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Opinión



¿Desaparecer los órganos locales electorales?

Martes, Abril 9, 2019 - 18:45
 
 
   

Entre otras muchas formas de malograr el sufragio efectivo.

Juan Luis Hernández*

Morena ha presentado una iniciativa de ley para desaparecer a los 32 Órganos Públicos Locales Electorales (OPLES) y que sea el INE quien organice las elecciones tanto nacionales como locales. En la última reforma electoral (2014) fue el propio PAN quien empujó el cambio de IFE a INE al desaparecer a los institutos locales electorales por los “Oples”, un diseño híbrido con competencias complementarias entre INE y Oples. Gustavo Madero, entonces interlocutor del PAN para la reforma electoral, afirmó que había llegado la hora de arrebatarles a los gobernadores el control de las elecciones locales.

No obstante, por enésima vez, la realidad resultó ser más terca que el espíritu de la ley. Los gobernadores siguieron controlando para sus intereses a los consejeros electorales de los Oples, con todo y que ahora fueron electos por los propios consejeros del INE, quienes entraron al juego de las cuotas y los cuates de los ejecutivos estatales.

Y en pleno frenesí de poder de los gobernadores, los Oples se convirtieron en marionetas indispensables de los señores feudales de los estados, perversión que derivó en la destitución de los 7 consejeros del Ople de Chiapas por fraude electoral, en el Ople de Colima quien dio en 2016 el triunfo en las elecciones para gobernador al PAN para luego desdecirse, para finalmente aterrizar en Puebla en donde no se puede explicar la crisis electoral de 2018 sin los cuestionamientos al Ople morenovallista.

Que el INE haya atraído en su totalidad la organización del proceso electoral extraordinario de Puebla para las elecciones del 2 de junio de este año, pone de manifiesto que, por lo pronto, el Ople es prescindible. Lo es en aspectos técnicos y logísticos, pero, sobre todo, en legitimidad política. Parte del envenenamiento del ambiente electoral del año pasado tendríamos que atribuírselo al Ople local, a quien, una y otra vez, le corrigieron la plana organizativa, desde el centro del país.

Morena está cuestionando el orden institucional del PRIAN. Son 30 años de diseño de una malograda transición a la democracia. Hay una parte de verdad en el sentido de que la hiper burocratización que han supuesto los 32 Oples no han servido para afianzar la democracia subnacional. Todo lo contario. Han propiciado los peores regresos autoritarios. En los últimos 4 años los 32 Oples habrían significado a los contribuyentes una carga de 34 mil millones de pesos, encareciendo aún más nuestra democracia de baja intensidad. La otra parte de la verdad es que Morena está recentralizando el país, reconcentrando facultades en el Ejecutivo Federal y realineando a las élites políticas locales al centro del país.

El pulso recentralizador tiene apoyo subnacional, no de las élites políticas, sino de las sociedades locales burladas, expoliadas y abandonadas por sus gobernantes. En los últimos 3 lustros, tanto los excedentes petroleros como el negocio del huachicol, sólo beneficiaron a los grupos locales de kakistócratas que vieron en la descentralización la oportunidad para enriquecerse. Ante la recentralización las élites políticas locales se rasgan las vestiduras del federalismo, sacan la banderita de las soberanías locales y amagan con revueltas desde los márgenes. Pero la realidad es que sus reclamos no tienen ni base social ni posibilidades de racionalidad institucional.

La derrota apabullante en las urnas tanto del PRI como del PAN es la antesala del desmoronamiento del andamiaje institucional que construyeron y del que se sirvieron impunemente hasta cansar a los electores. Morena está proponiendo eliminar lo difícilmente defendible. No creo que desaparecer a los Oples signifique abdicar a la pretensión de sostener el federalismo mexicano, porque éste, simple y sencillamente, nunca ha existido. Ha existido un federalismo artificial y convenenciero. Pero hasta ahora no hemos experimentado lo que realmente sucede en Canadá y Estados Unidos, países cuyos poderes locales suelen ser en ocasiones más poderosos que los federales.

En suma, la desaparición de los Oples y la erección de una sola autoridad electoral nacional con presencia en las 32 entidades federativas de sus juntas locales nos ahorrarían dinero, empalme institucional, barroquismo técnico y legal, así como gobernadores ansiosos de jugar a las elecciones. Eso nos llevaría también a desaparecer a los 32 tribunales electorales locales que, de la misma manera que los Oples, no han servido para mucho para detener y castigar fraudes electorales, compra de votos, desvío de recursos públicos a campañas, entre otras muchas formas de malograr el sufragio efectivo.

Las juntas locales del INE así como las salas regionales del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación podrían perfectamente asumir el andamiaje de los procesos electorales locales, haciéndolos gradualmente concurrentes con los federales, de tal manera que los mexicano no sólo tengamos “eleccionitis” sino elecciones concurrentes que atraigan más la participación de los votantes.

Las instituciones se defienden cuando hay motivos para defenderlas, por lo que representan en términos de bien público y defensa de los derechos de los ciudadanos. Cuando las instituciones han servido a la plutocracia, la perversión de la democracia y la simulación, necesitan revisarse, evaluarse y, en su caso, eliminarse.


Semblanza

Juan Luis Hernández

Politólogo, profesor investigador de ciencias políticas de la Ibero Puebla

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