Como parte de las actividades académicas que evalúan la situación climática en América Latina y el mundo, la IBERO Puebla, a través del Departamento de Ciencias Sociales y el Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente Xavier Gorostiaga (IIMA), S.J., recibió a Mauricio López Oropeza, secretario ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica.

En su conferencia Amazonía. Claves para sanar un mundo roto, el Secretario recordó sus primeras experiencias con la Amazonía como una maravilla de la Creación, “aquello que es presencia de misterio y que está en una profunda crisis”, dijo. Habló de la existencia de diferentes Amazonías, las cuales se encuentran en los pueblos originarios de México y América Latina.

Habló de la importancia de identificar y recuperar la capacidad de admiración para reforzar el aprecio por la Casa Común. “Los pueblos originarios nos llaman a buscar el misterio. ¿Cuáles son nuestras raíces?”, reflexionó.

López Oropeza denunció que las políticas públicas han promovido el deterioro de áreas naturales. “Nuestra Casa Común está, literalmente, en llamas”. Señaló que la dependencia a los recursos naturales primarios nos lleva a límites irreversibles.

Al hablar sobre los pueblos originarios, recalcó que existen conductas de despojo hacia territorios que ya han sido establecidos de manera política y social. A su vez, se busca adaptarles a los estándares de vida de las ciudades occidentales.

El integrante de la Red Eclesial Panamazónica aludió a las enseñanzas del Papa Francisco a través de la encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la Casa Común. Uno de los principios establecidos tiene que ver con la modificación individual de los hábitos de consumo, proponiendo “un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco.”

Recordó que el bioma del Amazonas está integrado por nueve países, recalcando este término para demostrar que la flora y la fauna son organismos autónomos. Demostró que el planeta entero obtiene recursos primarios de dicho bioma. Además, enfatizó que la población amazónica es de aproximadamente 33 millones de personas pertenecientes a grupos urbanos, rurales, indígenas y culturas no contactadas.

Durante el desenlace de su intervención, recuperó la importancia de complejizar las vías de solución a través del estudio profundo y con discernimiento de las identidades involucradas. “No podemos mantenernos neutrales ante la injusticia”, cerró.

Como parte de un foro abierto a testimonios y experiencias situadas en el contexto mexicano, el Mons. José de Jesús González Hernández, responsable pastoral de Pueblos Originarios y Afromexicanos, reconoció la hermandad con la comunidad Panamazónica. “Estas enseñanzas son luces para nuestra pastoral”, comentó.

Por su parte, Margarita, del Grupo Guardianes de las Semillas de Yucatán, denunció que el párroco de su comunidad no la reconoce, pues tuvo influencia de la teología india-tarahumara. Lo mismo ocurre con las autoridades nacionales, quienes no reconocen a su comunidad, de origen maya, como indígena, a diferencia de las instancias internacionales que sí lo hacen.

Señaló que su comunidad trabaja bajo los principios de Francisco de Asís, los cuales contemplan una producción y consumo reducidos. “Queremos seguir transmitiendo este conocimiento a las nuevas generaciones, sobre todo el valor del respeto, aunque siempre remamos contracorriente.” Hizo un llamado a abrir el corazón y el entendimiento para comprender que no necesitamos mucho.

Finalmente, Miguel Cruz, egresado de la IBERO Puebla, destacó que, durante el Sínodo Amazónico en el que participó junto a Mauricio López, se construyó una comunidad cuyo eje rector era el encuentro con el Otro. “Los cuestionamientos nos acercan, nos llevan a ese encuentro”, dijo. Con esa perspectiva, lanzó un llamado a construir sociedades incluyentes y plurales.