Originaria de Tehuacán pero con todos sus recuerdos de infancia en una gran casona de la  ciudad de Atlixco, Rocío García Olmedo forma su carácter al lado de su madre y sus hermanas ante una profunda ruptura familiar. Ellas, mujeres fuertes, conocieron la forma de ser felices al lado de una abuela amorosa en el barrio de los Solares Grandes de la ciudad de las flores.  

Desde muy pequeña realizó todos sus estudios en escuelas públicas donde nada más las niñas tenían cabida, sin embargo la secundaria y el bachillerato le permitieron convivir con chicos de su edad hasta que se trasladó a la capital del estado para explorar y dar inicio a su desarrollo profesional. 

Amante de la poesía, ocupaba sus tiempos libres para tomar clases. En la escuela Antonio Garfias al participar con un poema  durante un festival de Día de las Madres, descubrió una voz que la marcaría para el resto de su vida. A partir de ese momento, Don Ernesto Moreno Machuca la invitaba a declamar sus poemas inéditos que le dedicaría a su madre en cada cumpleaños.

Con su programa de radio Palabra de Mujer ha tenido la oportunidad de apoyar a víctimas de violencia a lo largo de diez años de transmisión en su querido Atlixco, espacio que le permitió trazar diferentes líneas de investigación y apoyo a partir de las problemáticas que enfrentaban las mujeres, que compartían sus historias de vida. 

Las mujeres de su familia 

Al hablar de su madre, Rocío García Olmedo reconoce su inteligencia pero también su exigencia. “Ella es contadora, trabajaba pero siempre estuvo pendiente de sus hijas. Mi mamá ha sido un eje fundamental en mi persona, en mi motivación y en toda mi familia. Una mujer de trabajo, muy liberal y muy inteligente hasta la fecha, que nos construyó muy bien a mis hermanas”.

“Nuestra abuela nos acompañaba siempre y fue para nosotras una abuela consentidora y apapachadora. Ese era el equilibrio que me formó.  Junto con mis hermanas, que nos queremos mucho, nos distribuía las tareas y quehaceres domésticos.”

Una infancia feliz

“Tuve una infancia feliz. De niña leíamos cuentos y en la escuela nos hacían leer mucho, lo que significaba tener una buena ortografía y buen lenguaje, actividades que debemos conservar para las próximas generaciones. Yo tuve una educación llena de valores, como supongo debe ser ahora, como cuando formamos a nuestras familias. No es pretexto que papá y mamá salgan a trabajar para no encauzar a las hijas y a los hijos.”

Una ausencia temprana

Su padre estuvo presente a lo largo de la vida de Rocío. Él permaneció en Tehuacán donde las hermanas García Olmedo pasaban sus vacaciones o disfrutaban de sus visitas en Atlixco con una convivencia muy cercana. 

“Mi papá no vivió con nosotras pero siempre que lo veíamos, lo hacíamos con mucho cariño y amor. Yo tuve mucha comunicación con mi papá hasta unos días antes de su muerte. Él falleció en un accidente automovilístico en una carretera en Mazatlán. Fue un momento muy doloroso y más aún al hacerme cargo de los trámites para poder recuperar su cuerpo. Al paso del tiempo tuve que hacer algunos arreglos internos.”

Los años de juventud en Atlixco

Rocío García Olmedo recuerda con gran cariño su adolescencia en particular su fiesta de 15 años, una gran celebración donde sus amigas de la preparatoria fueron damas y sus compañeros y maestros los chambelanes de todas ellas. 

“Fue una fiesta formal en un gran salón con una cena maravillosa que disfruté mucho. Yo entré muy niña a primero de primaria y cuando cumplí 15 años terminé la preparatoria, junto con mi amiga Mati, que éramos las más pequeñas del grupo. Nunca fui tímida pero poblana y sangrona, siempre. Fui reservada pero asistía a fiestas.”

“Como estudiante creo que fui buena. Me desvelaba mucho estudiando, pero las Ciencias Sociales me gustaban mucho.  En la preparatoria, mis maestros de Física y Matemáticas se enojaban de que quería entrar a Derecho pues se me facilitaba muchos las ciencias duras.”

¿Cómo fue la convivencia con sus compañeras?

“Muy cercana, hasta la fecha nos reunimos tres veces al año, incluso con mis compañeros de preparatoria y todos recuerdan mi fiesta de 15 años. En esa época la vida era muy tranquila. Caminábamos al colegio y recorríamos el zócalo con la seguridad de no preocuparnos por ver el reloj. Nos reuníamos en la cafetería Caribe de Juanito, que sigue vigente, pero ya no en el mismo lugar. A Juanito le queremos mucho, incluso hace poco tiempo se le otorgó un reconocimiento como empresario por su aportación a la ciudad.”

“En ese tiempo nos reuníamos como adolescentes a tomar refrescos, esquimos y helados como las películas de los años sesenta. Las fiestas se hacían en las diferentes casas, pero con la presencia de nuestras mamás que nos observaban. También hacíamos kermeses, bailábamos y nos divertíamos mucho.”

Un mundo nuevo 

Al dar el paso a la vida universitaria se enfrentó a situaciones novedosas y de contrastes al llegar a una ciudad de Puebla muy diferente a la Ciudad de las Flores  y conocer un sistema educativo que le hizo tomar decisiones y vivir experiencias que marcaron su destino. 

