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Opinión



Desarrollo humano y mejoramiento de la práctica educativa

Lunes, Julio 8, 2019 - 07:39
 
 
   

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro

“Todo desarrollo verdaderamente humano significa desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y del sentido de pertenencia con la especie humana”.

Edgar Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 54.

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000117740_spa

El viernes próximo, 12 de julio tendrá lugar en la UPAEP la Jornada de Desarrollo Humano para la mejora de la práctica educativa organizada por la Facultad de Educación de la universidad. La información puede consultarse en la siguiente liga:

https://www.facebook.com/EducacionydesarrollohumanoUPAEP/photos/rpp.174884093134698/392398931383212/?type=3&theater

En esta actividad habrá un panel de expertos en el que compartiré la mesa con los maestros Rafael de Regil Vélez y Enrique López Albores, además de siete talleres sobre distintos temas relacionados con el desarrollo humano en la educación, impartidos por los dos profesores antes mencionados y Manuel Ponce de León, Luis Daniel Pérez López, Mariana López González, Guillermo Santos de Alva y Ausencia López de León.

En un contexto de acelerada deshumanización como el que vive hoy el mundo global en el que tal como afirma un estudioso del tema, se trata a muchos animales como seres humanos y al mismo tiempo se trata a muchos seres humanos como animales, el tema del desarrollo humano adquiere una relevancia fundamental y se convierte en un desafío central para la tarea educativa.

La escuela dominante en este tema es la de Carl R. Rogers y sus discípulos que se ubica en el campo de la Psicología humanista –la llamada “Tercera fuerza en Psicología”- y concibe el desarrollo humano en términos del desenvolvimiento de todas las capacidades y talentos de la persona desde su funcionamiento pleno que consiste en estar abierta a la experiencia, vivir de manera existencial y confiar en su propio organismo y experimentar la libertad para decidir su propio camino.

El enfoque centrado en el paciente desarrollado por Rogers a partir de su experiencia en la psicoterapia fue después traducido por el mismo autor al campo de la educación bajo el nombre de Enfoque centrado en el estudiante y constituye una aportación importante para la mejora de la práctica educativa que desafortunadamente se ha quedado en el nivel de la teoría y no ha sido suficientemente apropiado por los docentes para construir una práctica auténticamente educativa a partir de la aceptación incondicional de cada estudiante y la facilitación del despliegue de todas sus potencialidades en un ambiente de libertad.

Sin embargo en mi participación en el panel de estas jornadas trataré de señalar una aportación más amplia aunque convergente y complementaria a la del psicólogo estadounidense que proviene del paradigma de la complejidad desarrollado por el pensador francés Edgar Morin, planteando lo que específicamente señala en su obra Los siete saberes necesarios para la educación del futuro.

El punto de partida de esta visión compleja está contenido en el epígrafe que abre el artículo de esta semana en el que Morin plantea que todo desarrollo verdaderamente humano tiene que trascender el ámbito meramente individual y entenderse como un despliegue conjunto de las autonomías de cada individuo, de las participaciones de los sujetos individuales en la comunidad a la que pertenecen y del sentido de pertenencia a la especie humana.

De modo que si entendemos que el ser humano es al mismo tiempo individuo, sociedad y especie como afirma la antropología compleja, tenemos que asumir que el desarrollo humano es simultáneamente desarrollo individual, desarrollo de la persona en la sociedad a la que pertenece y contribución al desarrollo de la humanidad como sujeto colectivo en la historia.

Este cambio de perspectiva aporta elementos importantes para la mejora de la práctica educativa porque así como la visión rogeriana implica un cambio de mentalidad del profesor para centrar su trabajo en cada uno de los alumnos que tiene enfrente, considerados como individuos que tienen que crecer en libertad, así la visión de complejidad implica que cada educador entienda su trabajo como un proceso de dinamización de la autonomía individual, la participación comunitaria y la conciencia planetaria de cada uno de los educandos.

Esta idea tridimensional del desarrollo humano resulta muy necesaria en estos tiempos en los que se prioriza tal vez en demasía la dimensión individual y la búsqueda personal –muchas veces egoísta- de la felicidad y la realización, que deja de lado o pone en segundo término las exigencias para una felicidad plenamente humana que tienen que ver con la construcción de comunidad y la realización de la humanidad para salvarla de los múltiples riesgos planetarios que hoy están clamando por ser enfrentados.

Además de lo anterior, la concepción compleja del desarrollo humano plantea la articulación de la unidad y la diversidad de lo humano como una tarea central de la educación. Como afirma Morin: “La educación del futuro deberá velar para que la idea de unidad de la especie humana no borre la de su diversidad y, que la de su diversidad no borre la de la unidad” (Ibid, p. 55).

Vivimos en un mundo en el que es cada vez más clara la diversidad de individuos, comunidades, culturas, costumbres, valores, formas de vivir y de pensar, aspiraciones y proyectos de felicidad. Esta conciencia creciente de la diversidad clama por la tolerancia, el respeto y la inclusión que sólo serán posibles a partir del reconocimiento de la unidad de lo humano, la identidad como miembros de la especie humana que es una en su estructura y dignidad y sin embargo se despliega en una enorme diversidad de formas de ser humano.

El reconocimiento y el compromiso con esta tarea de mantener la unidad en la diversidad y estimular la diversidad en la unidad es otro elemento importante para mejorar las prácticas educativas a partir del trabajo creativo y responsable en la promoción del desarrollo humano entendido desde una visión de complejidad.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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