A Héctor Sánchez Sánchez, presidente del Tribunal Superior de Justicia del estado de Puebla, le fascinan las películas de acción y asegura que puede ver hasta 10 veces seguidas Rápido y furioso y que le continúa gustando.

Héctor Sánchez Sánchez reconoce que durante muchos años fue un estudiante promedio y que cuando se acercó por primera vez al estudio del Derecho fue cuando dijo: ‘De Aquí soy’. A partir de ese momento, se convirtió en un estudiante por encima de la media y sin desearlo siquiera, logró tener una beca universitaria que le proporcionaba dinero suficiente para divertirse durante un fin de semana.

A lo largo de su carrera ha recorrido todo el abanico de puestos e instancias de la administración de justicia. Fue litigante y tuvo en sus manos asuntos de mínima trascendencia y cuantía e incluso se encargó de recuperar cartera de algunas empresas, pero en su historial profesional también se encuentra el triunfo que obtuvo en el primer caso en el que se utilizaron correos electrónicos como prueba.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia del estado de Puebla se describe como un hombre de espíritu juvenil y apasionado de su familia y del ciclismo. Acepta que durante su infancia fue tremendo y considera que fue un niño feliz.

Reconoce que no toca ningún instrumento musical, pero precisa que tiene la capacidad de bailar cualquier ritmo. Asegura que aunque no tiene voz para cantar, si se presenta la ocasión, es capaz de entonar algunas canciones.

Héctor Sánchez Sánchez considera que cuando termine su cargo, continuará creciendo académicamente, porque siente la obligación de prepararse y de dar lo mejor en el servicio público o en la iniciativa privada.

“Soy de Puebla, mi familia también es poblana. Tuve la oportunidad de estudiar Derecho en la BUAP, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Desde antes, cuando estaba en la secundaria, junto con un gran amigo, que es prácticamente mi hermano de vida, en esas pláticas de niños, nos preguntamos qué queríamos ser de grandes. Y yo le dije: ‘Licenciado. ¿Y tú?: Pues doctor’, respondió. Entonces, como broma, desde los 14 ó 15 años, nos decíamos licenciado y doctor: ‘Qué pasó, doctor. Que pasó, licenciado’. Este amigo, porque su familia, su ascendencia es de médicos, y en la mía es más de abogados”.

“Incluso por ahí hay una interesante coincidencia entre los abuelos, pero pues, ya mi amigo y yo nos fuimos a estudiar, y a mí me toca estudiar Derecho, bueno, no me toca, lo hice plenamente convencido. Es más, puedo decir que alguna vez un amigo me dijo que hay tres decisiones en la vida: Una es: qué vas a estudiar; dos, con quién te vas a casar; y tres, a qué te vas a dedicar”.

“Definitivamente, en la primera de las decisiones nunca me equivoqué, no he tenido ni la menor de las dudas, siempre quise estudiar la carrera de Derecho, a lo mejor por la figura de mi abuelo paterno y mi bisabuelo, que tuvieron tareas destacadas. Mi papá se dedicó al comercio, entonces él nunca pisó terrenos del Derecho, pero yo sí me quedé con esa idea”.

“Entré a trabajar en tercero de preparatoria a una notaría, de auxiliar, leyendo actas de notario y cargando libros, pero me empieza a gustar el ambiente, mismo que ya en la universidad me abrió otras puertas. Conozco el litigio, fui auxiliar de defensor público en San Miguel, empiezo a involucrarme con el Derecho Penal, decido hacer la especialidad en Derecho Penal, todavía en la carrera. Después entro a litigar y voy a ser litigante durante 15 años de mi vida. En ese periodo hago por ahí una maestría y un doctorado en materia de Administración, del cual estoy prácticamente terminando la tesis, pero esto me permitió conocer a mucha gente en el camino y realmente mi crecimiento fue como abogado litigante”.

De estudiante promedio a Becario de Excelencia

En sus años de estudiante de secundaria y preparatoria, Héctor Sánchez Sánchez fue un estudiante de ochos y cuando lograba medio punto más era un acontecimiento único. Fue hasta que llegó a la universidad cuando pudo aprovechar toda su capacidad y se convirtió en Becario de Excelencia.

