Se estima que una lengua desaparece cada dos semanas. Con ello, se extingue todo un patrimonio cultural. Por iniciativa de la Asamblea General de la ONU, desde 1999 se conmemora el Día Mundial de la Lengua Materna cada 21 de febrero. 

La IBERO Puebla celebró una jornada conmemorativa de esta fecha, la cual arrancó con la ponencia magistral Impresos y circuitos de lectura en el mundo indígena virreinalEn dicho espacio, el Dr. Alberto Soto Cortés, académico de la IBERO Ciudad de México-Tijuana, recordó que, para la ONU, la extinción de las lenguas implica la desaparición cultural en manos de segregación y violencia.

No obstante, aseguró que las campañas para la preservación de las lenguas son una forma de expiar las culpas de conquista cultural, ecocidio y violencia generalizada hacia la diversidad. Existe una tendencia, dijo a caer en lugares comunes que son poco cuestionados o reflexionados.

Nuestro concepto de Conquista se nutre primordialmente de los paradigmas establecidos en el siglo XVI, teniendo una perspectiva en la que predomina la voz de los vencedores. En contraste, figuras como Bartolomé de las Casas fueron de los pocos relatores de la época que concibieron la Conquista como un acto violento e injusto.

Para el Dr. Soto Cortés, las actividades de integración impulsadas por los evangelistas no siempre tuvieron efecto en las sociedades adultas. Por ello, la entrada del cristianismo se potenció entre los niños, al tiempo que eran estos quienes reforzaban el conocimiento de la lengua por parte de los catequistas.

Los frailes intentaron brindar una perspectiva europea a la cosmovisión indígena. “Por un celo necio”, dijo, destruyeron las expresiones ideológicas y culturales al no poder consolidar un acercamiento único al cristianismo.

El académico volvió a Bartolomé de las Casas para recordar cómo éste fue muy crítico ante la Corona Española, al reclamar que los líderes del virreinato eran incapaces de aprender las lenguas de los nuevos territorios. Aun así, el proceso de extensión del castellano continuó como la estrategia imperante mediante la creación de escuelas de la lengua.

No obstante, destacó, que la cultura material y las lenguas indígenas nunca fueron erradicadas definitivamente. Por el contrario, el castellano se convirtió en una segunda lengua para quienes aprendieron el idioma ibérico.

Sobre la imprenta, Soto Cortés recordó que los libros y grabados formaron una parte esencial para la construcción de una cultura visual. Indicó que las traducciones impresas estaban dirigidas a los clérigos, no a los indígenas. “La lectura tenía un fin específico: encaminar a los individuos a la construcción del reino.”

Existe un largo camino por recorrer en cuestiones de traducción y divulgación de conocimiento en lenguas indígenas. Somos un país con 68 lenguas indígenas y más de 300 variantes de estas. México es un espacio en el que convive lo no convergente, sentenció el académico.