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Opinión



Abstencionismo, legitimidad y legalidad en Puebla

Domingo, Junio 9, 2019 - 22:31
 
 
   

No es un dato óptimo el 33 por ciento de votantes

Los resultados electorales del pasado domingo, a pesar de tener una importancia histórica significativa, por ser la oportunidad para que las acciones encaminadas a lograr un cambio de régimen estuvieran soportadas por una amplia mayoría, arrojaron un porcentaje elevado de abstencionistas

No es de extrañarse, las democracias consolidadas presentan en ocasiones tasas altas de ciudadanos que no acuden a votar. Si llama la atención que sociedades de regímenes autoritarios como el poblano, el votante haya mostrado desinterés por lo que, más allá de incidentes menores, fue un ejercicio electoral aceptable. El segundo en la historia moderna poblana, el primero dio pie a la alternancia del 2010. Quedará como una referencia histórica.

No es un dato óptimo el 33 por ciento de votantes, sin embargo, es suficiente para iniciar gobierno.

Los filtros de la instalación de poderes en una democracia son dos: el partido que compite y gana debe hacerlo conforme a los criterios que indica la ley. Ahí está la fuente de la legalidad.

Aunque es un lugar común, hay que recalcarlo: en una democracia gana el que tiene el mayor número de votos. Ahí se encuentra la fuente de la legitimidad.

Ambos elementos, legalidad y legitimidad, son el óptimo en una democracia. No hay menos o más legalidad. Los gobiernos o son legales o no lo son. Ocurre lo mismo con la legitimidad, esta no es de naturaleza cuantitativa. De procesos electorales no se deriva poca, mediana o alta legitimidad o legitimidad fragmentada. Por el modo de ascender al poder público, los gobiernos son legítimos o no lo son.

Popularidad no es sinónimo de Democracia, aun y cuando esta última no se encuentra ajena a líderes carismáticos o populares. La legitimidad es una cualidad que se deriva de la soberanía del votante, no de la popularidad o el carisma del político.

La legitimidad define el modo de acceder al poder en una democracia. Y, por el contrario, se pierde legitimidad por la ineficiencia e ineficacia en las acciones de gobierno. Por ellas y solo a través de ellas, de sus resultados, el ciudadano seguirá aceptando las decisiones de los gobernantes e incluso permitiendo que el partido que está en el poder refrende un periodo más o castigarlo echándolo del mismo.

El reto de Luis Miguel Barbosa Huerta es, sigue siendo, hacer un buen gobierno. Lo seguiría siendo aun y cuando los votantes hubieran superado el 50 o 60 por ciento del padrón electoral o más. Las baterías tendrán que enfocarse a pasar el filtro de buenas acciones de gobierno, siempre y cuando el objetivo sea que la coalición encabezada por Morena se consolide como la primera fuerza del estado.

No es menor el margen político. Del total de quienes si fueron a las urnas, el 43% sufragó por el ganador; su partido Morena, tiene la mayoría de la cámara local de diputados, los principales municipios de la entidad, el soporte del gobierno federal y el poder legislativo federal. Todo ello, básico sustantivo para hacer un buen gobierno o, también para dilapidar el capital político, esta última opción no es rara avis, suele ocurrir con frecuencia, es cuando quien llega al poder, como dice la vox populi, “se siente en los cuernos de la luna”

Vistas las cosas con realismo, sin ser adivinos, y sin menoscabar el esfuerzo que hará Barbosa como gobernador, Morena se encuentra en la antesala de perder la presidencia municipal en las elecciones del 2021. La administración de la ciudad capital es el mejor espejo de lo que el próximo gobernador no debe hacer. Si en estos momentos aplicaran referéndum para revocación de mandato, seguramente la presidenta municipal de Puebla tendría que renunciar. Ese es uno de los efectos de la política de amplio espectro.

Su condición de partido nuevo le ha impedido limitar los efectos nocivos de la improvisación. La política de puertas abiertas absorbió de todo. Sus funcionarios públicos, de origen tricolor, azul y amarillo -muchos de ellos arribistas, convenencieros, oportunistas, trepadores, arrastraron a los noveles morenistas al desorden, el caos, la ineptitud. Sobrepusieron su cultura del agandalle, la intriga, la tenebra, el conspiracionismo, por sobre la vocación social que aun predica Morena. Basta ver el desaseo de sus administraciones municipales para corroborar lo dicho.

 La política de “cacha todo” tampoco ha dado dividendos en la representación política. La imagen que proyecta la bancada mayoritaria es muy lejana del republicanismo democrático y si cercana a una pandilla de jovenzuelos rijosos que muy poco o nada hacen por traducir la Cuarta Transformación para la instauración democrática en territorio poblano. Tiene razón López Obrador al afirmar que ninguno de los diputados de Morena debe buscar la relección.

La curva de aprendizaje se ha extendido. Por ello el punto de partida clave es, sin lugar a dudas resolver el nombramiento de un gabinete incuestionable, de capacidad probada, honesto, de trayectoria limpia, con sensibilidad social, talentoso. El compadrazgo, el dedazo, las secretarías amarradas a los amigos o a las cuotas de poder, deben (o deberían) quedar en el pasado y ser sustituido por la instauración del Servicio Profesional de Carrera.  Es una condición necesaria para hacer un buen gobierno y garantía para tener en sus manos todos los hilos del poder público.

La tarea es volver a acercarse a la sociedad y para ello se requiere un plan emergente de prioridades, de resultados inmediatos, viable, objetivo, transparente, que muestre la gravedad de los problemas por los que atraviesa el estado y las acciones para enfrentarlos en temas tales como, seguridad, movilidad, respeto a los derechos humanos, apoyo a municipios, endeudamiento, empleo oportuno a los jóvenes, con capacidad para integrar las expectativas de desarrollo sustentable para las zonas urbanas y rurales de Puebla, sin corrupción. Sometido a revisión y corrección constante, que reconozca y respete la división de poderes y reconozca en la figura de los órganos autónomos una fortaleza de gobernabilidad.

La administración e impartición de la justicia es otro de los grandes temas. El nuevo gobierno tendrá que iniciar una discusión profunda con los actores para dar funcionalidad optima al poder judicial y a la Fiscalía General del Estado, rescatando su espíritu constitucional; el primero es parte de la división de poderes y contrapeso y órgano autónomo el segundo. Para nadie es un secreto que ambas instituciones fueron espacios de control político del régimen pasado y evidentemente obedecen a intereses distintos a los de la Cuarta Transformación.

Los esfuerzos anteriores obligan a establecer una agenda legislativa acorde a las propuestas del próximo gobierno.

No hay medias tintas, la sociedad votó por nuevas formas de hacer política, no confirmó al partido que gobernó Puebla los últimos 10 años.

El malabarismo retórico no es suficiente para ocultar que el Partido Acción Nacional fue el gran perdedor, conservó 10 años el gobierno estatal y lo perdió. Aunque justamente porque esa condición no es eterna, Morena tendrá que poner atención en su cohesión interna. En Puebla debe acelerar su institucionalización fortaleciendo su identidad partidaria, re oxigenándose, abriéndose a nuevos cuadros y a los ciudadanos, de otra manera en el 2021 veremos escenarios de gobierno dividido y yuxtapuesto. El congreso y el municipio capital en manos de la oposición.

gnares301@hotmail.com


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Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP Autor de diversos libros Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

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