¿Qué lo hacía sufrir de niño?

“Pues yo creo que la disciplina que me ponía mi papá, porque era como sargento, pero en realidad no tengo un recuerdo de sufrimiento de niño”.

¿Más feliz que triste?

“Sí, la verdad, sí. Puedo decir que más tremendo que feliz, pero sí lo fui”.

Tremendo en qué sentido.

“Bueno, tengo la virtud de haber crecido en una calle de estas de San Manuel, le llamaban Rio Atoyac. Antes San Manuel era un desarrollo habitacional semimoderno donde llegaron muchas parejas de la edad que tenían entonces mis padres, y por ende, los hijos éramos de la edad y la generación, entonces teníamos sólo en nuestra calle un grupillo de no menos de quince amigos y amigas que andábamos en bicicletas, entre las guerras, los terrenos baldíos, haciendo y deshaciendo. Esa etapa es la que hoy ya no se ve, porque podías salir en bicicleta, subir y bajar, te mandaban a la tienda, siempre a regañadientes, pero bueno, tenías que caminar dos calles, ibas y te llevabas con el de la tienda mejor que con los de tu escuela”.

Y en la escuela, ¿cómo fue?

“Terrible, terriblemente mal, me refiero a un ocho, cuando había un 8.5 ya merecía premio. Me acuerdo que mis padres me decían: ‘A ver, tú tienes para sacar más calificación, tienes capacidad’. Pero la verdad es que nunca se me dio, hasta que llegué a Derecho. Bueno, sí puedo decir que en matemáticas exenté en la prepa, pero en Derecho incluso fui Becario de Excelencia. Entonces yo decía: ‘Bueno, realmente me gusta la escuela porque están mis amigos’. Pero no era yo el estudiante más brillante que te puedas imaginar. Pasaba los exámenes porque tenía que pasarlos, pero hasta que llegué a la Facultad de Derecho en verdad que fue extraordinario cómo me gustó incluso sacar un buen promedio. Te digo que estudié en la BUAP, en la BUAP te daban, yo creo que hasta la fecha existe, no lo sé, pero te daban lo que era Becario de Excelencia. Si tenías arriba de 9.5, en la BUAP de por sí no pagas, pero si tenías arriba de 9.5, te pagaban. Me acuerdo que nos daban cuatrocientos o quinientos pesos al mes, que para entonces, como estudiante, era riquísimo, te alcanzaba para un buen fin de semana. Pero así fue mi etapa. En la educación básica, nada destacado”.

¿Reprobó alguna materia?

“Si, de hecho, hay un pasaje por ahí en donde en segundo de secundaria, yo reprobé, por cuestiones más disciplinarias que académicas, pero me voy a una escuela en donde conozco a mis mejores amigos, que justamente también eran unos a los que habían corrido de una escuela, y ahí nos encontramos todos. Ahí un maestro de secundaria, yo creo que tuvo buen ojo y me dijo un día: ‘¿Sabes qué? Tú me gustas para oratoria’. Yo dije: ‘¿Qué? ¿Qué es eso?’ ‘Para oratoria’, respondió el maestro, ‘vas a venir en la tarde y vas a ensayar’. Y ahí me tienes repite y repite discursos y empezamos a concursar y me fue muy bien, me gustó. Entonces tuve otro tipo de desarrollo que se dio gracias a que me corrieron de una escuela, gracias a un fracaso, pude descubrir que me gustaba la oratoria, que me gustaba ser participativo, incluso que me gustaba participar en las cuestiones académicas, y empieza a cambiar mucho ahí mi visión, pero aun así iba yo por el 8.5. Hasta que llegué a la facultad fue cuando dije: ‘De aquí soy’. Y la verdad es que me fue muy bien”.

Los tiempos de recuperar cartera vencida

En sus inicios profesionales, Héctor Sánchez Sánchez llevó empresas de asesoría legal automotriz, y comenzó a adquirir experiencia y a participar en procesos de mayor trascendencia. Entre sus logros se encuentra haber llevado el primer juicio mercantil en el que se admitieron como pruebas correos electrónicos.

