Hasta 2017 la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) calculaba que 61 mil 820 poblanos vivían en el extranjero. En plena propagación del coronavirus a ellos les toca vivir lejos de casa, desde incertidumbre hasta políticas sociales de extremo a extremo.

Mientras cumplen con las medidas de aislamiento cuatro de ellos cuentan cómo se vive la pandemia en Dublín, Madrid, Nueva York y Bogotá. La crisis les ha hecho conocer realidades distintas a la mexicana y también les ha llevado a poner orden a sus temores. 

Como de ciencia ficción

Yonathan Arroyo se sentó e hizo cuentas sobre su futuro. Primero cerraron las escuelas de Dublín, incluyendo la privada en la que estudia inglés avanzado. En su trabajo en una cadena de hoteles al inicio le dijeron que le reducirían de 20 a 8 horas de trabajo. Al final, que ya no fuera.

"Me hablaron de la empresa y me dijeron que no me presentara. Entonces ahí la situación empezó a preocuparme un poco más por el tema de los ingresos. Finalmente aquí hay que pagar renta, hay que comprar comida, principalmente eso que son las cuestiones básicas para poder sobrevivir", cuenta en entrevista.  

Por ahora estima aguantar sin ingresos un par de meses mes. Hace unos días se enlistó en el programa que una empresa de Irlanda apoya con 200 euros a la semana y está a la espera de una respuesta. Otros mexicanos con los que mantiene contacto vía WhatsApp decidieron regresar ante la incertidumbre.

Las medidas de aislamiento  ante la propagación del coronavirus comenzaron a arreciar el 12 de marzo y se tiene estimado que terminen el 29, pero Arroyo prevé que se extiendan a más pues los contagios crecen.

Aunque ya va hacia la tercera semana de aislamiento reconoce que todavía no asimila lo que está pasando, ni ha dejado de asombrarle qué tan en serio se toman un problema de salud como el coronavirus en Europa.

"Me parece de repente como ciencia ficción, a veces  como algo que solamente alcanzábamos a ver en películas, bueno, tuvimos el caso de la influenza hace 10 años, pero me parece que quizás no fue tanto o al menos olvidamos pronto", comenta.

Mientras define su continuidad en Irlanda, cumple con el llamado a limitar sus actividades en vía pública, se administra con el desabasto de huevo, leche y pan que llega a verse por las tardes en la tiendas y hasta bromea con que algo serio es que han escaseado las cervezas en una tierra famosa por sus bares.

Con la mente en las injusticias mexicanas

Hugo Ortuño está en Madrid, pero cuando se le pregunta cómo ve a los poblanos y al coronavirus, su mente vuela a la zona industrial de Puebla. Es sólida, dice. Sin embargo el vivir la pandemia desde España le ha hecho reflexionar sobre qué tan en desventaja estamos los mexicanos en cuanto a seguridad social.

Allá trabaja en un restaurante. Cuando la crisis arreció a inicios de marzo lo cerraron y lo mandaron a casa con un Expediente de Relación Temporal (Erte). Un esquema de seguridad social que garantiza que el Estado español le pagará el 70 por ciento de su sueldo mientras dure la crisis.

"Al final de cuentas yo no estoy desamparado, no estoy sin trabajo, me subsidiará el gobierno  y cuando las cosas vuelvan a marchar la empresa me volverá a contratar, se quita el Erte y mi contrato sigue como estaba", explica.

En su situación están otros 3 millones de ciudadanos y si algo ha aprendido del coronavirus es que a veces sí sirve de algo pagar impuestos y que en un futuro deberá ahorrar parte de sus ingresos para contingencias.

Anímicamente está ansioso por cosas tan sencillas como no ver el sol o llover, tomar el transporte público o salir a trabajar. También le preocupa su familia en Puebla pues considera que esto podría durar varios meses.

