La precariedad económica de las familias y la informalidad de los trabajos son los principales factores que empujan al ingreso de los niños al mercado laboral, situación que se traduce en un alto grado de ocupación infantil no permitida en al menos 36 municipios de Puebla, aunque existen más de 193 mil menores en estas condiciones en todo el estado.

Angélica -como la llamaremos para preservar su identidad-, forma parte de los 193 mil menores en Puebla que debe de trabajar como parte de un esquema precario de economía familiar pero también como un modelo histórico donde cada integrante de la familia reproduce un rol y una actividad específica, según describen los académicos.

 

El trabajo infantil en la venta de artesanías

El caso de Angélica es común, pues al igual que ella otras niñas venden junto con sus madres, tías o abuelas, artesanías tejidas o de madera que se elaboran en casa para después ofrecerlas en zonas turísticas de Puebla como el zócalo de San Pedro Cholula.

Este fin de semana fue el primer día que la pequeña de 11 años de edad salió junto con su mamá a vender pulseras y bolsas tejidas, así como pequeñas figuras y juguetes de madera. Sus dos hermanos, de 7 y 8 años de edad, hacen lo mismo pero acompañando a su padre.

Angélica teje desde los 8 años, por lo que ahora se encarga de hacer las pulseras con cuentas o hilos de colores que vende en 15 y 30 pesos, sin embargo ya aprende de su mamá el tejido de las bolsas y morrales, cuya elaboración es más compleja.

La madre de Angélica realiza el tejido de artesanías desde hace 15 años, pero esa actividad solamente se la ha enseñado a su hija, pues sus otros dos hijos "son niños y es más complicado", por lo que ellos venden con su padre los juguetes de madera pintados que él elabora.

La mujer, con dificultades para hablar español pues su lengua originaria es el mixe, explica que tanto ella como su esposo son de Oaxaca, pero la venta de artesanías los trajo a Puebla, adaptando el pueblo cholulteca como su nuevo hogar y lugar de origen para sus tres hijos.

"Sí, me gusta ayudar a mis papás, hago pulseras o tejidos que me enseñan ellos (...) Le pongo atención para aprender las cosas que mi mamá hace", contesta la pequeña Angélica con evidente pena, mientras que mantiene colgada su mercancía en el hombro y aprovechando el paso de la gente para ofrecerla.

 

Angélica, al igual que sus hermanos, van a la escuela pero su trabajo no es remunerado. En su caso específico no recibe dinero por la fabricación de artesanías, además ni ella ni sus hermanos reciben algo directo por ayudar a la venta de las piezas, pues todo lo que se consiga va directo a la inversión de materias primas y a los gastos de la casa.

Al ser migrantes, Angélica y su familia no tienen una casa propia, viven al día y su único ingreso es lo que puedan obtener de la venta de artesanías. La mamá de Angélica señala que con ese dinero deben de pagar la renta, gas, luz, gastos escolares, pasajes, ropa y comida para todos.

Medio rural el más vulnerable

En entrevista con e-consulta Mara Estrada Jiménez, coordinadora de la licenciatura en Economía y Finanzas de la Universidad Iberoamericana Puebla, considera que el tema del trabajo infantil es un tema polémico debido a que en su mayoría son actividades no remuneradas.

La académica explica que la polémica recae en que este sector es de los más explotados en términos de trabajo, además de que por los usos y costumbres existe una gran cantidad de niños que trabajan ayudando a sus familias, como ocurre en el caso de la pequeña Angélica.

Esta situación se corrobora con el "Modelo de Identificación del Riesgo de Trabajo Infantil" elaborado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), donde se detalla que en Puebla existen 36 municipios indígenas en zonas con alta densidad rural con riesgo alto de ocupación infantil.

"El trabajo infantil se ha dado más en zonas rurales y muchos de los que son dueños de las tierras no son los papás de los niño que trabajan en el campo y entonces ayudan a sus padres y ellos no reciben una remuneración por su trabajo y en gran parte en las zonas urbanas estos trabajos son en el sector informal y la remuneración y las garantías laborales que puedan tener los niños que trabajan son casi nulas", explicó la académica.

 

De acuerdo con Estrada Jiménez, la ocupación laboral infantil, ya sea en medio rural o urbano en distintas actividades, tiene su origen en la precariedad de los ingresos de las familias, por lo que se ven en la necesidad de incorporar también a los niños al trabajo para obtener mayores ingresos, como lo hacen los padres de Angélica.

En este sentido Puebla, con el 12.3 por ciento, tiene el segundo porcentaje más alto de niños, niñas y adolescentes empleados en actividades no permitidas del país, tan sólo por detrás de Nayarit que alcanza un 13.1 por ciento.

En total son 193 mil 757 menores en este tipo de ocupaciones, lo que representa un 8.7 por ciento del total nacional, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La precariedad económica de las familias sí es un factor, según las cifras de la STPS, pues en Puebla los 36 municipios de alto riesgo por trabajo infantil están caracterizados porque el 78.19 por ciento de su población percibe hasta dos salarios mínimos, además el 64.51 por ciento de la población ocupada está en el medio agrícola y el 76.47 es indígena.

 

Vulnerabilidad no distingue género

Por ese motivo la académica de la Ibero Puebla señala que el trabajo infantil es de los más vulnerables que existen, por lo que a su consideración debería haber políticas fuertes paga evitarlo, porque los niños no deben realizar estas actividades, además de que lo hacen sin una remuneración y si existe es muy precaria y las condiciones laborales también lo son, ya que no existen garantías.

Respecto a la división por género, el informe de trabajo infantil señala que en Puebla el 70.7 por ciento de los menores que trabajan son niños, mientras que Angélica es parte del 29.3 por ciento restante que corresponde a las niñas trabajadoras.

Mara Estrada Jiménez considera que las mujeres, como el caso documentado, siguen siendo las más vulnerables por ser más susceptible a un tema de violencia, sin embargo reconoce que en términos generales tanto niños como niñas están igualmente de vulnerables ante las inclemencias del trabajo infantil.

"Siempre las niñas son más vulnerables que los niños en términos de la violencia en las ciudades (...) pero en términos generales ambos, niñas y niños, son vulnerables al trabajo infantil, digamos que en términos de usos y costumbres se emplea más a la mano de obra de los niños pero la mano de obra de las niñas en bordados, sin embrago no tienen garantías laborales ni en sus remuneraciones", detalló.

Finalmente la especialista señaló que el tema del trabajo infantil es un fenómeno complejo pero que tiene que ser atendido desde las políticas públicas, pues se necesita una mayor regulación y sobre todo el aumento de oportunidades para que los menores puedan abocarse en sus estudios, pues existe un 4.1 por ciento de la población en riesgo que no acude a la escuela por trabajar.