En El Patio de San Luis, uno de los muchos pequeños restaurantes que hay en el Centro Histórico de Puebla, la familia Silva se aferra a que el Covid-19 no sea su fin como negocio

El local es de su propiedad y no se preocupan por la renta. Aún así requieren al menos de 4 mil pesos diarios para mantener en operación las 12 mesas que hay en el negocio y sobre todo, los empleos.

Hacia la cuarta semana del llamado de las autoridades a quedarse en casa para frenar los contagios, a lo mucho entran mil 200 pesos al día. En una mala jornada incluso fueron 500. Al final hay que poner de los ahorros para mantener las puertas abiertas.

En junio, explica el actual administrador Julio Silva Ramírez, el restaurante de comida poblana cumplirá sus primeros 26 años de historia. Sin embargo no creen poder festejar. A lo mucho, esperan que en la temporada de Chiles en Nogada la ciudad tenga una mejor economía.

"Esperamos que, si nos va bien, para julio, agosto, con clarines y trompetas podamos comenzar la temporada de los Chiles en Nogada con todo lo que se pueda, pero sí está difícil ", dijo.

Para animar a Silva Ramírez a no cerrar, otros comerciantes del primer cuadro de la ciudad le plantean sacar provecho a las aplicaciones digitales que se dedican a llevar comida a domicilio.

Al final él explica que esas alternativas están lejos de ser su solución para negocios como El Patio de San Luis por sus altas comisiones y porque los ingresos  llegan a los restauranteros con varias semanas de retraso.

En el restaurante ubicado en el andador 5 de Mayo y  10 Oriente tienen fama por su variedad de platillos tradicionales. Este viernes buscaron atraer a la clientela con una promoción de botellas de alcohol en gel.  

Advierten empresarios crisis severa

Desde que la crisis del coronavirus llegó a Puebla a finales de marzo, explica el presidente de Consejo de Comerciantes del Centro Histórico, José Juan Ayala Vázquez, las ventas se desplomaron en un 80 por ciento.

A casi un mes, estiman que 2 mil 500 comerciantes bajaron ya las cortinas de sus negocios y que esto afectará especialmente a los más pequeños.

"El problema viene muy fuerte porque cada día que pasa se vuelve más difícil mantener los negocios abiertos, hay negocios pequeñitos", explica.

A los comerciantes del Centro Histórico, recuerda, les ha tocado vivir momentos críticos en las últimas cuatro décadas que en nada se parecen al Covid-19.

Les tembló en 1984, 1999 y 2017. En ese último año también vivieron los saqueos de enero. Ahora la diferencia es que no saben hacia dónde van y tampoco tienen idea de cuánto podran durar las restricciones.

Desde la perspectiva de Ayala Vázquez, a la crisis sanitaria se ha sumado que en Puebla las autoridades no han sido estrictas en hacer que la ciudadanía cumpla con el resguardo.

Ejemplo de ello, recordó, se observó el Jueves y Viernes Santo en que la compras en vía pública se desbordaron en el Centro Histórico, a pesar de los riesgos de contagios entre personas asintomáticas.