“A muchos jóvenes les he platicado que yo inicié realmente con asuntos de mínima trascendencia y cuantía. Incluso recuperando cartera de algunas empresas, de las que después me volví su apoderado legal. Y cuando me empecé a dar cuenta, me volví abogado de los dueños de la empresa, porque es distinto. El abogado que recupera la cartera, el apoderado legal, y luego volverte ya abogado del dueño, me fue abriendo algunas puertas”.

“Pero siempre lo he tenido claro, empecé afortunadamente desde abajo, empecé incluso llevando algunas empresas de asesoría legal automotriz. Eran como abogados arregla choques y ahí nos formamos, hasta que acabé llevando, probablemente asuntos en donde se ha marcado una pauta muy importante, como es el primer juicio mercantil, en donde los medios de prueba fueron mails, correos electrónicos, lo llevó tu servidor, y llevamos concursos mercantiles de empresas transnacionales, incluso arbitrajes internacionales, en Inglaterra, en donde dije: ‘Bueno, iré algún día a Inglaterra de trabajo’. Y la verdad es que esto lo mandas por Fedex. Pero al final del día participamos ya en paneles internacionales como abogados de empresarios de la región. Algunos años tuve la idea y el sueño de crecer mi despacho y ponerlo en diferentes estados de la república y la verdad es que fui un abogado litigante muy feliz, porque siempre lo hice con pasión. Mi desarrollo en el litigio fue muy generoso conmigo, claro, las altas y las bajas, a veces te truenas los dedos, y sobre todo cuando estás empezando, pero llega el momento en que conoces ese modo de trabajo y lo disfrutas muchísimo”.

¿Cómo entró al servicio público?

“¿Cómo se da este paso? Gracias a la invitación de un amigo, que me habla un día y me dice: ‘Oye, fíjate que me invitó el gobernador a encargarme de la Comisión de Arbitraje Médico’. Porque aparte de ser mi amigo, era mi cliente, me permitía asesorarlo desde mi despacho. Me dice: ‘Te voy a hacer una mala propuesta. ¿Me ayudarías?’. Le respondí que encantado de la vida. No sé cuánto ganen, porque a mí ya me estaba yendo bien en mi despacho, pero la responsabilidad médica es un tema que a mí me apasionaba. Entonces me fui con él y me convertí en subcomisionado Jurídico un año. La verdad es que cuando ya traes un ritmo de trabajo y tienes una familia, el tema de los ingresos que me dejaba, pues no era equitativo. Entonces le di las gracias y seguimos siendo amigos, pero me dejó una experiencia de gobierno”.

“De ahí continúe en mi despacho y me acuerdo que un amigo que también era cliente mío me hizo favor de proponerme para ser magistrado suplente. Y bueno, es un honor, la fortaleza es tu currículo, ¿no? Pero al final del día quedo en una terna favorable y me nombraron magistrado suplente del tribunal. Seguí trabajando en mi despacho, llevando algunos asuntos en el interior de la república y amigos en común también me recomiendan con un candidato a presidente municipal, porque el que iba de candidato a síndico se equivocó en su renuncia y necesitaban un candidato, y proponen una baraja de personajes, entre ellos estaba yo. Creo que sumó la poblanidad, sumó la juventud, pues también la carrera limpia en ese momento, espero que a la fecha…”.

¿Y sigue limpia su carrera?

“Sí, y ahí fue donde crecemos en el servicio público. Por lo demás, me gusta mucho estar con mis hijos, es una de mis principales pasiones”.

Música alegre para un ambiente positivo

El presidente del Tribunal Superior de Justicia del estado de Puebla se describe como un hombre al que se le dan todos los ritmos, lo mismo baila una pieza lenta que una cumbia. Disfruta al máximo la compañía de sus cuatro hijos y cada que puede realizan juntos recorridos en bicicleta.

¿Cuántos hijos tiene?

