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Opinión



“¿Ha visto a mi hijo?”

Viernes, Agosto 30, 2019 - 00:03
 
 
   

Está presente pero está ausente.

Lupita tiene 68 años, es mujer de campo; junto con su esposo, cuando jóvenes, trabajaron en una hacienda pulquera en un pueblo de Tlaxcala donde, como pago, sólo les daban de comer. Después él se dedicó a la construcción y aprendió a manejar maquinaria pesada mientras ella trabajaba su parcela. Tuvieron un hijo, Héctor, que aprendió de ellos a amar la tierra, la naturaleza. Su hijo único era muy afanoso desde niño, trabajaba muy bien con sus padres el campo, jugaba fútbol, era alegre, y siguiendo los pasos del padre, se fue a trabajar a una constructora con maquinaria pesada, ganaba bien y no tenía en qué gastar por lo que  ahorraba casi todo su dinero. 

Pasó el tiempo y Héctor, de 27 años, no sentaba cabeza. Dicen en el pueblo que tenía mala suerte con las mujeres, que su afición era por las mujeres con problemas: muchachas en situación de calle, dedicadas a la vida galante; mujeres que la montaña no las impresiona, el cielo no las cobija, el río no las llama y huyen a la ciudad, lejos del campo. La primera estaba embarazada de quién-sabe-quién y el joven se la llevó a casa de su mamá. Lupita estaba feliz de ser abuela y que la familia creciera pero Héctor la sacó de su certeza: el niño no era de él pero lo quería como si lo fuera. Lupita reafirmó su certeza, el bebé era familia y no le importaba, igual que a su hijo. Pero la muchacha, en cuanto nació el niño, dejó robado dinero y se fue. La segunda en cuanto pudo, le robó al joven y huyó. A todas las llevó a su edén pero nunca les fue suficiente. Dicen que la tercera es la vencida y así fue: llegó al pueblo una joven, también de la vida galante, y se fueron a hacer vida a la casa de ella en otro pueblo pero después de un tiempo, ya no se supo nada de él. Varias personas que van y vienen del pueblo lo han ido a buscar pero nunca se ha sabido más nada de él. 

Desde que Héctor se fue con su tercera mujer, Lupita ve a las personas del pueblo y les pregunta: “¿No ha visto a mi hijo?”. Murió su esposo y pensó que Héctor llegaría al velorio y al entierro de su padre, y no. Un vecino dice que a Lupita le está pasando como la historia que canta Maná, “En el muelle de San Blas”, de la chica que siempre está esperando a su amor y no llega; pero ahora pasa con su hijo, no aparece. En toda plática de Lupita, Héctor está presente pero está ausente; es el hijo que no vuelve, el que está pero no está, y cada vez que ella ve a alguien, invariablemente, le pregunta por él. 

Lupita le tiene a Héctor su cuarto, su cama, sus cobijas, su ropa y sus herramientas, lo está esperando en su casa y Héctor está desaparecido.., pero a ella no se lo puede decir. Nadie sabe dónde está Héctor y ella diario sale a buscar la vida en el campo, sembrando sus cosechas, esperando a su hijo que no llega…

alefonse@hotmail.com


Semblanza

Alejandra Fonseca

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