Por lo visto en sus elecciones internas, anuladas por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), a pesar de ser el partido más joven de México no se ha blindado de viejas prácticas partidistas como carecer de padrón de militantes confiable, denuncias de acarreo, uso de programas sociales e injerencia ilegal de funcionarios públicos.

En ese contexto estalló el pleito legal y político entre dos grupos del CEN: uno afín a la secretaria general en funciones de presidenta, Yeidckol Polevnsky, con ocho carteras, y otra a Bertha Luján, presidenta del Consejo Nacional, con siete secretarios, señala una información el diario El Universal.

El conflicto tendrá que ser resuelto en 2020 junto con la elección de nuevos liderazgos nacionales, estatales y municipales, pues el 20 de noviembre era el plazo para su renovación, y al anularse el proceso interno entró en automático la prórroga de mandato para todos los cuadros dirigentes.

“Esta no es la crisis de un partido, sino los conflictos que se generan cuando una organización se quiere convertir en un partido. Son varios movimientos de líderes que se juntaron para ganar la presidencia con López Obrador y una vez que lo logran no saben qué hacer, dice en entrevista para El Universal, el  politólogo Luis Carlos Ugalde, expresidente del Instituto Federal Electoral (IFE).

Ser partido requiere procesos democráticos, disciplina, capacidad de negociación y no los tienen, “son un coctel de incongruencias internas, porque congregan a gente de la izquierda ideológica, a evangelistas, a expriistas(...) esa diversidad genera que no haya cohesión”, dice Ugalde.

Según Isidro Cisneros, profesor e investigador de la Facultad de Estudios Latinoamericanos (Flacso) y expresidente del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), Morena está en transición entre un movimiento originalmente surgido para capitalizar el descontento social, y un partido que no logra serlo.

Agrega que es una mezcla de organizaciones y ciudadanos con una estructura vinculada al Estado, cuya finalidad es el clientelismo político para ganar elecciones, estima.

Morena y los servidores de la nación, por ejemplo, son “un miniejército que está a disposición del Presidente para realizar una permanente e ilegal promoción personalizada de él y sus candidatos”, asegura.

Cisneros considera que “el éxito de uno [el gobierno] también es el éxito del otro [el partido] y la evaluación de la administración es pésima, mediocre, entonces, vemos que las ambivalencias e incoherencias de la política pública se observan en el partido en el poder”, y éste seguirá a la deriva.

Foto Agencia Enfoque