Escondidas en algún lugar de Tehuacán, permanecen unas huellas que durante varios miles de años han presenciado el cambiar constante de la historia, son unas pinturas rupestres que se mantienen observadoras y discretas, para varios permanecen ocultas entre la maleza, mientras que para otros han sido objeto de constantes saqueos.

El profesor de primaria, Francisco Luis Aguilar Cortés conoce dichos escritos desde hace unos seis años, cuando por casualidad caminó frente a ellos y desde ese momento los ha visitado periódicamente, pero, cada que regresa a ese lugar se encuentra con la problemática de que le faltan piezas a los propios trozos de roca, es decir, los pocos visitantes que acuden a este sitio desprenden de las grutas los dibujos que están plasmados.

En el lugar se encuentran plasmados animales con colas muy prolongadas, con cuernos y dobles colores, en tono rojizo y beige o marrón, también existen sistemas de contabilidad y animales cazados. Una de las figurillas plasmadas y que más llama la atención es una máscara Popoloca, que a lo largo de su cara tiene trazada una cruz y unos prominentes aretes.

De acuerdo con el profesor, los dibujos pudieron haber sido trazados con tintas de frutas o la propia sangre de los animales, lo curioso es que han perdurado desde hace varios años.

Ese punto está ubicado en un conjunto de grutas, en donde a simple vista se logra apreciar la azotea ahumada por el constante uso de leña, desconociéndose si esa actividad data de la época precolombina o son los propios visitantes los que han causado esas características más recientes.

Dichas grutas están divididas por una especie de pequeña Cañada en la cual por los rasgos, se cree que los pobladores de aquel entonces pudieran haber gozado de un brazo de río, tomando en cuenta los constantes hallazgos de fósiles marinos en la zona y que Tehuacán hace varios miles de años fue mar.

De acuerdo con el arqueólogo, Mauricio Gálvez Rosales, el lugar puede tener unos 2 mil años de antigüedad y pudo haber sido habitado por la cultura Popolaca, incluso anteriores civilizaciones.

En lo que respecta a las tintas con las cuales fueron realizadas las piezas, señaló que pudieran haber sido dibujadas por algún óxido, ya que las pinturas de origen mineral duran más tiempo.

"Son pinturas realizadas con materiales que están en las piedras o rocas, una de las más usadas para la época prehispánica es el "cinabrio", que es un material de color rojo asociado en la mayoría de los casos a entierros, pero también se utilizaban en menor proporción para pintura mural o pintura rupestre en cuevas o abrigos como en el caso presente" indicó.

El también director de la Zona Arqueológica Ndachjian–Tehuacán, señaló que los colores de origen mineral tardan más en borrarse, sin embargo, también influye en su destrucción el grado al que estén expuestos en la intemperie, es por eso que algunas pinturas que están al interior de cuevas se notan intactas.

Por último manifestó que la tonalidad en negro la obtenían del carbón vegetal y añadió que otra forma de obtener el color rojo es a través de un parasito del nopal, que crece en forma de gránulos blancos que al limpiarlos dejan bolitas que al triturarlas dan un color rojo intenso.

Sin duda, un lugar que guarda varios secretos, resguardado celosamente por algunos pobladores que intentan evitar el saqueo, que lamentablemente ha sido inevitable, pues poco a poco disminuyen las gráficas en aquellos pedazos de roca.

Es importante mencionar que para que e-consulta pudiera acudir al lugar, fue necesario cumplir con una condicionante: no revelar la ubicación exacta, y así se cumplió.