Miércoles, 23 de Octubre de 2019     |     Puebla.
Suscríbete


Opinión



¿Cuál será la política pública de Miguel Barbosa hacia el tema del agua?

Lunes, Agosto 5, 2019 - 07:57
 
 
   

La espuma era tan densa que el hombre no vio que no estaba sobre tierra firme, sino sobre un canal

Hace dos semanas, un hombre se acercó demasiado a la espesa espuma tóxica que se forma a la salida de la presa de Valsequillo hacia el canal que alimenta 22 mil hectáreas del distrito de riego en Tecamachalco. La espuma era tan densa que el hombre no vio que no estaba sobre tierra firme, sino sobre un canal. Tampoco midió la toxicidad y el riesgo de respirarla.  La altura de la espuma era tan alta, más de 5 metros, que quiso retratarla. La espuma se mueve lentamente, con la densidad del merengue, pero debajo, con gran fuerza, viene el agua contaminada de la presa.  Fue arrastrado por la espuma junto con su auto. Apareció muerto el viernes en una comunidad lejana al punto en donde cayó.  El agua que forma esa espuma viene del río Atoyac, receptor de gran parte del agua que baja de los volcanes, un río que, de acuerdo a los parámetros de mediciones frecuentes y documentadas de manera profesional, está clínicamente muerto.

Para hacer esta explicación más comprensible, puedo decir que, si el río fuera una persona, estaría al borde de la muerte. Sufriría paros respiratorios constantes, pues los indicadores de oxígeno bajan a cero varias veces al día. Una parte de su cerebro iría muriendo con cada paro y dejaría secuelas irreversibles en su organismo. Sus riñones e hígado estarían al borde del colapso por la cantidad de metales pesados que corren por sus venas, imposibles de procesar.  Tendría un sistema digestivo colapsado por los parásitos y una enorme colonia de cisticercos en el hígado y el cerebro. Las venas y el corazón estarían tapadas por grasas muy por encima de los niveles de colesterol con los que un ser humano puede vivir, además de haber ingerido grasas derivadas del petróleo que también lo estarían matando. Sufriría los síntomas de una persona envenenada con cianuro y tendrían enfermedades degenerativas y cerebrales producto del plomo y otros metales pesados que producen locura, retraso mental o daños cerebrales irreversibles.

En los últimos muestreos de este año, todos los indicadores del agua están fuera de norma. El río está muerto, como lo estaría una persona con todo lo que acabo de describir. La diferencia entre una persona muerta y un río muerto es que los ríos si pueden ser resucitados. Pruebas exitosas de esta afirmación hay muchas en el mundo. Puede ser un proceso de años, pero es perfectamente posible. Sin embargo, nos negamos en México el milagro de revivir a tantos de nuestros ríos, tan dañados como el río Atoyac.

¿Quién no querría revivir a un ser querido? ¿Por qué no es querida y adorada para la mayoría de los mexicanos el agua que lo es todo para la vida humana? El problema de una adecuada gestión hídrica no es solo un problema de debilidad o desinterés gubernamental, sino de una inconsciencia social generalizada. Las descargas que vimos la semana pasada de dos prósperas textileras evidencian ese desprecio. Los detergentes, cargados de fosfatos, y mil porquerías más que usamos en nuestra casa sin preguntarnos que contienen, lo evidencian también. La gigantesca espuma tóxica que usted puede observar cada día saliendo de la presa sigue ahí y es provocada por descargas domésticas con detergentes y materia orgánica, rastros, talleres automotrices, industria del petróleo, farmacéutica, metal-mecánica, textil, cosmética y muchas más.

Matamos el agua, y ella generosamente regresa a nosotros en forma de lluvia, limpia otra vez, y nosotros, los humanos, la volvemos a ensuciar de manera atroz. Pero este ciclo tiene límites y las consecuencias de traspasarlos es gravísima. Puebla es uno de los estados con más enfermedades ocasionados por agua contaminada. Por otro lado, estamos ya en un desbalance hídrico, tomando más agua de la que la naturaleza puede reponer para nuestro consumo y el de la flora y fauna, que tienen to Viva usted sin agua un día, verá que es imposible.

El derecho humano al agua no incluye el derecho a que salga por nuestra llave y la ensuciemos a placer, con costo cero. Regular su uso es obligación de la autoridad, usarla con consciencia es de todos.

Esta semana, después de un agitado año político, entró en funciones un nuevo gobierno estatal. La debilidad de las instituciones encargadas de regir el uso del agua es preocupante en los tres niveles de gobierno. Los recortes federales en este rubro son realmente peligrosos. El rol de los gobiernos de los estados es estratégico y claro en la Ley General de Aguas Nacionales y en Puebla ha sido abandonado y descuidado en las últimas décadas. No sé qué prioridad le dará el nuevo gobierno a este tema, pero un gobierno estatal decidido a cambiar la terrible realidad del mal uso del agua en nuestro estado podría hacer la diferencia entre un manejo sustentable del agua o su agotamiento generalizado en muy corto plazo. 


Semblanza

Verónica Mastretta

Ver más +

Encuesta