal, con la esperanza de volver a leernos muy pronto por aquí.

A los lectores, dejo mi agradecimiento por sus comentarios y el tiempo obsequiado, y a Rodolfo mi amistad en prenda por la libertad con que expuse mis ideas en cada entrega.

 

*/ Pipitone, Ugo; Derrotas de la Izquierda, El Observador, Latinoamérica 2, marzo de 2019.


Semblanza

Fernando Manzanilla Prieto

Es maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard y licenciado en Economía egresado del ITAM. Actualmente ocupa el cargo de Secretario General de Gobierno del Estado de Puebla. Durante más de 20 años ha trabajado tanto en el sector público como en el privado y el social. Esta experiencia le ha formado una visión clara para impulsar políticas públicas que permitan a las personas alcanzar mayor bienestar, felicidad y un mejor nivel de vida.

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