En cuanto a la vida en el encierro hace un recuento de los cambios radicales. Los primeros días la gente en Madrid aprovechó para ir a pasear a las playas o a la montaña. Ahora se sale para lo básico y se ha optado por el teletrabajo, cuando se puede.

Preocupado por la mixteca

Asunción Tapia sabe que entre Nueva York y su natal Chinantla hay muchos kilómetros de distancia. Sin embargo advierte con que basta con que un migrante regrese a casa para que en la Mixteca poblana se enciendan los focos rojos del coronavirus.

La ciudad en la que habita se ha convertido en el epicentro de los casos en Estados Unidos. Le asombra que ni ahí se expliquen los contagios. Desde esa perspectiva no le cuesta trabajo imaginar que en un avión lleno de poblanos regresado a casa, lleven con ellos la enfermedad.

"Estuve hablando con familiares en Chinantla y me comentan que allá ya se escucha, que ya se oye y les digo, parece nada pero así como es de contagioso va a llegar así de rápido. 

"Yo les comentaba que mientras no lleguen extranjeros a Chinantla está bien, no es tan exagerado de que llegue rápido, pero me dicen, ¡uy, acaba de llegar tal persona! y sí, así va a llegar el coronavirus", comenta.

En su caso dejó de ir al despacho de arquitectos donde trabaja desde hace casi dos semanas y la ciudad está por cumplir sus primeros siete días de aislamiento. El lunes que vio las primeras imágenes de Nueva York desolada, sintió que la ciudad se veía espantosa.

Le queda aprovechar su tiempo para hacer parte de su trabajo desde casa y para emprender proyectos personales que había dejado pendientes.

Algo bonito del encierro, cuenta con cierta emoción, es que en su edificio se organizaron para hacer las compras de los adultos mayores. Ha ido dos veces al supermercado. En la primera le asombró ver que sólo vendieran una caja de agua por persona para evitar el desabasto. En la segunda, que entraran de poco en poco y esperaran en largas filas para evitar conglomeraciones.

Sin fronteras abiertas para volver

Alejandra Ramírez estaba a días de regresar de Bogotá donde realiza estudios doctorales. Hoy Colombia tiene las fronteras cerradas y esto podría continuar hasta mayo. Pensar en un boleto de regreso es económicamente complicado.

Normalmente el regresar puede costar hasta 2 mil 500 pesos mexicanos. El otro día se encontró un imposible vuelo de 50 mil. Hasta que las aerolíneas contesten el teléfono se ha vuelto complicado.

Lo más triste para ella es que cerraron los museos y el centro de sus investigaciones, pues allá realiza una estancia de investigación doctoral en una maestría de Museología y Gestión del Patrimonio.

En los primeros días tras la llegada del coronavirus Latinoamérica, relata, parecía que podría continuar con sus actividades en la Biblioteca Nacional. Poco después también se sitió en una historia de las del cine.

"Al inicio la biblioteca dijo, no, sí pueden trabajar a puerta cerrada y todo, pero ya después se suspendió la actividad, vino un profesor de Estados Unidos, y como película de ciencia ficción lo tuvieron que sacar", relata.

Al doctorado en Ciencias Antropológicas que actualmente cursa, la pandemia ha sumado experiencias de cómo se vive la crisis en un país con desigualdades. Para hacer frente, destaca, Colombia prevé tocar el fondo de pensiones y eso traerá consecuencias económicas.

Mientras los 21 días de encierro avanzan, ya vio cerrar algunos pequeños negocios y también muestras de solidaridad interesantes como que la gente de clases de baile en línea para mantener los ánimos en alto.

Desde allá vio con asombro las declaraciones del gobernador Luis Miguel Barbosa sobre cómo el coronavirus no les da a los pobres y hasta le impactó que su nombre apareciera en diarios colombianos. Del gobierno federal califica como positivo que el presidente Andrés Manuel López Obrador pida que no se pare la economía porque sabe que lo que nos viene no será fácil.