Emmanuel Macron, presidente de Francia, anunció la muerte de Abou Walid al Saharaui, líder del Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS), al que se atribuye la mayor parte de ataques y atentados de los últimos años en el oeste de Níger y el este de Burkina Faso y Malí.

El emir yihadista era uno de los terroristas más buscados de África, el cual fue abatido en una operación militar gala en el Sahel en agosto. “Es un nuevo gran éxito en el combate contra los grupos terroristas del Sahel”, afirmó Macron, a través de Twitter.

Tras el golpe moral para Occidente que ha supuesto el retorno de los talibanes en Afganistán y en plena catarsis de Francia por el juicio por los atentados yihadistas del 13 de noviembre de 2015 en París, la noticia ha sido celebrada por las autoridades galas como un “golpe decisivo” contra el extremismo islamista que ahora se extiende por el Sahel.

La noticia llega en un momento sensible en la región, tras el anuncio de la retirada de un 40 por ciento de los soldados de la Operación Barkhane antes de final de año y el debate abierto sobre una posible contratación de mercenarios rusos de la empresa Wagner por parte de Gobierno de Malí para combatir al yihadismo.

Florence Parly, ministra francesa de Defensa, dijo que la muerte de Al Saharaui propicia un golpe decisivo a la jefatura del Estado Islámico en el Sahel, pero también a su cohesión pues no será tan sencillo que encuentren un reemplazo.

Señaló que el líder del EIGS era una figura histórica de la yihad en el Sahel, siendo el jefe absoluto del grupo extremista responsable de la muerte de entre dos mil y tres mil civiles desde 2013, en su gran mayoría musulmanes, en la zona llamada de las Tres Fronteras, entre Burkina-Faso, Níger y Malí.

Con información de El País.