A nueve días del arranque del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi), la promesa lopezobradorista para mejorar al Seguro Popular se topa en Puebla con la falta de espacios en hospitales, escasez de medicamentos y excesiva burocracia.

A las afueras de los hospitales General del Sur y de la Mujer, dos de los inmuebles principales de ambos programas de gobierno en el estado, familiares de pacientes coinciden en los mismos conflictos.

Vueltas de nosocomio a nosocomio por falta de camas, cesáreas retrasadas por incubadoras insuficientes, el no saber qué pasará ahora que no existen las pólizas que los identificaban y el tener que comprar hasta el suero para las carnalizaciones más básicas, son parte de su calvario.

Sin cama y hasta atracados

En menos de 24 horas la familia Xochitlatua, originaria de San Pedro Cholula, enfrentó trabas en la búsqueda de atención para la insuficiencia renal de su matriarca.

Primero sus familiares intentaron internarla el miércoles en el Hospital General de Cholula, pero ahí les dijeron que debieron apartar cama con una llamada telefónica previa, que le buscaran en otro nosocomio y que por favor se retiraran porque afectaban las actividades del personal médico.

Sólo estuvieron en la zona de Ciudad Judicial una media hora, pero ese tiempo bastó para que además les robaran una camioneta con valor aproximado de 85 mil pesos en la que se trasladaban y que servía a la familia para salir adelante en las actividades del campo que les dan de comer.

"Fue en cuestión de cinco minutos que nos distrajimos y a una distancia de 300 metros, fue el tiempo que nos dilatamos y nos la robaron", lamentó Nicolás Xochitlatua, hijo de la paciente.

Sin contar lo que le costó levantar la denuncia por robo, los traslados y los alimentos, hacia la tarde de este jueves ya se les habían ido más de 700 pesos en sueros y jeringas requeridos por los médicos.

Van una semana de gastos en espera de cesárea

Para Angélica Montes, originaria de la zona de Río Frío, la insuficiencia se reflejó en las incubadoras que su nieto sietemesino necesita desde el viernes en que su hija se puso mal.

Hacia las 15:00 horas de hoy parecía que por fin podrían realizarle la cesárea, mientras tanto su familia ha tenido que dormir cinco días en la calle, escatimar en gastos y depender tanto de la buena caridad de donadores como del ánimo voluble del personal de seguridad privada que cuida el acceso a los hospitales.

Los primeros pasan por la tarde y les regalan alimentos preparados y garrafones de agua de sabor que administran en raciones. Los segundos les dejaron entrar los primeros días para ocupar el baño, pero luego, les cerraron las puertas.

"Con todo preferimos quedarnos aquí y aguantarle hasta que nos digan que está todo bien porque es mi niña", dijo la madre de la paciente embarazada, quien regularmente trabaja en la limpieza de casas particulares.

Por esa necesidad básica empieza la lista de gastos de los Montes y otros tres familiares. Cada ida a alguno de los sanitarios que se alquilan en la Unidad Habitacional de Agua Santa sale en 5 pesos y por lo menos multiplican cuatro accesos diarios por persona.

Además deben comer y aunque la caridad ayuda, no es suficiente. Ayer por ejemplo se gastaron casi 200 pesos para consumir tacos de jamón a lo largo del día y esa fue la alternativa más económica que encontraron.

Las cargas de celular son otro mercado al que se saca provecho entre deficiencias que hay en torno al Insabi. En quioscos al interior del nosocomio cobran 10 pesos por hora. Con su casa a más de hora y media de recorrido, Montes también ha tenido que pagar por mantener la comunicación.

Pasan preocupaciones por medicamentos y papeleos

Con su hija pequeña internada desde el lunes por neumonía, el campesino de San Andrés Azumiatla, Sabás Vargas, ha enfrentado por otro lado la falta de medicamentos y los nuevos papeleos del Insabi.

Entre el pago de medicamentos con los que no cuenta el hospital a cargo de la Secretaría de Salud estatal ya se le fueron mil 500 pesos. Estos gastos, agrega, ya los había vivido con otros familiares cuando existía el Seguro Popular.

Con su extinción se encontró en cambio, con que la póliza de su hija ya no vale para nada y que requiere la Clave Única de Registro de Población (CURP) que ya tramitó pero le entregan en los próximos días.

"Ahorita la que me preocupa es eso, ver qué no me la hagan de emoción, porque su acta la tengo, pero el CURP me lo dan hasta el 17", dijo.

La tensión por la incertidumbre de cómo opera el nuevo instituto se refleja también en las trabas para levantar testimonios periodísticos de afectados, como se observó está tarde en que el personal de seguridad privada pidió a reporteros del Sol de Puebla, retirarse de los accesos donde hacían entrevistas.