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Opinión



La educación y la boca que la pronuncia

Lunes, Mayo 13, 2019 - 07:39
 
 
   

“Toda palabra depende de la boca que la pronuncia”, dice Nietzsche

“Toda palabra depende de la boca que la pronuncia”, dice Nietzsche.

Carlos Skliar. Del derecho a la educación a la ética educativa.

http://www.modalidadespecial.educ.ar/datos/recursos/pdf/del-derecho-a-la-educacion-a-la-etica-educativa.pdf

La semana pasada sucedió al fin la aprobación, primero en la Cámara de Diputados y luego en el Senado de la (contra) Reforma educativa de este nuevo sexenio, una más entre las múltiples reformas, revoluciones y cambios que ha sufrido nuestro sistema educativo sujeto siempre a los vaivenes político-electorales más que al interés genuino de formar a los futuros ciudadanos que el país necesita para afrontar sus cada vez más profundos problemas.

Como escribí en este espacio la semana pasada (https://www.e-consulta.com/opinion/2019-05-06/lo-pragmatico-lo-programatico-y-lo-paradigmatico ) siguiendo el planteamiento del Dr. Manuel Gil Antón, se trató una vez más de un cambio pragmático más que del cambio programático necesario y del cambio paradigmático deseable para construir una educación que realmente forme a nuestros niños y jóvenes con la calidad y la visión necesarias para adaptarse al mundo que les toca vivir, pero al mismo tiempo para ser capaces de adaptar ese mundo y transformar sus condiciones para volverlo un espacio más humanamente habitable para todos.

La reforma aprobada ha sido fuertemente cuestionada por los extremos del espectro político: por una parte, los radicales de izquierda que son afines a las demandas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) la descalifican porque consideran que no cumple con la promesa de echar abajo todo lo que estaba planteado en la reforma del 2013 –“no quedará ni una coma” dijo el mismo Mario Delgado que había aplaudido la reforma anterior- y por otro lado, los sectores más alineados a la derecha la critican porque consideran que abre la puerta para volver a entregar al control del sistema educativo nacional (SEN) a las cúpulas sindicales del magisterio, perdiendo la rectoría del Estado sobre la educación que se había intentado recuperar.

Una postura más matizada es la de algunos académicos expertos en política educativa como la Dra. Alma Maldonado del DIE-CINVESTAV que expresaron en tuiter su convicción de que la nueva reforma es mucho mejor que la que propuso inicialmente el presidente López Obrador al Congreso y que salva muchas de las cosas positivas de la reforma anterior y plantea algunas novedades que pueden ser positivas, pero alerta al mismo tiempo sobre la necesidad de vigilar muy de cerca la legislación secundaria que va a plantear las leyes reglamentarias que regirán los detalles operativos, puesto que es ahí donde según ella, no se da tanto una apertura a la CNTE como una posibilidad de retorno al control del SNTE sobre plazas y presupuestos educativos.

El tiempo dirá quién tiene la razón en esta valoración sobre el nuevo marco legal que regirá las políticas educativas de nuestro país en los años por venir.

Sin embargo, mas allá del marco constitucional y de las leyes reglamentarias que van a sustentar las reglas de operación del sistema educativo nacional, la realidad de cada aula y de cada escuela, el trabajo de cada docente y directivo, las necesidades de aprendizaje de cada niño y niña, las expectativas de un mejor futuro para sus hijos de cada padre y madre de familia están ahí, presentes, demandando respuestas y acciones concretas que contribuyan de manera efectiva a mejorar las condiciones en las que sucede el hecho educativo concreto.

Toda palabra depende de la boca que la pronuncia, dice Skliar que decía Nietzche y la palabra educación depende en efecto, de las bocas que la van pronunciando y de los intereses y convicciones de todos estos actores que desde sus distintas posiciones mueven esa boca.

Toda palabra depende de la boca que la pronuncia y la palabra educación se pronuncia en las campañas electorales, en los foros políticos y en las discusiones legislativas en bocas que al pronunciarla están queriendo decir votos, clientelas, seguidores, apoyos, acceso y conservación del poder.

Toda palabra depende de la boca que la pronuncia y la palabra educación se pronuncia en los discursos y documentos de los líderes magisteriales en bocas que al pronunciarla están queriendo decir acceso a presupuestos, control de plazas, posicionamiento frente al gobierno, apoyo de las bases, movilización, negociación, poder y más poder.

Toda palabra depende de la boca que la pronuncia y la palabra educación es pronunciada por los profesores de vocación y en esas bocas recupera su significado y se vuelve palabra sagrada que implica compromiso con el crecimiento y la formación del otro; trabajo creativo, crítico y responsable para desarrollar los saberes necesarios para el ejercicio de una ciudadanía responsable; convivencia para la reconstrucción del tejido social a partir de la paz, la inclusión, el respeto y la solidaridad; aprendizaje continuo que busca el conocimiento válido, verdadero y pertinente para transformar al país.

En ese marco, hoy más que nunca habrá que buscar que la palabra educación se actualice en el día a día de las aulas con la fuerza que le dan las bocas de todos los que se sienten llamados realmente a trabajar en la formación de las nuevas generaciones de mexicanos con una visión de transformación y de construcción de una sociedad pacífica, justa, democrática, incluyente y solidaria con el mundo.

Porque más que esperar a lo que el gobierno y las leyes nos indiquen, los educadores de vocación debemos estar activamente buscando las mejores formas de pronunciar y vivir esa palabra sagrada para encontrar caminos eficaces y pertinentes para formar a nuestros alumnos ya sea gracias a o incluso a pesar de, las reformas educativas que se definen en las altas esferas del poder.

Sólo así podremos salir de la profunda crisis en la que estamos metidos como país y aspirar a una patria que brinde a todos un espacio de acogida, crecimiento y construcción colectiva.

Sí, definitivamente la palabra educación depende de la boca que la pronuncia.


Semblanza

Martín López Calva

Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala, maestro en Educación superior por la misma universidad y en Humanismo universitario por la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha sido dos veces “Lonergan Fellow” por el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007). Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación y enlace de la UIA Puebla en el campo estratégico de “Modelos y políticas educativas” del sistema universitario jesuita (SUJ) desde agosto de 2007 hasta marzo de 2012 y académico de tiempo completo en esta universidad desde abril de 1988 hasta marzo de 2012 donde obtuvo el reconocimiento de académico numerario e imparte hasta la fecha cursos de licenciatura y posgrado en el área de Educación. Tiene experiencia docente a nivel de licenciatura, posgrado y formación de profesores en la UIA Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, Universidad de las Américas Puebla, Universidad Anáhuac y otras desde 1988. Actualmente es Director académico de posgrados en Artes y Humanidades de la UPAEP. Ha publicado diecisiete libros sobre temas educativos (los más recientes: Educación humanista –tres tomos- en Ed. Gernika y Gestión curricular por competencias en educación media y superior, en coautoría con Juan Antonio García Fraile), diez capítulos en libros colectivos y alrededor de 45 artículos en revistas de educación.

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