“Tengo cuatro hijos, una de 19 años, uno de 10, una de 5 y otra de un año dos meses. Entonces verás que son como diferentes etapas todas, son increíblemente divertidos, porque esa diferencia de edades también te permite hacer una sinergia muy interesante”.

Y reconstruir todas las etapas de la vida.

“Totalmente, con la mayor, te imaginarás que mi relación es de papá con la hija, ya ni siquiera adolescente, sino joven, está en la universidad. Creo que tenemos una gran relación porque al final del día yo creo que la juventud es una actitud, digo, tengo la fortuna de ser y sentirme joven, con algunas experiencias bastante fuertes, pero lo llevo de la misma forma con ellos. Me gusta hacer deporte con ellos, somos apasionados del ciclismo, cada que podemos nos subimos a las bicicletas y andamos por todos lados. Y me gusta mucho bailar”.

Qué baila

“Todo, la cumbia, salsa. El baile es algo que siempre me ha gustado. Luego lo decimos hasta de broma, no sé de dónde, pero me salió un gusto por todo lo que son los ritmos. No toco ni un solo instrumento, ninguno, pero disfruto mucho la música en todos los aspectos. Obviamente, en mi coche traigo una música, en la casa tengo otra, y en mi oficina tengo otra de distinta naturaleza. Y en mis audífonos traigo de todo lo que te puedas imaginar”.

¿Qué tipo de música escucha en su casa?

“En mi casa me gusta mucho poner música alegre, poner un ambiente positivo”.

¿Cuál es la música alegre?

“Pues desde una música tropical, música moderna, me gusta mucho, por ejemplo, la música regional, huapangos, el mariachi me gusta”.

¿Canta?

“Pues lo hago como aficionado. La verdad es que he tenido amigos valiosísimos que cantan y te van animando. No tengo voz, pero bueno, tengo interés para hacerlo. Por lo demás, también me gusta darme mis tiempos, por ejemplo, en la casa tenemos una parte que es para leer, para relajarse, y es otra de las pasiones que tenemos”.

Qué libro está leyendo actualmente.

“Acabo de cerrar El vendedor de silencio, de Serna, por cierto, ustedes están en el periodismo, qué apasionante personaje. Te explica cómo se consolidó este sistema político en los años 50 y 60, te deja muchas lecturas, y además ves que también hay muchas cosas que se siguen dando. Justamente a consecuencia de un evento que hubo recientemente un amigo de juventud me devolvió un libro que le regalé y me dijo que había formado su vida, e incluso formó la mía: Filipo de Macedonia. Es una biografía de aquel personaje, papá de Alejandro Magno, pero que en las juventudes te anima a hacer estratega y te ayuda a librar estas batallas de día a día que son muy complicadas. Es un poco como la tendencia que me lleva. Apenas también estoy echándole algunos vistazos a los cuentos de Rulfo y estoy metido con Pedro Páramo, que todo mundo es hijo de Pedro Páramo. Decía mi abuelo que ese tipo de lecturas sirve para limpiarte la mente, porque en el trabajo lees, ves noticias, lees asuntos, lees todo el tiempo, pero son cosas de trabajo y a veces vale la pena meterse a la fantasía de una novela. Rulfo es pintoresco. La verdad es que te dejas llevar, sabes que estás en modo cuento, tú estás esperando una novela y encuentras un cuento”.

¿A qué personaje admira?

“He sido de formación juarista, toda la vida familiar ha sido de formación juarista. A nivel historia universal te decía hace rato, Filipo de Macedonia, es un personaje brutal. En los deportes, como siempre jugué basquetbol, Michael Jordan es de otro mundo”.

Mi hermana, un ángel en la familia

Héctor Sánchez Sánchez tiene una hermana a la que considera el ángel de la familia. Su hermana nació con una discapacidad intelectual, sin embargo ella trabaja y tiene virtudes que muchas otras personas no poseen.

¿Cuántos hermanos tiene?

“Tengo una hermana, Laura, tiene dos años más que yo, soy el menor de la familia”.

¿Lo consintieron?

