A inicios de la década de los ’80 llegó a Zacatlán lo que se convertiría en una de sus principales fuentes de contaminación, la mina a cielo abierto de arena feldespáticas, material sumamente demandando a nivel mundial por la industria de vidrio y cerámica, con permisos poco claros y el nulo desconocimiento de los ejidatarios de la zona, empezó a funcionar con mínimas medidas de prevención y protección al medio ambiente que hoy han dado como resultado, entre otros daños, la devastación de más de 18 hectáreas de campo.

Así lo señalan ejidatarios de Poxcuatzingo, perteneciente al municipio serrano de Zacatlán, que se cansaron de buscar una respuesta en dependencias como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), la Comisión Nacional del Agua (CNA) y Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), entre otras, para exigir la revisión de permisos de funcionamiento de FELDMEX S.A de C.V y tomaron la determinación de acudir a la vía legal, por lo que han promovido un Amparo que ya fue aceptado por un Juez de Distrito en materia de Amparo Civil, Administrativa y de Trabajo y Juicios Federales en turno, en el Estado de Puebla, con el objetivo que les sea retirada la concesión del uso de agua.

Datos del Anuario Estadístico de la Minería Mexicana 2018, Edición 2019, refieren que la producción de feldespato en Zacatlán ocupa el primer lugar a nivel nacional y el sexto mundial.

Ramón Cabrera Moreno, presidente del Ejido de Poxcuatzingo, explica en entrevista que desde la llegada de la mina “nunca obtuvimos beneficios, por el contrario sólo nos han dejado sus residuos, perjudican todos nuestros nacimientos de agua, encuentran una vena y la trozan, sin importarles que eso significa dejarnos a secas, el problema es que las autoridades federales nunca nos han hecho caso y los presidentes municipales de Zacatlán, hasta el anterior, nos dejaron solos, ahora le pedimos al Profesor Luis Márquez Lecona que nos apoye, sabemos que de él no depende la decisión, pero sí queremos que nos respalde, para seguir con esta lucha porque lo que queremos es que la mina se vaya”.

Y es que los hechos reflejan el actuar de las autoridades federales, el 30 de mayo de 2012 la Unidad de Aprovechamiento y Restauración de Recursos Naturales emitió dictamen positivo respecto al proyecto “Estudio Técnico Justificativo Para Cambio de Uso de Utilización de Terrenos Forestales Para la Extracción de Feldespato” presentado por José Vicente Etelberto González Cázares, director de FELDEMEX S.A. de C.V. y en esa misma fecha la SEMARNAT solicitó un depósito de 320 mil pesos como “compensación ambiental” por las afectaciones al ecosistema, más de 18.5 hectáreas devastadas en la zona.

“Para qué sirve ese dinero”, cuestiona María Virginia Martínez Sánchez, ejidataria de Poxcuatzingo “si la mina perjudica mi parcela, todos los residuos han terminado en el subsuelo y dañan la tierra, voltea para donde sea y pura arena blanca, además de la enfermedades, las infecciones gastrointestinales por la contaminación en el agua, en tiempo de calor, no tenemos nada para regar”.

El negocio de las minas es sumamente rentable, el volumen de producción de feldespato en Zacatlán, presentó un repunte durante los últimos 5 años, en 2018 ascendió a 709 mil 758 toneladas, es decir mil 944 toneladas diarias, un camión de  30 toneladas cada 22 minutos “ruido a todas horas, todo el día, contaminación por todos lados y las autoridades les siguen dando permisos para dañarnos”, insiste María Virginia Martínez.

“Hace algunos años”, comentan los ejidatarios, “cuando pidieron el cambio de uso de suelo, vinieron los de SEMARNAT y PROFEPA, quisimos hablar con ellos y más tardaron en bajar de los carros que el dueño de la mina en llevárselos a sus oficinas, no somos tontos, qué casualidad que después les dijeron que sí a todo lo que pidieron, a costa de nuestra agua, de la contaminación de nuestra tierra”.

Y añaden en tono sarcástico “por si fuera poco, ya nos ‘nació’ un nuevo cerro”, se refieren a una enorme colina formada de todos los residuos provenientes de la mina, contaminantes al aire libre que, explican “nada más empiezan los vientos y esa arenilla vuela por todos lados y nos pinta de blanco cosecha, casas, todo, llueve y se hace un lodazal blanco y denso que tapa tuberías, queremos que se lleven las minas de aquí, ya”.

Un estudio de impacto ambiental al que se refieren los ejidatarios señala que las malas prácticas en la actividad minera y la erosión que la misma provoca, ha derivado en la afectación de la calidad del agua, al contaminarse con las descargas del producto del lavado de arena, lo que dificulta y encarece la potabilización en la planta del municipio y por tanto se genera desabasto.

Arroyos secos y escacez del vital líquido en la época de estiaje, son otras de las afectaciones que viven los habitantes de Poxcuatzingo y también de la cabecera municipal, dado que los mantos de esta zona, depende un porcentaje del abasto en la ciudad.

De acuerdo a ese mismo estudio, otro elemento afectado es el aire “que se nutre de impurezas sólidas provenientes de polvos y combustibles tóxicos que quedan suspendidos en el aire, vapores y emanaciones de sustancias nocivas, éstas afectan las vías respiratorias de personas y animales, lo que genera daños a su salud”.