“Al inicio fue complejo porque veníamos de Atlixco. De inicio mi hermana y yo estudiábamos en la Universidad de las Américas, que en ese tiempo tenía un esquema de clases de lunes a jueves y yo venía de una preparatoria donde las clases eran de lunes a sábado, de mañana a tarde y sentía que me sobraba el tiempo.”

“Recuerdo que sin permiso presenté el examen en la BUAP para ingresar a Derecho y me quedé. Fue un contraste muy fuerte para mí no solo la salida de Atlixco sino la llegada a la UDLA con un ambiente muy diferente y en la BUAP por los movimientos estudiantiles que se vivían, donde yo no participé al estar concentrada en mis estudios.”

“Cuando cursaba la Licenciatura en Derecho ya trabajaba y estudiaba. Recuerdo que trabajé en el ayuntamiento de Puebla en los años setenta. El abogado con quien iba a hacer mis prácticas, era el oficial mayor cuando por segunda ocasión fue presidente municipal, Eduardo Cué Merlo.

“Ahí me enseñaron a hacer un archivo o llevar documentación pero también a comprar tortas, refrescos y comerte un taco de Tony para salir corriendo a clase a las 4 de la tarde. Esa fue una experiencia que me llenó mucho. Yo siempre trabajé y estudié ya en ese nivel de educación superior, incluso realicé mis maestrías trabajando y estudiando.” 

Derechos de las mujeres: Un camino a seguir 

Su trayectoria profesional le ha permitido tener un espacio de participación pública que la ha llevado a especializarse en cuestiones de género. En cada una de sus responsabilidades su eje de orientación tanto académica como de acción social ha tenido como eje conductor la relación entre géneros y en particular la situación de las mujeres en su entorno.  

“Yo fui de la primera generación de la Maestría en Derecho de la BUAP. Muchos de mis maestros fueron mis compañeros en aquel momento. Después hice otra maestría en Política Pública y Género, así que me dediqué a esa parte que tiene que ver con el aspecto académico-profesional.” 

“Desde hace muchos años mi trabajo se ha orientado al análisis de los derechos de las mujeres y sobre ese tema he caminado ya muchas décadas desde el activismo, la academia y la investigación. En los diferentes cargos públicos que he tenido la oportunidad de ocupar, he trabajado en la construcción de normas o el diseño de políticas públicas.”

“Mi trabajo ha sido con la gente, con la ciudadanía y he aprendido mucho de esas experiencias que me han formado con este carácter. En Atlixco por ejemplo, había detectado que había mucha violencia al interior de las familias. No tenían las mujeres el derecho de externar esa violencia, por lo que daba pláticas para tratar de acercarme en algunos lugares que ya tenía focalizados con la problemática”. 

“Sin embargo sentía la necesidad de hacer algo más, por lo que con el apoyo de una querida amiga, la señora Coral Cañedo me hizo favor de darme un tiempo en la radio en una estación de Atlixco, donde tuve un programa de radio por más de diez años continuos. Ya con la reforma de las leyes y ante los últimos cargos que he venido desempeñando, no pude participar más en el programa, el cual deseo recuperar en algún momento.”

Una mujer crítica y con cierto grado de rebeldía

“Siempre he sido una mujer muy crítica, desde mis propios actos, rebelde para ciertas cosas y para salir adelante como una característica muy personal. Hay que ser fuerte y yo creo que he forjado mi carácter.”

“Yo me rebelo ahora, no me gustan algunas cosas que veo. Me dedico al servicio público y actualmente el ambiente que yo percibo, no me gusta cómo se está presentando en lo general, cómo se está reconstruyendo la vida en nuestro país a nivel político.” 

Mi felicidad en la familia, la lectura, las investigaciones y la música

“Me hace feliz la compañía de mis nietas, de mi hija y de su esposo. Las reuniones familiares, los desayunos con mis amigas, ir las fiestas en Atlixco y por supuesto realizar mi trabajo. Yo disfruto mucho estudiar y trabajar en lo que me gusta, el chiste es encontrar el disfrute en las cosas que uno va encontrando en la vida, como una vaya decidiendo, en lo que una vaya una construyendo.” 

“Me gusta estudiar y leer cuestiones históricas de Puebla, del país de algunas épocas específicas. Leo mucho sobre temas de mujeres, estudios e investigaciones antropológicas. Ahorita estoy leyendo un texto provocador totalmente y que me ha llamado mucho la atención que se llama Cinco mil años de misoginia de Patricia Segués, una investigación que se fue al análisis, que incluso planteaba –que no fue muy positivo- autores clásicos.”  

“Me gusta también leer novela como Las mujeres del alba, por ejemplo. Me gusta mucho leer y lo disfruto mucho. También me gusta el cine, sólo que no me agrada ir sola. Tengo amigas y amigos que van solos pero a mí no me gusta. Entonces nos juntamos en grupos y vamos al cine con nuestra coca y palomitas, sin hablar eso sí. No me gusta cantar pero me encanta la música.” 

“También tuve una mascota que quise mucho, una perrita pastor alemán que un día amaneció enfermita pues ya estaba muy grande y tenía un problema de cadera. Finalmente ya no le pudieron hacer una prótesis y tuvieron que dormirla. Fue muy doloroso y nunca más quise tener un perro en casa.”

¿Qué te desagrada?

“Nunca me han gustado las mentiras y no me gusta que me mientan.”