“Quién sabe. Fíjate que mi hermana tiene una discapacidad intelectual, que a nosotros como familia nos ha enseñado mucho. Y ella hasta la fecha trabaja en CINIA, una empresa que como característica contrata a puras personas con discapacidad, desde la parte administrativa. Me acuerdo que el primer día que llegamos la persona de la recepción era una señora invidente, hoy no sé, pero cuando yo fui era una señora invidente. La señora del administrativo, recursos humanos, en silla de ruedas. O sea, es una empresa que tiene una visión muy importante y le da trabajo con prestaciones de ley a personas con discapacidad. Ahí hay personas con síndrome de Down, invidentes, personas con retrasos intelectuales, y otras con discapacidades motrices. Mi hermana, siempre lo he dicho, sacó todos los dones que yo no tengo, la buena memoria, la responsabilidad, es súper respetuosa, es metódica como ella sola”.

“A ella le das incluso un número telefónico y nunca se le olvida, le dices la fecha de tu cumpleaños y tu nombre y los memoriza para siempre. A mí se me olvida todo. Entonces creo que ahí Dios nos compensó y ella tiene unos dones que yo no tengo, igual yo tengo otros que ella no. Físicamente es mayor que yo, nació 2 años antes que yo y bueno, de alguna manera es el ángel que tenemos en la familia”.

Qué pasó con su amigo al que le decía doctor.

“Él es médico, por supuesto estudio Medicina. Pero siempre, vaya, desde adolescentes, él se empezó a decantar por participar en esto de las ambulancias y el rescate, y yo prefería irme al Ministerio Público y honestamente, hasta de fiesta. A veces pasaba a las 2 de la mañana y le tocaba el claxon, él estaba en la ambulancia y nos saludábamos, yo me seguía y él se quedaba. Me decía en ocasiones: ‘Ten cuidado porque hubo un accidente ahí adelante’. Le respondía: ‘Sí, estoy pendiente’. Pero a pesar de que era médico se empezó a interesar en cuestiones de seguridad y se volvió un especialista. Ya tiene años que se dedica a la seguridad estratégica y trabaja en la Ciudad de México. Nos vemos muy seguido, pero es de estas personas que te acompañan toda la vida. Pero la anécdota es que desde secundaria nos dijimos doctor y licenciado”.

Como si se hubieran leído el destino.

“Lo diseñamos. Yo creo que siempre es importante la imagen que te da tu familia, la admiración que tú puedas tener y mi amigo admiró siempre a su abuelo paterno y a mí me pasó lo mismo con el mío. Uno era médico y el otro abogado, yo creo que de ahí medio creció el amor por las tareas, pero yo sí me dedico más a esto y él a temas de seguridad, pero al final del día él sigue siendo médico, doctor, y yo licenciado”.

¿Qué películas le gustan?

“Las de acción, las de coches. Rápido y Furioso la puedo ver 10 veces y me sigue gustando. Esas me gustan. Ahora con Netflix, hay una serie que se llama Vikingos, ya tiene un poquito de tiempo, es apasionante. He visto otras por ahí, de política, House of Cards. Cuando era litigante, vi muchos años series de abogados: Boston Legal, Suits, la de Shark, Estuve como muy metido en esa parte, pero gustos, las de acción, coches y motocicletas”.

Para ser juez se necesita humanidad y sensibilidad

El presidente del Tribunal Superior de Justicia del estado de Puebla considera que una vez que termine su encargo continuará especializándose y asegura que podrá trabajar en la academia o en el sector privado. Afirma que para ser juez se necesita una formación integral porque su desempeño afecta la vida de las personas.

¿Cómo se ve dentro de los próximos años?

“Me veo creciendo académicamente, me parece que el tener la oportunidad de una tarea como la que hoy tengo obliga a que nos preparemos para dar lo mejor, ya sea en el servicio público, en la academia o en la iniciativa privada. Creo que es ese el camino que veo, ese es el que me anima. Y bueno, aprovechar estos momentos que todavía tenemos salud, para desarrollarnos en esa parte”.

