Al más puro estilo de la hurracarrana o de la cavernaria, términos que inconscientemente nos son familiares por estar vinculados a ellos, la lucha libre ha logrado persistir con el paso del tiempo al grado de evolucionar para ofrecer un espectáculo adaptado a las necesidades de la época. En México, por ejemplo, cada vez se hace más común la aparición de Arenas donde vemos el nacimiento o consagración de luchadores y luchadoras que ofrecen su talento para el entretenimiento del público. ¿Pero qué hace a este deporte tan especial?

Primero que nada, hay que mencionar al personaje que fue clave para que este espectáculo pudiera llegar al país y popularizarse tan rápido: don Salvador Lutteroth González, un empresario mexicano que tuvo la visión suficiente para traer esta disciplina a México y que hoy día sea considerado como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, así como el hecho de que cada 21 de septiembre se celebre el Día Nacional de la Lucha Libre y del Luchador Profesional en el país.

La propuesta de celebración anual se presentó ante el senado en 2016, donde buscaron reconocer al deporte del llaveo y contrallaveo a nivel nacional; sin embargo, no fue sino hasta 2019 que, con 341 votos a favor, oficialmente se firmó el decreto. No obstante, se trata de una lucha de distinción que data de los tiempos de Lutteroth González, a quien incluso se le conoce como “El padre de la lucha libre”.

Muy probablemente el negocio de la lucha libre era uno de los muchos que este señor pretendía poner en marcha, pues en la década de los 30's él se desempeñaba como inspector de hacienda y fue gracias a un viaje de trabajo que hizo a Ciudad Juárez, donde lo invitaron a ver una función de lucha en El Paso, Texas, que tuvo la visión de traer este espectáculo deportivo a México, algo que significaba toda una apuesta a ciegas debido a que en el territorio nacional era casi nulo el conocimiento de esta actividad.

 

El parteaguas

La primera función de lucha libre profesional en México tuvo lugar el 21 de septiembre de 1933, en la Arena Modelo, sitio que Lutteroth tuvo que rentar para después adquirir y renombrarlo como Arena México. A pesar de haber sido en el mismo predio donde hoy se encuentra la Catedral de la Lucha Libre, el espectáculo tuvo que desarrollarse a unos metros de donde ahora está el estacionamiento del recinto, con una capacidad limitada para 4 mil 500 personas.

En el cartel y un cartel se presentaba a Yaqui Joe, el único mexicano, Bobby Sampson, Leong Tin Kit y Ciclón Mackey y sobra decir que un duelo de este tipo fue suficiente para llevar a cabo la función que dejó maravillado al público, pues se trataba de un entretenimiento completamente distinto a los que se tenía acostumbrado en la época; el costo para ver a estos gladiadores fue de 1 peso en zona general y de 1.50 pesos en ring general.

La función, además de ser el principio de la historia en el pancracio nacional, también dio paso a que se fundara la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL), que después pasó a renombrarse como Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), es por ello que en este día también se conmemora a la compañía más popular de este deporte en Méxco y que hoy festeja su 88 Aniversario.