“Con la conciencia de saber que nuestra responsabilidad es una, pero también tenemos que ser muy claros, hay que vivir, dormir muy satisfechos con lo que estamos haciendo, y los que tenemos hijos, amigos y familia, pues darles ese regalo, vamos a regalarles un poquito de paz, alegría y entusiasmo, y cuando las cosas se pongan complicadas hay que ponerse más duros que ellas”.

¿Qué necesita una persona para ser juez?

“Pues obviamente tener el título de abogado. Ahora que estamos precisamente trabajando en esto, yo he sido impulsor de que se les haga un examen, de evaluación de aptitudes. O sea, psicológicamente un juez debe ser una persona que primero sea facilitadora, mediadora, y que se acerque a los conceptos de lo justo. ¿Qué necesitas? Tener un compromiso de darle a quien te pide la razón o el derecho, porque hay quien te pide cosas que no están conforme a derecho, aunque a él le parezcan justas. Entonces, ¿qué se necesita? Se necesita tener un poco de todo, por supuesto, de humanidad, de sensibilidad, de congruencia, de respeto, y me parece que ser juez es una tarea de lo más importante, porque tienes la capacidad de decidir algo que afecta la vida del otro. Pocas veces hay profesiones que tienen esos alcances”.

¿Cree que a usted lo definirían las palabras esfuerzo, dedicación?

“No quiero sonar mal, pero sí. Puedo decir que la virtud de que mis padres hayan sido gente de esfuerzo y me lo hayan transmitido, sí. Mi primer coche me lo compré a los mil y un pagos, e igualmente mi primera casa, cuando ganamos un asunto, como decía yo, el de los correos electrónicos, que fue creatividad pura, pero nunca olvido todo lo que atravesamos por eso. Nunca olvido el haber disfrutado haber sido abogado de recuperación de cartera, hasta abogado de transnacionales y creo que eso es lo que te va formando, porque llegar a tareas de alta responsabilidad sin haber transitado por los pasillos de mayor dificultad, híjole, creo que lo deja a uno miope”.

Construyó desde cero.

“Sí, por supuesto, empieza uno a construir, incluso, como lo decía, trato de ser muy cuidadoso, entre esta responsabilidad, y sobre todo, en mandar un mensaje a las nuevas generaciones: Primero, sí se puede, si quieres, puedes. La verdad es que México, a mí me queda claro que es un país de oportunidades, y más allá de hablar de nuestras penurias, por las que habremos atravesado, creo que hay que darle a la juventud la primera herramienta que es el hambre de crecer y de ser, el respeto a los demás, y dos, el impulso de que sí se puede”.

Me parece un hombre animoso, ¿no fue nada más para la entrevista?

“La verdad es que algo que también creo que es valioso es escuchar y ver a los viejos. La observación te enseña más que muchas cosas, y siempre tuve clara la idea de que hay gente que envejece desde muy joven y lo dice su rostro, lo dice su actitud, y por ende su vida, pero a la gente que uno admira, por lo menos en mi caso, gente de edad muy avanzada, tienen unas actitudes que ya las quisiera uno, y que saben que están pasando por momentos difíciles, pero tienen la actitud. Regala esa alegría, como antes decíamos, te encuentras a alguien en el pasillo y le dices: ‘Hola, cómo estás’. Y te dice: ‘Del carajo’. Te da hasta pena. Ya hasta después te arrepientes: ‘Para qué le pregunté’”.

“Un amigo me enseñó hace tiempo, bueno no me lo enseñó, fue con el ejemplo, llegaba yo a verlo, lo veía que estaba siempre en muchas complicaciones. Le decía: ‘Cómo estás, mi querido Ernesto’. Y me decía: ‘A todo dar, con el gusto de saludarte. ¿Tú cómo estás?’. Y yo decía: ‘Este es político, porque yo sé que no está a todo dar’. Pero lo ves que lo hace con esa energía. Y es cierto, si saludas a alguien, lo menos que se espera esa persona es que le avientes todos tus problemas, ¿no? Si te dicen: ‘Cómo estás.’ Respondes: ‘Muy bien, un gusto saludarte’. Creo que la actitud te da esa juventud, te da la posibilidad de construir, sobre todo de disfrutar, porque no sabemos hasta cuándo vamos a estar acá”.